Lanata enojado, Clarín y la obediencia debida
Se enojó Lanata. Suena el alerta en el Monopolio, sus empleados acuden raudos a los teléfonos para contactar al periodista indignado y disculparse. Es que saben del esfuerzo que está haciendo Jorge desde hace años en su programa en Radio Mitre, aquella que él mismo dijo que había sido adquirida de forma ilegal pero donde ahora escupe bilis todas las mañanas. También saben del show que monta los domingos a la noche en Canal 13, ese espacio del aire televisivo que el mismo Jorge había dicho alguna vez que Clarín había obtenido del menemismo. Los empleados del Monopolio saben de esto, saben cómo debe sentirse Lanata de frustrado cuando da lo mejor (o lo peor) de sí para generar temor, odio y confusión en los ciudadanos que lo ven y escuchan. Y los políticos opositores desaprovechan ese caldo de cultivo parasitario porque tienen la incapacidad de capitalizarlo políticamente.
Entonces Lanata estalla un día, como el Vesubio, y dice que “La oposición no junta un balde de bosta”. Le grita al micrófono de Mitre que “Macri, Scioli, Massa, Altamira, Binner, Carrió no sirven para una mierda, están de espectadores y ni siquiera tienen buenos tickets, porque ni siquiera tienen la primera fila, están en la loma del orto aplaudiendo cómo los demás hacen algo”, afirma Jorge, iracundo.
Luego, Hermes Binner, líder extraño de un aun más extraño socialismo, lo llama para disculparse y le dice que “Se entiende”, el enojo del periodista y que “es lógico” que opine así, brindándole a Lanata una amorosa contención, sobre todo cuando acaban de decirle que no sirve “para una mierda”. Conmovedor.
También nos toca el alma Ernesto Sanz, precandidato a presidente por el radicalismo o por UNEN, o por donde se vaya a poder. Aun cuando ni siquiera fue considerado por el periodista para ocupar su pequeño espacio en esos escasos 200 gramos de bosta, aun así, llama para disculparse. “Está bien” que Lanata se enoje y piense así, según Sanz, que debía anhelar un lugarcito en el balde feo, malo e inútil. Así le dijo: está bien, le dio la razón.
No sé cuántos empleados del mes puede haber en una empresa, pero en Clarín deberán ser muy selectivos si quieren quedarse con sólo uno de ellos. Aunque el no nombrado Sanz avanzó un casillero más en ese juego de Oca idiota en el que compite con el ex gobernador de Santa Fe: “Muchas de esas cosas se van a derogar el primer día que hay un nuevo gobierno”, afirmó. Por “cosas” se refiere a las leyes votadas en democracia por las dos Cámaras del Poder Legislativo que representan al pueblo que votó a diputados y senadores para que ocupen las bancas. Ahí se jugó un pleno, porque en Clarín no necesitan leer entre líneas para saber de qué habla Ernestito, porque se refiere a la Ley de Medios, entre otros logros del Kirchnerismo.
Pero, después, el único ¿socialista? del mundo que votaría por Capriles, le dijo a Jorge: “Fíjese que ahí hay una serie de leyes que se han aprobado, la verdad es que nosotros hemos votado negativamente y lo tenemos allí en cartelera para derogarlas, ¿no?”, y no sólo se estaba disculpando con un periodista que levanta la bandera de la oposición al Kirchnerismo, no sólo estaba intentando una justificación pueril, sino que le estaba diciendo al monopolio que él también forma parte del séquito mezquino de políticos que cuando Clarín dice que hay que saltar, ellos preguntan qué tan alto. Le empató la jugarreta a Sanz. Falta que se escuden en la Obediencia debida. Por suerte, hace más de diez años Néstor Kirchner anuló esa ley.
