Los movileros de Smallville
“Hagamos un programa de radio”, dicen cuatro o cinco chicos egresados de una academia de periodismo de Smallville, reunidos en una pizzería para recordar los momentos vividos en las aulas. Instruídos más en la idea del “hacer” que en cómo se financia y como se sostiene, la aventura toma un curso. Como en un juego de niños se reparten roles: “Yo hago actualidad, política, esas cositas”, dice uno. “Yo hago deportes”, reclama otro “Yo, espectáculos, o lo que sucede en el Bailando, que es lo mismo”, dice alguien. “¡Y yo, soy movilero!”, irrumpe uno de ellos, previendo ser el ojo de la radio en todos los hechos turbios de la ciudad.
En la escuela de periodismo de Smallville, que es sucursal de la que está en Metrópolis, les enseñan los esquemas de programas de las ciudades grandes como Metrópolis. Pero en Smallville, las cosas no son iguales. El pueblo no es muy grande, no ocurren muchas cosas, y las que ocurren son más patéticas que dramáticas o dramatizables. Esas, las dramatizables, las grandes, pasan derecho a los medios de Metrópolis y en Smallville sólo pueden darles una cálida despedida.
Pero no está mal que un programa de radio de Smallville tenga un móvil. Es una gran oportunidad para generar, desde un pueblo o ciudad chica, un arquetipo diferente, acomodado a la genuina realidad del pueblo.
Ahora bien, en Metrópolis, los movileros cumplen la función de cubrir los pormenores de la noticia central, conseguir datos adicionales, darle importancia a una noticia que al medio le interesa resaltar, darle visibilidad a algo que ocurrió, ilustrar con datos muchas veces ociosos y mostrar como una noticia, o las consecuencias de la misma, se viene desarrollando.
Se dice que cuando un medio de Metrópolis quiere decir que “reina la inseguridad”, pone móviles todo el día con un hecho sangriento que haya sucedido e instala la idea de que la muerte de cada ciudadano es sólo cuestión de tiempo, que alguien ya disparó la bala que nos va a matar.
Al mismo tiempo, si el medio de Metrópolis hace muchas notas previas a un evento como un cacerolazo o el cumpleaños de quince de la hija de un famoso, es posible que esté fomentando que la gente concurra o le parezca importante.
Es decir, que cuando de un hecho de inseguridad se habla todo el día, se refuerza la idea de que todo lo que ocurre es eso. Y que el medio que lo difunde está interesado en hacer notar que eso es lo único que ocurre.
En Smallville, no sucede casi nada. Al menos en la escala de los valores que sostiene la radio o canal de Metrópolis. El movilero actúa en horarios de oficina, por lo que los asesinatos nocturnos y de fin de semana quedan sin cubrir, como las noticias que están en curso. Es decir, si una toma de rehenes no termina antes de que culmine el turno del movilero, su desenlace no se verá o escuchará por ese medio. Siempre está “el movilero de experiencia”, que falla más que un principiante, pero como lo ha hecho durante años, tiene el título de “experimentado”. Este tipo es el que advierte primero sobre qué cosas hay que cubrir. Seguramente pertenece al medio grande de Smallville y es funcional a las cosas que sus patrones han transado.
El movilero raso no tiene auto, ni moto. Tampoco lo tiene el programa para el que trabaja, cuyo espacio pagan entre los amigos. Entonces se cubre lo que ocurre en la alcaldía de Smallville y dos o tres cuadras alrededor. Pero en la alcaldía no siempre suceden cosas relevantes, y el movilero termina cubriendo los choques que en toda ciudad ocurren. Algunos son fuertes y con heridos, y hubieran merecido una cobertura periodística en cualquier parte del mundo. Otros, son curiosidades. “Color”, como se dice en las redacciones. Por ejemplo, un señor que perdió el control de su vehículo y se subió a una plaza. Y otros son los típicos roces, rotura de faros, abolladura de puertas que no merecen cobertura alguna.
Pero el movilero de Smalville va a poner a todos en la categoría de “el choque nuestro de cada día”. Le pregunta a los vecinos, que siempre dicen que “en esta esquina andan como locos” y recuerdan choques parecidos sucedidos en 1954. Multiplicado por los otros movileros de Smalville que van en el mismo colectivo a cubrir el mismo choque, en pocos días tenemos, así como ocurre en Metrópolis con la inseguridad, que “lo único que ocurre” en Smalville son los choques, y que en cualquier momento nos va a ocurrir a todos.
Andando por la calle, el movilero puede observar que durante la noche se perpetran robos a comercios. Entonces cubre esos hechos a la mañana siguiente y dándoles un carácter de “saga”, y a cada comerciante le pregunta “¿Ahora le tocó a usted?” No se pregunta porqué en un pueblo considerado “inseguro” los comerciantes sólo median entre el asaltante y la valiosa mercadería, un miserable vidrio que se rompe con un piedrazo. No se consulta porqué, cuando se va a hacer la nota, el comerciante “todavía no hizo la denuncia” y seguro que al día siguiente tampoco la habrá hecho. Todo muy por arribita, así que…
Tenemos que en Smallville suceden dos cosas: choques y robos
Y adosada a la noticia de los choques, el movilero de Smallville advierte que eventualmente “no andan los semáforos”. Entonces, el encargado en la alcaldía de reparar los semáforos le avisa al movilero que ya repararon tal o cual aparato. En parte para quedar bien con su jefe, el alcalde. También invita al movilero a la inauguración de semáforos nuevos. Otros funcionarios descubren que de esa manera pueden dar a conocer que no están en su función para pasarse enérgica y reiteradamente las uñas por sus partes pudendas. Entonces llaman al movilero a cuanto cantero, teléfono, senda peatonal, cartel, alumbrado, caño, etc acaban de instalar. También le avisan al movilero sobre calles que se van a cortar, empleados de la alcaldía que harán paros, reparticiones que no abren por desinfección , salas de salud que no tienen turnos y que se suspendió el “solteros contra casados” de cierta repartición. En poco tiempo, el movilero es el house organ de la alcaldía de Smalville. Y gratis.
El movilero llama a su madre y le cuenta “lo bien que le está yendo”.
Y para colmo, el alcalde invita a los movileros de Smalville a inauguraciones que refuerzan su imagen ante las próximas elecciones. Sabemos que el movilero no tiene auto y tiene que estar en media hora en la inauguración y un rato mas tarde, cubriendo los demás choques. Entonces, nunca falta el funcionario gentil que lleva en su propio auto al movilero hasta la planta de incendiado de neumáticos usados de Smallville, donde van a inaugurar una nueva fogata.
Listo: además de sólo haber choques y robos a comercios en Smallville, los funcionarios también son macanudos.
Y el combo está listo. Todo lo que sucede en Smallville son choques, robos a comercios e inauguraciones y cosas bellas que hacen las autoridades.
Tal vez el periodismo era otra cosa.
Hay periodistas que sostienen que no tienen un espíritu confrontativo y que no les parece que la profesión sea algo más que trabajar para ganar un sueldo a fin de mes, igual que un agrimensor o un bancario.
Pero no eligieron ser agrimensores o bancarios, sino una profesión donde a veces, algunos peces gordos se enojan.
Tal vez era una oportunidad de mostrar cómo la pasan los que viven a mas de tres cuadras de la alcaldía, cómo viven los que quedaron afuera del agrado comunal, pintar la realidad social, mostrar a los que quedaron debajo del orden que alguien estableció. Pero sin sensacionalismos ni chicanas. Mostrar, nada más que eso. Contar que la vida no son semáforos, choques y robos a negocios con una buena póliza de seguro.
Era la oportunidad de mostrarnos cómo era Smallville. No de cuán Metrópolis se está poniendo Smallville.
Eso.
