La memoria de una mujer y dos partos clandestinos en Campo de Mayo
La obstetra Nélida Elena Balaris declaró hoy en el juicio por la maternidad clandestina durante la dictadura. Del primer parto dijo que la mujer tenía “los ojos vendados y estaba con custodia”. Del segundo, recordó que discutió con sus superiores: “Me dijeron que fuera a la cárcel y dije que no correspondía, que para eso estaban los médicos militares”, detalló.
Dos partos están grabados en la memoria de Nélida Elena Balaris, una obstetra de 72 años. “A mí edad son una mochila muy pesada que llevo. A medida que pasan los años es cada vez peor”, contó hoy frente a un tribunal. Ambos partos ocurrieron en la clandestinidad, durante la última dictadura cívico-militar y por ellos también declaró ante la Comisión Nacional por la Desaparición de Personas (CONADEP) cuando volvió la democracia.
Balaris declaró en el juicio oral y público por los crímenes de la maternidad clandestina del Hospital Militar de Campo de Mayo, durante la última dictadura. Se realiza ante el Tribunal Oral Federal Nº 6 que, en 2012, sentenció que hubo un plan sistemático de apropiación de bebés. Después de la mujer, dieron su testimonio el enfermero y radiólogo, Jorge Luis Eposto, el médico Ernesto Abel Fridman, y la enfermera, Ramona del Huerto Sensenaro. La última testigo del día, Lucía Cartasegna, fue relevada porque su testimonio podía auto-incriminarla.
En la causa están imputados el dictador Reynaldo Bignone y Santiago Riveros, responsables de la zona; los médicos militares Norberto Bianco y Raúl Eugenio Martín y la obstetra Yolanda Arroche de Sala García. La mujer reconoció, en un juicio anterior, haber atendido partos de mujeres en cautiverio en el marco del plan sistemático de apropiación de bebés.
Sobre el primero de los dos partos, Balaris contó que le llamó la atención ver que la mujer “era llamativamente canosa y no emitió ningún sonido, no se quejó, ni nada. Tenía los ojos vendados y estaba con custodia”, contó. La parturienta estaba en la sala de Epidemiología, a la que le decían “el fondo”, contó, sobre el pabellón donde había detenidas-desaparecida en el Hospital Militar de Campo de Mayo.
“Tenía los ojos vendados con gasa, estaba acostada en la cama, que tenía la cabecera contra un ventanal tapado o las persianas cerradas. La iluminación era artificial”, reconstruyó ante las preguntas de la fiscalía y la querella a cargo de Alan Iud, representante de Abuelas de Plaza de Mayo. En su esfuerzo por describir a esa mujer dijo que creía que tenía alrededor de 40 o 41 años. No recordó si el bebé que nació fue nene o nena. Después de ese momento Balaris no volvió a ver a la mujer, ni al bebé.
Luego habló sobre el segundo parto. “Es el más doloroso de todos”, dijo y se quebró por un segundo. “Por él tuve una discusión tremenda con Caseroto (jefe del servicio de Obstetricia, ya fallecido) y Di Benedetto (director del hospital)”, relató. Esperó un segundo y siguió. “Me dijeron que fuera a la cárcel y yo dije que no, que no correspondía, que para eso estaban los médicos militares”, detalló, con vehemencia. Caseroto le dijo que la orden la había dado Di Benedetto y que tenía que ir. “Me mandaron con una enfermera y con un traumatólogo, que estaba muerto de miedo. Nos metieron en una ambulancia y nos llevaron”.
Cuando llegó a la cárcel había una mujer joven, que Balaris estimó que tendría alrededor de 30 años o quizás menos. Era rubia, de tez clara y tenía los ojos vendados. Estaba en pleno proceso de parto. “Estaba en un estado expulsivo, había que atenderla ahí”. El bebé fue varón y el frío que hacia ese día hizo que Balaris tuviera que pedir permiso para que le dejaran poner el bebé sobre el abdomen de la mamá, “para mantenerle el calor”. Después de eso la llevaron de vuelta al Hospital. Ahí tuvo una crisis y discutió fuerte con Caseroto por las condiciones en que se había dado el parto. “Le dije de todo menos lindo”, dijo.
El cruce se repetiría tras el retorno a la democracia. “Fui a declarar voluntariamente ante la CONADEP, nos había citado el doctor Raúl Alfonsín”. Balaris fue con otras obstetras y algunas médicas, pero antes tuvo una reunión con Caseroto, Di Benedetto y “otros personajes, que nos interrogaron de por qué queríamos ir a declarar”. En esa reunión, Balaris fue amenazada por Caseroto: “Me dijo que iba a ver crecer las margaritas desde abajo”, contó y agregó: “Yo le respondí que no iba a necesitar un litro de vino para poder dormir”.
