Los adversarios
El Kirchnerismo siempre eligió a sus enemigos. Siempre colocó adversarios contra quienes disputar política e ideológicamente. A veces, los buscó hasta que los encontró, como Clarín, la Ley de Medios Audiovisuales, la batalla con los medios que aún continúa. Otras veces llegaron solos y el gobierno capitalizó la oportunidad, como sucedió con los sectores económicos concentrados del Campo, allá por el 2008. Esa es una forma de construcción y acumulación política. Una muy difícil, compleja, que no cualquiera puede llevar adelante con éxito durante tanto tiempo. De hecho, nadie lo había hecho así hasta la llegada del Kirchnerismo en 2003.
La oposición o, mejor dicho, los diferentes grupos opositores que se han ido sucediendo uno a otros, armando y desarmándose en estos más de once años de gobierno, no acertaron nunca a producir políticas que se contrastaran con las grandes batallas que dio el Kirchnerismo y sólo atinaron desde hace años a apelar a la lógica incipiente del fin de ciclo, que no se estaría dando, como vemos. Y llamamos grandes batallas a dos que ya nombramos más arriba, como la disputada contra los grandes grupos económicos del Campo, iniciada con la famosa 125, así como también a la pulseada permanente contra el Grupo Clarín y otros medios hegemónicos.
Pero ahora surge un nuevo adversario, uno que, quizá, no fue elegido por el gobierno, pero contra quien no va a esconderse en la trinchera, ni mucho menos, primero porque no lo hizo nunca, contra nada ni nadie y, segundo, porque también puede capitalizarse política e ideológicamente esta batalla.
Y esta es probablemente la más grande disputada dada hasta ahora, cualitativamente hablando. La que excede a la política y a la economía doméstica, la que apunta a cambiar la historia, pero no sólo la propia (la fallida 125 y la Ley de Medios, por ejemplo, también cambiaron nuestra historia), sino la de todos los países en desarrollo. Es la batalla contra los Fondos Buitres.
Ya hemos escrito en esta columna sobre este tema, comentando y opinando sobre los avances y retrocesos que las gestiones del gobierno han obtenido, pero ya es tiempo de ubicar esta causa en el exacto lugar que tiene que es, justamente, el que el Kirchnerismo quiere darle: el de batalla épica. Aquí se decide donde se para cada uno, acá se dejan en evidencia los intereses individuales y colectivos de los políticos y los economistas del país. No hay lugar para los tibios, como nunca lo hubo en las otras disputas que marcaron hitos en el proceso de gobierno kirchnerista.
Este será, sin dudas, uno de los ejes que impulse el candidato de Cristina que, me arriesgo, va a existir y no será el Gobernador de Buenos Aires. Este será el filtro por donde se tamicen todas las ideas fuerza de aquí en adelante. La lucha contra los Fondos Buitres llegó para instalarse como una causa nacional. Esta pulseada obligará a posicionarse a los que aun no lo han hecho, forzará tomar decisiones: o se elegirá por la patria y sus intereses que son de todos, o se elegirá por las corporaciones y sus intereses, que son de pocos. Siempre se planteó esta dicotomía y ha funcionado con anterioridad y esta vez también será el colchón ideológico que impulse una nueva campaña electoral. Será la cruz en el escenario político donde se aposentará la estrategia kirchnerista, que ubicará uno a uno, a los de un lado y a los del otro. Patria o Buitres, porque en la vida siempre hay que elegir.

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