Señalar y silenciar al que opina diferente
¿Cuándo son malas las amenazas, los aprietes? ¿Depende a quien sean dirigidos? ¿Sólo debemos repudiar estas acciones cobardes cuánto tocan a alguien con quien podemos empatizar en algunas ideas? Las respuestas a estas preguntas se vuelven obvias, espero: siempre. Siempre hay que repudiar a quienes desde la cómoda e indigna cobertura del anonimato efectúan esta clase de intimidaciones. No importa si el objeto de esas prácticas es alguien que nos cae bien, mal, o un desconocido, porque lo que importa es el modo en que intentan amedrentarlo, atacarlo, importa la forma en que buscan silenciar a otros, obturar su accionar mediante el miedo y la amenaza.
Hace días volvieron a amenazar a otro ex integrante del Tribunal de Enjuiciamiento que el jueves 17 repuso en su cargo al fiscal José María Campagnoli. En esta misma columna, hace unas semanas hablábamos de un hecho similar vivido por el fiscal Adolfo Villate (también integrante del Tribunal de enjuiciamiento a Campagnoli), quien junto a su familia sufrió amenazas de muerte, (Llamaron a su casa y preguntaron “Adónde está ese hijo de puta, ese renacuajo que quiere destituir al juez Campagnoli. ¿No tiene miedo de que le peguen un tiro?”). También María Cristina Martínez Córdoba, que integraba el jury y renunció por razones de salud, había recibido amenazas a través de Twitter, donde incluso difundieron su foto y la dirección de su casa. Esta vez le tocó al fiscal Daniel Adler.
Como los jueces y fiscales (incluído desde ya Campagnoli), Adler no nació un día antes del inicio del famoso jury. Adler trabaja en muchas causas relacionadas a los Derechos Humanos, es reconocido por su labor en la lucha contra la Trata de Personas y los Juicios por La Verdad, por poner ejemplos.
Oportunamente, Adolfo Villate había dicho con enojo a La Capital de Rosario: “No sé si usted vio el domingo pasado el programa de (Jorge) Lanata, donde se hicieron acusaciones falsas contra el fiscal Marcelo García Berro. Como a mí no tienen con qué difamarme siguen el camino de las amenazas”. Bueno, parece que el vocero de Clarín que alguna vez nos hizo creer que era un defensor de las causas justas, hizo lo mismo con Adler. Horrible sistema ese, señalar a alguien para que lo agredan y emprendan represalias en su contra. Muy de otra época, de un tiempo oscuro de botas sin votos.
A Adler le arrojaron volantes en la puerta de su casa en Mar del Plata y en los Tribunales que decían “Adler fiscal Korrupto”, “Defensor de corruptos”, “Verdugo de Campagnoli”. Y como si esta cobardía no fuera suficiente, también agredieron a su hija a la salida de la escuela.
Seguro ustedes han visto y leído, como yo, a muchos rasgarse las vestiduras a favor de Campagnoli, algunos lo siguen por la calle, le escriben cartelitos de apoyo que quizá enrollarían y guardarían para siempre si conocieran en profundidad la calidad del trabajo de este fiscal. Pero no los vi reclamando por Villate, por Martínez Córdoba o por Adler. Se les acabó el caudal de indignación allí. Entonces, ¿por qué a unos si y a otros no? Quines practican este oscurantismo dictatorial del amedrentamiento, del apriete anónimo, del intento de desacreditar mediante calumnias, de operar desde las sombras para ocultar así sus identidades y poder atentar contra la libertad de los demás, son seres despreciables. Agredan a quien agredan, no importa si piensa como yo o no. Lo que importa es que no debemos permitir que un operador político marque con su desde su programa de televisión o de radio a quien esta semana le toca sufrir los arrebatos de la infamia. Astíz también marcaba gente, fingiendo ser otra cosa, y la comparación no queda grande, porque la práctica es la misma, sólo han cambiado los escenarios, ahora con la democracia no se puede desaparecer a quien piensa diferente (aunque Arruga me pone el dedo en el renglón en este momento y elijo no hacerme la tonta). Pero hacen todo lo que en esta época pueden, como meter miedo, atacar a los hijos de quienes consideran enemigos, usar el anonimato como refugio perverso. Por eso, para estos impunes que quizá hayan cambiado de nombre propio y modificado algunas prácticas, el objetivo sigue siendo el mismo: sembrar la sospecha, hacer vivir con temor y silenciar. Señalar y silenciar al que opina diferente. Eso sigue igual.

RT @24baires: [OPINIÓN] Señalar y silenciar al que opina diferente http://t.co/Fo1ij5e9WB por @MajoSanchez82
RT @24baires: [OPINIÓN] Señalar y silenciar al que opina diferente http://t.co/Fo1ij5e9WB por @MajoSanchez82
«Señalar y silenciar al que opina diferente» http://t.co/H1mxwn2izQ mi nota de opinión para @24baires
Señalar y silenciar al que opina diferente http://t.co/8e4kvds8ny vía @24baires