El arrollador peso de la verdad

vilma baragiolaHace semanas que tenía que escribir sobre este tema en esta columna de opinión que contiene mis pensamientos dos veces por semana. Y esto que leen no es manifiesto político partidario, ni mucho menos, es, apenas, una opinión. No es que no escribí por falta de ideas, información o ganas, sino porque esperaba algunas acciones o gestos que no llegaron, esperaba otras actitudes y me cansé de esperar. Lo cierto es que esperaba que no hubiera pasado, pero, sabemos, esas cosas son imposibles, porque la verdad termina siendo la única realidad de la que disponemos.

Y no hubo explicaciones, y todo se agravó en el Concejo Deliberante de General Pueyrredon. Quienes pusieron en crisis la institucionalidad del cuerpo, es decir, su Presidenta, Vilma Baragiola, su secretario, Antonio Costantino y un asesor, Emiliano Mensor, son miembros de la UCR y, junto al partido centenario, hicieron todo lo que estuvo a su alcance para agudizar las dificultades en las que ellos mismos se colocaron y nos colocaron al ir a visitar al Sindicato de Camioneros con un expediente en tratamiento bajo el brazo, y solicitar trocar la aprobación del mismo a cambio de favores económicos y políticos.

Quizá, si no se hubiera difundido un video, (lo que comúnmente denominamos cámara oculta), ni nos hubiéramos enterado de la forma displicente en la que se tratan y negocian los votos de algunos.

Ahora, poniendo en claro algunas cosas. La corrupción existe y no la inventaron estas tres personas. Pero que otros lo hagan no justifica ningún accionar, al contrario, apenas los coloca en la infame lista de funcionarios y políticos corrompidos. Y al conocer a algunos de ellos, debo decir, fuera de toda pose, que escribo esto triste y con dolor. Es penoso ver como el potencial y la confianza se van cuesta abajo, arrollados por el peso de la verdad.

Pero lo que más he lamentado en estos días, no es conocer qué hacen algunos y como eligen ejercer sus funciones, sino que se intente naturalizar la práctica de la corrupción como una práctica intrínseca a la política. No. No pueden pretender que quienes elegimos hacer política para transformar la sociedad, para ayudar a los que más necesitan, dejemos pasar esto. La política es la herramienta por excelencia para mejorarle la calidad de vida a los que sufren, a los sectores más postergados. Y cuando escribo que queremos mejorarle la calidad de vida a la gente, no hablo de nosotros mismos y nuestros bolsillos. La política es eso, es esa enorme herramienta, que puede ser usada con el pueblo y en su favor, o aplicada para apretar los engranajes de la maquinaria de la deshonestidad. Porque política es lo que hacen los políticos, y corrupción es lo que hacen los corruptos, quien quiera mezclar esos conceptos en sus acciones que se haga cargo de lo que hace y dice.

Para justificarse han osado decir que todos los políticos de Mar del Plata tenemos las “mismas prácticas”. Han querido licuar sus errores en toda la clase política local. No sé si realmente creen eso o si lo sostienen como estrategia vil, pero estoy en la obligación intelectual de desmentirlos. Pretender hacerle creer a la gente del Partido de General Pueyrredon que todos vivimos en el barro y que por eso estamos todos embarrados, es una intentona pobre y patética, un manotazo de ahogado… en tanto barro.

Yo no empecé a militar en política allá por el difícil 2001 para caerle simpática a nadie, ni para hacer amigos, ni para quedarme con lo que no me corresponde, ni para prostituir la idea que tuve por esos días, que es la misma que me rige hoy, después de todos estos años: la política, la militancia, el trabajo político, es esa herramienta de la que te hablaba más arriba. Lo sigo pensando hoy, mientras escribo esto. El día que deje de pensar y obrar así, me dedico a otra cosa. Y eso es lisa y llanamente ideología: así me enseñaron mi mamá y mis compañeros. Y eso aprendí.

Aun después de manifestar esto, que rubrico cuando y donde sea, sigo lamentando tener que atravesar esta situación y que sea originada justamente por personas a las que les tengo estima. Pero no puedo ocultarme en el silencio cómplice y dejar hacer, dejar que digan que todos los políticos somos iguales, que todos hacemos lo mismo. Porque no es así.

Somos muchos los que no hacemos las cosas de una manera que después no podemos explicar ante los vecinos y los medios.

Pero vivo en una ciudad donde hay un monopolio mediático que protege a quien le conviene en ese momento, ya sean empresarios o políticos. Porque es desde ese monopolio mediático desde donde se digita la política oficial local, aunque suene exagerado. Y genera acuerdos o rupturas según sus intereses. De hecho anteayer mismo en la sesión especial convocada por once concejales, -que no promovieron ninguno de la UCR ni de Acción Marplatense, partido de gobierno, pero asistieron-, para intentar aportar una solución a la grave crisis que se atraviesa, no se logró remover a la presidenta del cuerpo, acusada de graves prácticas, a quien los demás concejales le retiraron su confianza. Ella fue votada por miles de marplatenses y batanenses para que ocupe una banca, pero los concejales la votaron para que presida el cuerpo. Ni siquiera se pudo hacer que volviera a su banca. Ni que dé explicaciones sobre ese horrendo video que la muestra pidiendo colaboraciones, explicando como subestimaba la inteligencia de periodistas y agrediendo a correligionarios de su propio partido. No se pudo porque hay un evidente pacto con el pultismo, amparado por el dueño del monopolio, Aldrey Iglesias, que no quiere perder a sus mejores candidatos: una mano lava a la otra y las dos lavan la cara. Apenas se pudo remover a su secretario, como si eso alcanzara para algo.

Pero bueno, lo único que podemos hacer al respecto es lo que estamos haciendo. Denunciar esto, marcar las diferencias, seguir trabajando con ahínco por lo que creemos, y dando batalla contra quien sea necesario para hacer de Mar del Plata y Batán ciudades con identidad, solidarias, equitativas, democráticas, en crecimiento, con educación y trabajo, lo que significa con igualdad de oportunidades. Porque eso elegimos hacer, porque siempre se puede elegir en la vida. Nada más, nada menos. Y nunca menos que esto.

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