¿Y los indignados?
¿Y los indignados? ¿Dónde están los indignados de la vida que se desgarran las vestiduras ante todo lo que no les gusta o les hace caer mal alguna de sus cuatro comidas diarias? ¿Dónde está ahora reclamando por los derechos de un muchacho golpeado, humillado y atado a dos maderas por policías?
No están, parece que las únicas crucifixiones que los atraen son las de la farándula, en los medios, cuando por la tarde sacan los trapitos de algún famoso de pacotilla al sol. Ahí no se pierden ni un segundo y opinan y elevan sus voces justicieras. ¿Es que no es tema de indignación lo que le corrió a Víctor Robledo? A este joven de 27 años y padre de familia la policía lo secuestró de su casa en Santa Fe, lo metió en una celda veinte horas y luego los efectivos lo trasladaron a Córdoba, donde los golpearon brutalmente y lo crucificaron, sí: lo ataron con cintas a dos tablones de madera y lo dejaron allí durante la fría noche. “Me llevaron de mi casa cuando me levanto a las 7 de la mañana. Habían dicho que yo había forcejeado con alguien a la noche. Nada que ver. Yo estaba con mi familia. Me tuvieron todo el día encerrado. Cuando me largan y se cagaban de risa. De las 7 de la mañana a las 2 de la mañana me tuvieron encerrado por nada. Ellos mismos me sacaron y me dejaron en ese lugar donde me pegaron”, contó Robledo, muy temeroso todavía. No quiere decir si reconoce o no a los policías que lo vejaron porque tiene miedo por él y su familia.
Pero nadie se rasga las vestiduras por él. Parece que sólo les queda tiempo para preocuparse por un solo pobre en una cruz, porque los nuevos crucificados, estigmatizados, los nuevos apaleados de la sociedad, los abusados por el poder, no tienen lugar ni en las redes sociales, los que se quejan por todo no le dedican ni un post ni un tuit, es mejor subir fotos de animalitos o bebitos ajenos haciendo lindas piruetas o quejarse porque ya es un deporte, y si el ejercicio pierde consistencia se ablanda la indignación permanente.
Con un cartelito que rezaba “No robarás”, colgaron a Robledo. Y lo importante se va a centrar en eso, porque Robledo tiene antecedentes penales en Santa Fe. Entonces, como se lo hicieron a un chorro, ha de estar bien, o al menos no está tan mal como si se lo hubieran hecho a alguno de nosotros, ¿cierto? Cierto.
Total, la mafia policial hace lo que se le canta, extorsiona, viola, mata, desaparece gente y todo queda ahí, porque el objeto de sus salvajadas suelen ser pibes chorros o pibes de villa que se niegan a robar para ellos. Pero tengo una noticia que los dejará helados a todo ellos, a los indignados de cartón: Víctor Robledo tiene los mismos derechos que ustedes y ustedes los mismos que él. Loco, ¿no? Ahora que sabemos eso, agreguemos otro dato aunque ya bastante conocido: la policía maltrata, golpea y abusa de jóvenes todos los días, sean o no culpables de algún delito. Y si alguno de ustedes ha tenido la profana idea de intentar relacionar a la justicia con algo de esto, intercepten ese nefasto pensamiento y guárdenselo en algún bolsillo.
Como con los linchamientos: lapidación pública para el pobre, el diferente, el que se equivocó. Muchos deseosos de tirar la primera piedra. Mucho odio, mucha violencia generada y promovida, pero siempre acusada a otros.

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