Opción por Mugica

mugicaA tiros. Lo mataron a tiros, después de dar misa. Lo mataron porque les molestaba, porque representaba con su voz y sus acciones al pueblo oprimido, a los necesitados de siempre, a los que durante años estaban debajo de la suela de las botas, despreciados por los poderosos. Lo mataron porque en la vida se elige y él eligió a los pobres. Puso el cuerpo, el alma en la que creía y dio todo, hasta lo que no tenía.
Carlos Mugica, el Padre Mugica, el curita de los pobres, llamalo como quieras. Es lo mismo, es el mismo. Es el que se metió en el barro, no para mostrarse sino para embarrarse. Porque los pobres viven ahí. Es el que pasó hambre, no para reclamar algo para sí, sino porque los pobres no comen y él se sacaba la comida de la boca para darla. Él dio la vida por los pobres, no sólo porque murió por sus ideas y, sobre todo, por sus hechos, sino porque entregó su vida, día a día a la causa de los descamisados, de los más desprotegidos, de esos que sufren tanto y sufren siempre. Vivió con plenitud su elección.
Hombres como Carlos Mugica no se entierran, se siembran. Ya hemos sembrado a muchos y van creciendo, de a poco, las flores. No se los entierra en cementerios, ni en camposantos. Nada de eso. Se los siembra en la memoria, se los siembra en el Pueblo. Y ahí viven, ahí arraigan sus ideales, siempre justas, igualitarias, fraternales. Ahí su lucha es ejemplo.
Mugica perteneció a una institución que fue colaboradora de la dictadura, esa que vendría al poco tiempo de su muerte. Pero hubo quienes, dentro de la misma iglesia, se resistieron a la complicidad sinistra porque ellos eran pueblo y era al pueblo al que se perseguía, mataba y hambreaba. Hubo quienes entendieron que su misión no era tener el anillo de oro en un dedo, sino los pies en el barro y el pecho colmado de amor y predispuesto a recibir las balas del odio, que pueden ser de plomo. Hoy también los hay, están en las villas enseñando a leer, dando de comer. No los quieren mucho en las altas esferas santas alejadas por siempre de las bajas, vaya a saber uno por qué.
Mugica vino de una cuna acomodada, cambió todo por los necesitados y por su fe, que era la fe en los necesitados. Ahí él buscaba a Dios. Mugica optó por los pobres.
A tiros quisieron eliminarlo. Pero hoy, cuarenta años después, sabemos que fallaron. Sus disparos cobardes acabaron con su cuerpo, nos quitaron su presencia, su fuerza de trabajo, pero agigantaron aún más su figura humilde y solidaria. A tiros quisieron eliminarlo. Fallaron. Claro, no sabían que las ideas son a prueba de balas.

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