A 40 años de su asesinato, los recuerdos del Padre Mugica

padre mugicaEl sacerdote, quien eligió dejar atrás una condición social privilegiada para abrazar la vocación religiosa al servicio de los pobres, se convertía hace 40 años en un símbolo del compromiso eclesiástico con los sectores populares, al caer asesinado por la organización parapolicial Triple A, que comandaba el entonces ministro de Bienestar Social, José López Rega.

Nacido en el seno de una familia tradicional de Buenos Aires, y bautizado como Carlos Francisco Mugica Echagüe, fue un chico inquieto, enérgico, al que le gustaba jugar al fútbol y tuvo a Racing como la primera gran pasión de su vida.

Vivió durante su infancia en el palacio Ugarteche, en pleno Barrio Norte, pero eso no le impedía escaparse los domingos hacia Avellaneda junto con su amigo Nico para deleitarse con aquel equipo que ganó el tricampeonato en 1949, 50 y 51.

Se ordenó sacerdote en 1954, en la época en la que Juan
Domingo Perón había entrado en un conflicto sin retorno con la jerarquía de la Iglesia Católica, una de las incidencias que fueron determinantes para el derrocamiento del fundador del justicialismo, un año después.

Se unió al movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo; visitó a Perón en su exilio en Madrid y tras charlar largamente con él, entendió que debía volver rápidamente a la Patria para luchar en favor de los humildes desde los preceptos del evangelio.

Volvió a Barrio Norte y se instaló en el altillo de un edificio, desde ese lugar contemplaba la formación de la villa de Retiro.

Era ahí donde este cura joven, locuaz y pintón quiso dar la comunión; organizar actividades; ofrecer talleres; armar campeonatos de fútbol e impulsar una bolsa de trabajo.

Las actividades políticas del cura se multiplican y la jerarquía eclesiástica, harta de sancionarlo, le propone que deje el sacerdocio, algo que Mugica desestima por completo.

“Tengo los días contados. Sé que me van a matar y será López Rega. No me importa, lo único que no quiero que le carguen el crimen a otros”, le confió a su hermano Alejandro.

El sábado 11 de mayo de 1974, tras oficiar misa en la capilla San Francisco Solano, Mugica recibió 14 balazos de parte de un banda dirigida por Rodolfo Eduardo Almirón, un sicario de López Rega.

En 1984, un sujeto llamado Juan Carlos Juncos confesó frente al juez Eduardo Hernández Agramonte, que López Rega le había pagado una suma cercana a los 10.000 dólares para matar “a ese curita que lo perjudicaba políticamente”.

El entierro del padre resultó multitudinario y los habitantes de la villa llevaron a pulso su féretro hasta el cementerio de La Recoleta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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