Catarsis

candeloro2(Por Juan Marco Candeloro*) Mi padre podría haber sido un muerto en dictadura, pero no, es un desaparecido. Yo podría tener un lugar donde llevarle flores, llorarlo, pero no, es un desaparecido. No está ni vivo, ni muerto, es un ente, un desaparecido. Así lo quiso el Juez Pedro Federico Cornelio Hooft que fue absuelto de culpa y cargo y seguirá gozando de sus fueros para así evadir la causa penal que pesa en su contra.

Hooft funciona como un anticoagulante en las heridas de sus víctimas, él no me permite cerrar mi duelo, llorar mis muertos y aunque ya haya superado la desaparición de mi padre, aunque ya no lo espero como cuando era niño y sé que él está muerto, su ausencia física, la falta de una tumba donde ir a verlo, la duda de no saber qué le pasó, donde está, eso será heredado por mi hijo y a su vez por los hijos de mi hijo. La herencia de la duda, la herencia de la muerte, la herencia de un desaparecido, que se transformó en un ente por que un Juez así lo quiso.

Una justicia actual que pierde una oportunidad única de sentar un precedente en materia de derechos humanos, de reparación histórica, de justicia. Un claro mensaje, preocupante por cierto, sobre cómo se resuelven algunas causas vinculadas a los civiles que participaron en el Terrorismo de Estado.

Parte de una justicia que fue y es garante de la impunidad de oscuros personajes de ayer y de hoy. La causa penal contra Hooft seguirá su curso, el Juez amparado en su embestidura se seguirá negando a declarar, algunos sectores lo apoyarán y otros continuarán denunciándolo. Un día quizás lo sorprenda la muerte, rodeado de su familia, sus hijos, sus nietos. Entonces se llevara consigo sus secretos.

Mi padre seguirá desaparecido, nuestras heridas seguirán abiertas. No me hablen de grietas, yo las conozco, algunas son para siempre y uno simplemente tiene que aprender a vivir con eso.

*Hijo del abogado laboralista Jorge Roberto Candeloro – desparecido junto a sus compañeros en la ¨Noche de las corbatas¨

16 comentarios