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Pocas cosas tan inolvidables como las tragedias. Llamamos así aquí a todas esas circunstancias de la vida que ocurren a las personas y las dejan marcadas por el dolor, la pérdida, las dejan signadas por la desazón de la ausencia irreparable, de la angustia permanente. Al menos así se me ocurre que podemos llamar a la tragedia: lo irreparable, lo que no puede volver a ser como era aunque dediquemos nuestra vida a intentarlo. Saber de esa imposibilidad constituye otra tragedia.
Eso es lo que ocurrió hace dos años en la estación de trenes de Once, donde 52 personas perdieron la vida en una colisión a la que no le quitaremos importancia llamándola ‘accidente’, ni le faltaremos el respeto a la memoria de las víctimas y sus familiares tildándola de tal cosa, pues si se puede evitar, no es un accidente: es otra cosa.
El 22 de febrero a las 8.32, en el andén 2 de la estación de Once, una formación del tren de la línea Sarmiento impactó contra la valla de contención y causó la muerte de 52 personas e hirió a más de 800. Este 18 de marzo comenzará el juicio para los 29 imputados por esta tragedia, donde se buscará hacer justicia poniendo en el banquillo de los acusados a los ex secretarios de Transportes Juan Pablo Schiavi y Ricardo Jaime, así como a los empresarios Sergio, Mario y Roque Cirigliano. También el exsubsecretario de Transporte Ferroviario Antonio Luna, los extitulares de la CNRT Pedro Ochoa y Eduardo Sícaro, y el maquinista de la formación que chocó, Marcos Córdoba, además de varios directivos de TBA. En la causa se investigan los delitos de descarrilamiento culposo, agravado por muerte, y defraudación, en perjuicio de las 52 víctimas mortales y los 800 heridos.
Sobre los exfuncionarios nacionales Schiavi, Jaime y Luna pesa la acusación de no haber controlado las condiciones de funcionamiento y utilización del material rodante, de la infraestructura, personal transferido y la aplicación de fondos públicos que el Estado Nacional puso a disposición de TBA, pues ese accionar (o la falta de) pudo haber causado el siniestro. Además, la justicia resolvió que el Estado Nacional no podrá ser querellante, pues está en discusión su eventual responsabilidad, penal y civil.
Como más arriba definimos, digamos, de entre casa el término tragedia, podríamos hacer el intento con el vocablo justicia, pero caeríamos en facilismos y en opiniones personales que no nos acercarían más a una definición que a un deseo individual y lo que ocurrió hace dos años en la estación de Once es algo mucho más que un deseo personal de Justicia, trasciende, como todas aquellas tragedias que han apuñalado nuestro país, como la Embajada, AMIA, hace décadas, o la inundación de CABA y La Plata de hace casi un año, la explosión en Rosario, el alud en Catamarca, por citar las más recientes, y nos tienen que encontrar unidos y firmes para exigir que todo aquello que puede evitarse con responsabilidad, capacidad y aptitud, no sea reemplazado con irresponsabilidad homicida, negligencia y corrupción. Justicia por las víctimas, justicia para que no vuelva a pasar.
