La irresponsabilidad al poder

de la sotaDa un poco de miedo ver como reaccionan algunos líderes políticos ante imponderables, catástrofes y desgracias varias. Sobre todo cuando ellos mismos se creen capacitados para gobernar todo el país y, -miedo mortal- dicen querer exporta el sistema que implementan, por ejemplo, en las provincias que dirigen.

Y ese espanto que nos une surge de observar el accionar (o la falta de él) del Gobernador de Córdoba, José Manuel De la Sota.

Lo sucedido en esa provincia es de público conocimiento: acuartelamiento del cuerpo policial pidiendo aumento. El gobierno provincial diciendo que ese aumento solicitado era económicamente inviable. Caos y saqueos en diversos puntos. Muerte un joven. Aceptación de las autoridades de la solicitud salarial de la policía. Normalización de la situación. Y todo ello con el gobernador de compras en un Free Shop de Colombia. En muy pocas palabras, esa es la información que circuló, explayada, detallada hasta el cansancio por todos los medios de comunicación del país.

El análisis no pretende centrarse en esos devenires terribles, tristes. Sino en el accionar de las autoridades provinciales, en especial del líder máximo: el gobernador.

Ni siquiera achacaremos que estaba fuera del país, ¿cómo saber lo que sucedería? Aunque el conflicto con la policía ya había comenzado, no con el acuartelamiento, pero el pedido ya estaba manifestado, y De La Sota decidió irse igual. Aun con toda la problemática del narcotráfico a flor de piel, que involucra estamentos estatales y policiales. Pero si podemos señalar y hacer hincapié en cómo se manejó el gobernador luego de que los incidentes comenzaran.

Lo primero que hizo fue echarle la culpa al gobierno nacional por no enviar a la gendarmería a Córdoba. Y lo hizo mediante las redes sociales. No, no es broma, así lo hizo durante la madrugada.

Mientras el caos, la violencia y los saqueos hacían temblar la capital del Fernet, De la Sota no pidió jamás de manera formal en envío de gendarmes a Nación para intentar controlar la situación. Imagino que desde Colombia también podía ver que su provincia parecía tierra de nadie.

Lo que De la Sota sabe y no dice es algo simple, algo que aprendemos en la primaria: vivimos en un estado representativo, republicano y federal: el Estado Nacional no puede avasallar la autoridad provincial y actuar de manera unilateral. Debían pedir formalmente gendarmes. Cuando lo hicieron, se les enviaron.

El facilismo de De La Sota ante una situación así hace correr frío por la espalda, sobre todo cuando recordamos aquello que él decía sobre “exportar el modelo cordobesista” al resto del país.

La irresponsabilidad de un gobernador votado por su pueblo al echarle la culpa al estado nacional cuando, evidente, el que falló fue él y su gabinete. Un muerto, decenas de heridos y detenidos, ese fue el terrible saldo.

Y ni qué decir de ese fantasmita cabezón que todos los diciembres antes de las fiestas aparece regocijándose ante este tipo de hechos, o instigándolos. Muchos se contentan con los desmanes y saqueos, porque prefieren el incendio, porque le sacan provecho. Esperemos que no les den el gusto y la paz lograda se extienda y prevalezca, aunque a muchos que se frotaron las manos mirando las imágenes de lo que pasaba en Córdoba no les guste.