Independiente de nosotros
Mientras el diario brasileño O Globo reconoce que cometió un error al apoyar el golpe de Estado militar de 1964, con el que se inició la dictadura hasta 1985, el diario argentino La Nación reivindica el golpe a Juan Domingo Perón en 1955, al cual sigue llamando “Revolución Libertadora”.
En respuesta a una frase de uno de los discursos que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner hizo en los últimos días donde hizo suyos los dichos de quien la precedió en el uso de la palabra, Patricio Mussi, intendente de Berazategui, quien afirmó que con balas de plomo derrocaron a Perón y con ‘las balas de tinta’ “por ahí intentan derrocar o destituir gobiernos populares”, el diario La Nación realizó la editorial del lunes, a la que dieron en llamar “La tinta no destituye”.
“Ni las balas de plomo derrocaron al general Juan Domingo Perón, ni existen balas de tinta, ni, en caso de existir, podrían destituir gobiernos. Perón no cayó por obra de las armas que alzó la Revolución Libertadora en 1955. Cayó, básicamente, porque su régimen se había agotado y abundaban los escándalos y las burdas muestras de autoritarismo”. Claro, para La Nación derrocar a un presidente electo por el pueblo, clausurar el Congreso Nacional y deponer a los miembros de la Corte Suprema, no es un golpe de Estado. Y un presidente votado democráticamente por la inmensa mayoría de los ciudadanos, no es un gobierno sino un “régimen”. Bien. Parece que el bombardeo a Plaza de Mayo realizado por esa misma “Revolución Libertadora” que asesinó a más de 300 civiles indefensos, sigue sin ser condenado por el diario centenario de los Mitre, y no sólo eso, hay una obvia reivindicación de esos sucesos al seguir denominándolos de esa manera en vez de llamarlos por lo que en verdad fueron: un sanguinario golpe de estado. Casi sesenta años después, La Nación utiliza ese eufemismo con el único motivo de seguir encubriendo lo acontecido, como hiciera en ese entonces, el 16 de junio de 1955. Y como hizo con cada golpe de estado realizado a los gobiernos democráticos argentinos.
Luego afirman que “Las «balas de tinta» no matan ni hieren, ni mucho menos derrocan gobiernos”. Bueno, allí cabría agregar que esos disparos constantes en letras de molde sostienen gobiernos funcionales a los intereses del diario, inflan y colocan candidatos como el titiritero de calza en la mano el muñeco de trapo que necesita en ese momento y hace la función que mejor le sale, una pantomima de la realidad. Así como con la libertad permanente que todos tienen, incluso ellos, llamados a sí mismos prensa independiente, agreden, persiguen y someten a negatividades y mentiras varias a los gobiernos o políticos que no son afines a sus intereses de poder y economía.
Es ése el periodismo independiente de La Nación, independiente de la democracia, la justicia y hasta de los impuestos millonarios que reusa pagarle al Estado. Independiente de la memoria, de la verdad y la justicia, independiente de la sangre argentina derramada para derrocar proyectos políticos que no le han convenido a lo largo de su larguísima vida. Independiente de nosotros.
