Nélson Castro y Lanata, voceros del pedido de caos
Ha sido un fin de semana largo cargado de política. Y no por el simple hecho de estar en campaña, sino porque hubo una nueva escalada retórica entre el Gobierno y el monopolio mediático del Grupo Clarín, con algunos de sus principales voceros a la cabeza, en este caso fue el turno de Nélson Castro y del siempre predispuesto a llevar las falacias hacia extremos impensados, Jorge Lanata.
Primero Nélson Castro que hace un lindo show fingiendo hablarle a la Presidenta en su programa de televisión, afirmó que los médicos de Cristina Fernández estaban preocupados, y nos pone en el brete de tener que imaginarnos a los doctores de la Jefa de Estado hablando con él, dándole ese tipo de información tan sensible a un periodista ultra opositor. No logramos pensar siquiera tal cosa, pero Nélson Castro, desde su cómodo espacio en TN, continúa: la presidenta “piensa que nadie comprende lo que está pasando y como consecuencia de esa autosuficiencia, hay un comportamiento soberbio y por ende, no se dialoga con nadie, si total todos los otros están equivocados”, dice, afirmando que ella tiene el síndrome de Hubris, que, según él, poseen las personas que están en el poder. Y abusa de la inteligencia del televidente a difundir su opinión sobre la mandataria muy mal disfrazada de pseudo diagnóstico médico y ataca envestidura y persona otra vez, en horario central.
Luego, el domingo, por primera vez la Presidencia de la Nación repudió mediante un comunicado difundido en el acto lo que acontecía en el programa de stand up de Lanata, donde este habló de un supuesto paraíso fiscal donde Cristina viajaría con bolsos para lavar dinero, mientras realiza sus visitas oficiales. Siguiendo la línea marcada por el oligopolio, Lanata retoma el discurso de Nelson Castro y nos toma el pelo a todos y todas planteando cosa semejante y miente hasta en el tiempo que la presidenta estuvo en Seychelles, él dijo dos días, el gobierno probó que fue una escala de apenas 13 horas. Pero ese no es el punto, la locura de afirmar que la presidenta de un país soberano usa visitas oficiales para traficar, es tan descabellada que parece que no hace falta decir nada más, porque se cae a pedazos sola semejante calumnia, pero sí hace falta decir muchas cosas. Por eso el gobierno eligió responder. Los términos bruscos que usó son el reflejo del hartazgo.
Y esto no parece tener un punto final cercano, si atacan así a una Jefa de Estado electa por voto popular (claramente mayoritario), significa que los límites no están lejos, sino que directamente han sido borrados de un plumazo. No serán fáciles los días que se vienen, donde los voceros oficiales del emporio económico clarinsta reclaman caos a bocajarro desde sus canales de televisión, sus radios y diarios.
