La justicia poderosa

Aunque, aclaran, el fallo no genera ninguna modificación en la convocatoria a elecciones legislativas para senadores, diputados, concejales y consejeros escolares de agosto, la Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucional cuatro artículos de la oportunamente votada reforma del Consejo de la Magistratura, artículos que significaban la elección mediante el voto popular de consejeros durante las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias de agosto.
Recordemos, aunque sea unos segundos, no hay por qué abusar, aquel llamado de la república que hizo Elisa Carrió, como ella sola sabe hacer, y dijo, denunciando, que había un pacto entre Ricardo Lorenzetti y Cristina Fernández de Kirchner. Se dificulta mucho encontrar las pruebas de ese supuesto acuerdo, al menos en los hechos, o como muchos gustan en llamar: la realidad. Podemos, también, para no dejar la mente fija en Carrió, recordar todo lo que dijeron desde la oposición sobre el manejo que el gobierno nacional tenía por sobre el Poder Judicial. Dijeron que la justicia estaba a merced del Kirchnerismo, dijeron que Cristina, casi de taquito, acomodaba los fallos a su antojo y conveniencia. ¿Si? Pero, esta Cristina, fallando en su propia contra, siempre.
Vía Per Saltum, había llegado al máximo tribunal la reforma al Consejo de la Magistratura, luego de que María Servini de Cubría había declarado inconstitucionales esos cuatro artículos. Y con el voto en disidencia de Raúl Zaffaroni, la Corte decidió suscribir en esa línea.
Arduo proceso el de la democratización judicial. No sólo complejo y necesario, sino también cargado de trabas e imposiciones. Descartando el absurdo de que la justicia falló a favor de la república, como algunos políticos fanáticos de los lugares comunes y del facilismo que regala el lenguaje barato y breve se apresuraron en señalar, ¿a qué le tiene miedo el Poder judicial? ¿Por qué la corporación judicial ataja mejor que Goycochea en el mundial de Italia? Son preguntas que resultan necesarias a la luz de los hechos, de los fallos.
La corporación judicial elimina de plano la posibilidad de que el pueblo elija. Eso no ha de estar bien nunca. ¿Le temen al pueblo soberano? ¿Le tienen temor a lo que el pueblo puede hacer eligiendo? Parece que si, parece que les da miedo lo que puede significa el voto popular.
No han defendido a la república, como algún ex gobernador se alegró por ahí. Le han restado una libertad al pueblo, la cual fue adquirida democráticamente mediante el voto de sus representantes en las cámaras. Y eso sólo puede alegrar a quienes no confían en las decisiones populares, y quienes no confían en el pueblo, difícilmente lo respeten, lo comprendan, lo representen.
“La ley resulta inconstitucional en cuanto: a) rompe el equilibrio al disponer que la totalidad de los miembros del Consejo resulte directa o indirectamente emergente del sistema político-partidario, b) desconoce el principio de representación de los estamentos técnicos al establecer la elección directa de jueces, abogados, académicos y científicos, c) compromete la independencia judicial al obligar a los jueces a intervenir en la lucha partidaria, y d) vulnera el ejercicio de los derechos de los ciudadanos al distorsionar el proceso electoral”, dice el fallo.
Todos los jueces, todos los miembros de la Corte, todo el poder judicial, responde a intereses, propios, ajenos. Son parte del sistema político-partidario del cual reniegan, porque son parte del sistema republicano. No son independientes de sus ideas, todos profesan una ideología determinada y obran en consecuencia. Mienten al negarlo.
Son tres poderes los que nos gobiernan. El judicial es uno de ellos. Algunos miembros del poder legislativo, porque no pueden ser el poder ejecutivo, se recuestan cómodos en estos fallos, porque quisieran que estén por sobre los representantes que las mayorías eligieron, porque esas mayorías, no los votaron a ellos. Porque sigue siendo el poder económico, el corporativo, que también atraviesa la justicia argentina, el que siempre, históricamente, falla a favor de un selecto grupo, minoritario y poderoso, ese grupo que estuvo y está en contra de los intereses del pueblo.

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