La señora que amaba a la República

carrio“¿Te acordás, hermano, qué tiempos aquéllos?”, pregunta el tango. Y qué tiempos eran esos, cuando en época de crisis Elisa Carrió bregaba por la consolidación de las instituciones, cuando decía ser la defensora de la República, cuando, justamente, se arrogaba para sí el título de republicana y hasta publicaba libros sobre eso.

Escribir sobre Carrió es como la tentación de la dieta, cuando venís bien, y sabés que no tenés que comer eso y caes en el descuido de salirte de la abstinencia, aunque te habías prometido no hacerlo. Con la controversial Lilita pasa así, sabés que te va a hacer mal, pero igual la leés y escuchás. Y es que ella sabe cómo ser noticia. Como ahora, que convoca a las masas caceroleras a “impedir”, -así lo llama ella-, la sesión de este miércoles en el Congreso de la Nación.
En este llamado secesioncita, Carrió no sólo borra a manotazos lo que antaño fue su discurso sacramental, cuando hablaba de la República y de la importancia de las instituciones, sino que está al borde –si es que no lo transgredió también- de la ilegalidad al pedir públicamente que se impida una sesión. Ni hace falta mencionar lo que costó volver a tener el Congreso en funciones cuando otros, los peores, golpearon la democracia e hicieron lo que quisieron con sus instituciones allá por el ’76. Ya lo vivimos, decimos no gracias y nos preparamos para defender las sesiones donde se debaten las leyes, se discuten, se modifican, se votan.
Carrió hace este llamado y de seguro lo amplía más allá de su electorado que alcanzó el escasísimo 1,8% las elecciones pasadas, y da otro paso más en ese camino sin retorno que ella misma quiso empezar a transitar desde hace años, cuando pasó de cantar Hasta Siempre Comandante vestida de poncho y a cara lavada a parecer un ladrillo recién cocido, vistiendo ropas mejores, maquillajes severos y veraneando en Punta. Lo de afuera, como ella se vea, en realidad no importa, pero sirve para denotar su volantazo ideológico que, en realidad, demostró algo mucho más peligroso que un cambio de ideas y pareceres, expuso su falta total de ideología.
Más allá del repudio generalizado que provocó tanto en el oficialismo y la oposición su pedido de “impedir la votación” y su deseo de ser ella quien convoca al pueblo (o su versión del pueblo) a la calle, Carrió se ha superado a si misma una vez más, porque sólo Lilita puede superar a Lilita en ese afán cínico de destruir todo lo que ella no puede manejar, como por ejemplo el Ejecutivo nacional. Aunque ella es también el Estado que quiere socavar, porque ella es diputada, fue electa por ese sistema democrático que antaño parecía amar y que hoy no tiene reparos en querer impedir su correcto funcionamiento. El tiempo pasa y nos vamos poniendo derechos.

10 comentarios