¿Se aleja la posibilidad del debate por un real Estado laico?

Papa argentino. Mate, dictadura, fútbol, religión y política. El menú casi inevitable del periodismo en estos días. Si fuera cierto eso de que Bergoglio instaló una parrilla en un balcón del Vaticano, incluiría asado la apretada lista de temas. La comodidad de lo conocido, digamos.

Había otros tópicos pugnando por ser el plato del día en esta carta de la que cada uno se sirve lo que le apetece, lo que mejor le calza y lo que más le gusta. Por ejemplo, el de la separación de la Iglesia del Estado, importante batalla laicista que pretende, entre otras cosas, modificar el artículo 2 de la Constitución Nacional, que reza “El Gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano”. Terminar con esto no es abdicar los derechos de muchos, sino reconocer los derechos de todos los otros, los que no son católicos, los que no profesan religiones ni cultos. Es crecer, es madurar como pueblo, es no sólo ser tolerante con el que piensa distinto, sino aceptarnos en las diferencias. Si desde nuestra propia Constitución se propone y ampara esta desigualdad, siempre estaremos incapacitados para decir que en nuestro país todos somos iguales ante la ley. Porque el Estado no es laico, porque el Estado elige ser diferente a muchos, en lugar de igualarnos a todos, que sería lo más simple: eliminar ese artículo es un necesario avance, un imprescindible escalón a subir en el arduo camino de la igualdad.

Aunque la Iglesia y el Kirchnerismo siempre chisporrotearon e incluso batallaron en veredas opuestas en diversos momentos, esta separación que tildamos de urgente no ha tenido lugar. El gobierno avanzó mucho por encima de los cánones impuestos por el catolicismo. Ley de Matrimonio Igualitario, Ley de Identidad de Género, Aborto no punible, Ley de Educación Sexual Integral, posibilidad de adopción para parejas de igual sexo… son sólo algunas de las banderas conquistadas en pos de la pluralidad y la equidad a la que la Iglesia argentina, comandada por el mismo Bergoglio que hoy besó cariñoso la mejilla presidencial, siempre se opuso con fervoroso encono.

Y este era un debate que muchos creímos que se iba a dar en este marco de conquistas. Ver la recepción y el buen trato que se impartieron entre sí el Papa y Cristina ponen un poco en crisis esta suposición, y hace que la espera de una posible discusión formal por el Estado laico se haga un tanto desesperada. Entonces eso de que el Estado deje de financiar al culto católico, entre otras cosas, parece algo improbable al corto plazo.

A saber: Francisco es Bergoglio, lo fue, lo es y lo será. No nació de nuevo, no le implantaron otro cerebro ni otro credo. Pero en su discurso Modo Papa On habló de diferentes cosas que como Obispo no había hecho, o yo no había llegado a oír, cuanto menos.
Cristina le solicitó “su intermediación para lograr el diálogo en la cuestión Malvinas”, en su visita de este lunes. Pero Bergoglio ya había marcado postura desde su puesto local con anterioridad, reconociéndolas argentinas las islas en conflicto y manifestando la necesidad de diálogo con el gobierno ocupa. “Nuestro reclamo y planteo es llegar a la instancia de diálogo, que por otra parte ya tantos organismos y la mayoría de los países del mundo han reclamado por escrito”, aclaró nuestra mandataria.

Pero después la Presidenta agregó “Me habló de la patria grande y de Latinoamérica y del rol que están cumpliendo cada uno de los gobernantes de la región”, y que levante la mano a quién esto no le llamó poderosamente la atención. También dijo que Francisco señaló lo fundamental que era que los gobiernos de la región “trabajen unidos, y destaco que usó ese término porque era el que usaban San Martín y Bolívar”.

Esto es para analizar detenidamente. Seguir la aplicación de esos términos por parte del nuevo Papa, que antes no solía utilizar. Creo que agregar algo más aquí sería apresurado. Pero ver este acercamiento innegable entre el Gobierno argentino y el Sumo Pontífice dispara una alerta ideológica, aunque sabemos que Cristina no puede tener tantos frentes abiertos de batalla, si es que quiere focalizarse en algunos y, aun más: lograrlos.
Entonces, ¿se aleja la posibilidad del debate por un real Estado laico? Muy pronto aún para saberlo. La separación de la Iglesia del Estado sigue siendo una de las grandes materias pendientes de todos los gobiernos democráticos, y sobre todo de éste, que es el que más ha avanzado en materia de derechos humanos y conquistas igualitarias.

 

 

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