Dos jóvenes de Madariaga viajan por Latinoamérica pintando
La joven pareja se conoció en La Plata, donde estudiaban y militaban en una ONG que se dedica a hacer casas a personas de bajos recursos. Tenían un plan recorrer Latinoamérica pintando. Trabajaron una temporada en Cariló y partieron. Hoy en día se encuentran en Colombia y preparando todo para su proximo destino: Panamá
Flores, líneas suaves, redondeadas y color, mucho color para los Cíclope, unos artistas callejeros que eligieron Latinoamérica como taller y las paredes de cada cuidad como lienzo. Son argentinos y aventureros, unos soñadores que partieron rumbo a México sin planes, ni guías turísticas.
Su viaje comenzó el 3 de mayo del año pasado. Después de hacer la temporada de verano en Cariló, partieron con unos mangos en el bolsillo, en un tren a Tucumán. Ellos son Pilar Tolosa y Julián Razquin, tienen 24 y 25.
Ambos del interior de Buenos Aires, ella oriunda de Gaeneral Madariaga, se conocieron en Un Techo para mi País, en La Plata, donde estudiaban. Su pasión por el arte los acercó, ella es arquitecta y él diseñador gráfico, pero la pintura pudo más y hoy dejan su marca en cada lugar al que van.
Todo comenzó con un grupo heterogéneo, amigos de amigos que se juntaron porque es difícil arrancar un viaje así sólo. “Al principio, lo primordial para nosotros no era pintar”, cuenta Pilar.
Fue en Salta cuando empezaron a pintar. Recuerdan que no sabían cómo empezar, no tenían ni una carpeta con sus trabajos y nunca habían hecho un mural. Su fuerte era la pintura sobre vidrio y la ilustración, “en la pared es otra historia”, asegura Julián, “no sólo no sabíamos cómo encarar a la gente, sino que menos cuánto salía nuestro trabajo”, agrega Pilar. Pero después de un par de días en un hostel de Salta fueron a hablar con la dueña y les ofreció pintar tres mesas por una noche de hospedaje.
Fue ahí cuando aprendieron la modalidad del intercambio de pintura por hospedaje, “eso nos sirvió mucho durante el viaje y lo estamos implementando en cada lugar al que vamos”, cuenta Julián. En Bolivia y Perú el viaje se puso más complicado ya que difícilmente podían pintar en las calles y tuvieron que rebuscarse con otros trabajos para poder subsistir y seguir viaje.
Un cambio de rumbo
En Paracas terminaron yendo al mejor hostel a ofrecer sus servicios y lograron su cometido, “nos dijeron que hagamos lo que queramos y nos dieron todos los materiales. Estuvimos un mes pintando todo el día, todos los días. Éramos nenes con chiche nuevo”, recuerda Pilar, “hoy miro esos murales y me doy cuenta de lo que crecimos, como artistas y como personas, Paracas para nosotros fue un clic. No éramos más los que vendíamos trufas en las calles, sino que empezábamos a ser cíclope”, agrega Julián.
La bola se corrió y llegó hasta Lima, donde además del hostel pintaron vidrieras de locales y casas particulares. Entre el boca a boca y Facebook se las arreglaron para estar 4 meses en Perú y no parar de pintar. Se compraron una tablet y una computadora, “así nos podíamos empezar a comunicar con el mundo, queríamos empezar a difundirnos”, dice Julián.
Cumplido el ciclo partieron hacia Ecuador, pero sólo se quedaron un mes. Estando en Quito les empezaron a salir propuestas para pintar en Bogotá, Colombia. Terminaron su trabajo y no lo dudaron, después de 35 horas de viaje en colectivo, llegaron. Y lo que les pasó en Perú, se magnificó. Pintaron en empresas, productoras, bibliotecas, hospedajes y casas particulares; pintaron su hostel y el de al lado. Pintaron tanto que en enero se pudieron tomar un mes de vacaciones y recorrer Colombia como turistas con un grupo de amigos. Estaban felices, exultantes, pero también cansados. Cuentan que disfrutaron cada momento, pero que también fue un desafío, empezaron a hacer cosas nuevas, a salir de sus zonas cómodas, esto los hizo crecer como nunca y conocer gente buena que se llevan para toda la vida. “Es re loco porque haciendo esto, conoces realmente a la gente del lugar. Más de uno nos invitó a comer un asado con su familia o nos llevó a recorrer la ciudad”, cuenta Pilar.
Ahora las vacaciones se terminaron y volvieron las pinceladas, pero tuvieron un mes de descanso merecido.
