‘Madres Cuidadoras’ en Centro Comunitario se proponen terminar juntas el secundario
Madres que trabajan como cuidadoras en un centro comunitario de José C. Paz desde 1996 se sumaron de a poco a la idea de terminar el nivel secundario, una deuda que se adjudican a ellas mismas “por problemas familiares o personales”, y que hoy el Estado intenta subsanar a través de un plan de finalización de los estudios.
Siete mujeres de Sol y Verde, barrio de ese partido del conurbano bonaerense, contaron a Télam cómo fue la experiencia escolar que las dejó a mitad de camino de su formación, pero que hoy las tiene de nuevo como protagonistas.
«Entre ese pasado escolar inconcluso y este presente pasó que nos encontramos con una necesidad a la que tuvimos que afrontar: no había jardín de infantes en el barrio y las mamás que teníamos que salir a trabajar no contábamos con un lugar confiable dónde dejar a los chicos», contó Miriam Cardoso, que tiene cinco hijos, y es educadora del centro comunitario que construyó con otras mujeres de Sol y Verde.
Cajas forradas de colores repletas de lápices y crayones, cartulinas con nombres de nenes, flores de papel crepe, juegos y juguetes muestran el trabajo a pulmón que se ve ni bien se ingresa a cada espacio de «Nuestro Futuro», uno de los 17 de la red «El Encuentro», que funciona en el marco del Programa Unidades de Desarrollo Infantil (UDIs), del Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia de Buenos Aires.
Los últimos chicos en retirarse del centro -que funcionó primero en una casilla de madera y hoy es un cálido establecimiento educativo y comunitario- corren mientras las educadoras se van juntando en una de las salas, con sus carpetas y sus cuadernos, para cursar matemática, la «más temida» por la mayoría del grupo.
Se trata de una historia nacida de la necesidad, la búsqueda de una solución colectiva a un problema percibido como «personal», y la construcción en primera persona de una inclusión social, laboral y educativa que se le negó a millones de argentinos hace casi 20 años.
Hoy, estas mujeres, que por esos días de ausencia del Estado se pusieron el delantal de maestras y se convirtieron en las educadoras de sus propios hijos para que otras, como jefas de hogar, pudieran salir a trabajar fuera de casa, redoblan la apuesta y se vuelven a elegir como constructoras de su propio destino ya que todas están terminando el secundario, a través del plan Finalización de Estudios Primarios y secundarios (FinEs).
«El año pasado empezamos a juntarnos en el merendero que está a dos cuadras pero después conseguimos que el plan Fines se pasara a Nuestro Futuro. Cuando los chicos se van empezamos a estudiar», contó Patricia Falconi, intérprete en lengua de señas de su propio hijo y a quien el título secundario le servirá para sacar la matrícula.
Cuando Patricia explicó cómo fue su primer día de clases hace tres cuatrimestres se emocionó porque recordó que «no creía que iba a poder seguir estudiando».
«Había hecho primer año cuando terminé el primario y tuve que dejar. Cuando empecé vine solo con la cartera al hombro porque no había preparado nada, no podía salir de casa del miedo que tenía. Sólo un mensajito de una compañera de Nuestro Futuro en el celular con la palabra `venite` pudo conmigo», contó a Télam.
Beatriz Almirón, de 35 años, y cinco trabajando en el centro comunitario, reflexionó que «en un principio me quise borrar pero seguí adelante porque nos damos fuerza entre todas. No es facil, después de la jornada, estudiar y volver a casa y hacer tareas: cuesta pero me siento mejor así que lo sigo eligiendo».
Para Lucía Acosta, de 37 años, seis hijos y un nieto, las cosas resultan un poco más fáciles porque el estudio fue algo que siempre le gustó. «Yo era buena alumna, pero cuando terminé séptimo tuve que salir a trabajar», contó de su experiencia.
Este año se sumaron a estudiar Soledad Gimenez, de 36 años, y Alejandra Escobar, de 34. «Me sorprendí de mí misma. Cuando vi que me empezaba a acordar de las cosas que había aprendido hace años y me sentí muy bien», contó Soledad.
Dos veces por semana de 17 a 22, dos grupos de nueve integrantes cada uno -16 mujeres y 2 hombres- cursan el primero y segundo año del Fines que se dicta en el centro Nuestro Futuro.
«Cuando los chicos se van, nosotras seguimos, porque ademas de las capacitaciones que recibimos desde hace años para ser primero mamás cuidadoras y después educadoras, sabemos que el estudio nos da herramientas para seguir haciendo todo lo que queremos hacer», contó Miram Echenique, una de las pioneras del centro comunitario.
Cerca de 450.000 alumnos terminaron sus estudios desde el 2008 a través de esta propuesta, en la que el Ministerio de Educación de la nación aporta los recursos económicos para el pago y capacitación de tutores, gastos de las sedes y los materiales de apoyo.
Hasta junio de este año, 1.617.222 jóvenes y adultos se habían inscripto en el FinEs.

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