Más de 170 mil toneladas de basura ya fueron sacadas del Riachuelo
Se trata de un trabajo de transformación lenta, pero que se viene desarrollando en forma sostenida en los últimos tiempos en toda la Cuenca M atanza-Riachuelo, con resultados que saltan a la vista por estos días especialmente en La Boca, donde acercarse al agua para tomarse una foto de recuerdo lejos está de generar aquella repulsiva sensación de años atrás.
«El Riachuelo está dejando de ser un lugar oscuro», afirmó el vicepresidente ejecutivo de ACUMAR, Antolín Magallanes, tras una recorrida fluvial de más de dos horas de duración, junto con un grupo de periodistas, por el emblemático curso de agua que marca el límite entre la Capital Federal y distritos del sur del Conurbano bonaerense.
Líder de la Fundación por La Boca y eterno enamorado del Riachuelo, Magallanes está convencido de que la recuperación del río es posible e incluso su navegabilidad, aunque sabe que es necesario mantener un trabajo de cooperación aceitado entre la Nación, la Ciudad y la provincia de Buenos Aires para lograrlo (con millones de pesos de por medio) y, en especial, fomentar un cambio de hábitos en la sociedad, para que contaminar deje de ser una -ingrata- costumbre.
La remoción de residuos, desechos tóxicos, hidrocarburos, barcos hundidos y toneladas chatarra en general por parte de la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo (ACUMAR) ha permitido que las aguas que bañan la Vuelta de Rocha, e incluso las costas de Barracas, Avellaneda y hasta Nueva Pompeya y Lanús, empiecen a redefinir su propia nómina de sinónimos.
El Riachuelo comenzó a retomar por estos días ese tradicional color café con leche del Río de la Plata y aquella confluencia portuaria lúgubre y pestilente de La Boca hoy huele a comidas criollas, gracias a la brisa que desparrama el olor que escapa de las cocinas de las cantinas y parrillas de la zona, a unas pocas cuadras de La Bombonera.
De todos modos, aún es largo el camino que ACUMAR tiene por delante para cumplir una primera y cardinal etapa de su misión: evitar que los ríos y arroyos que conforman la Cuenca se sigan contaminando, poniendo de ese modo en riesgo la salud de las 5 millones de personas que viven en la región.
Para cumplir con estos trabajos, que incluyen también la relocalización de familias que aún viven en condiciones miserables en las márgenes del Riachuelo, por ejemplo, se necesita un amplio respaldo financiero. Y en este sentido, Magallanes lamentó que -hasta el momento- solo sea el Gobierno nacional el que parece realmente interesado en motorizar el saneamiento (al aportar el 80 por ciento de la inversión presupuestada), a diferencia de lo que ocurre, según manifestó, con la Ciudad y la Provincia.
