Sabbatella: Magnetto pretende que Víctor Hugo «se someta»
El CEO de la corporación mediática que ejerce la posición dominante en el mercado gráfico y audiovisual ya no sólo restringe la libertad de expresión escrachando periodistas en los medios que domina; ya no le alcanza con regular a su antojo la salida o no de publicaciones a través de Papel Prensa; ya le resulta insuficiente censurar canales en la grilla de Cablevisión; ya no se limita a cerrar las posibilidades laborales de miles de profesionales en los cientos de canales que domina. Ahora, además, pretende que un referente de quienes no aceptan su dominio se someta a través de deudas económicas.
En una Argentina en la que la libertad de expresión brilla en todos lados menos en los relatos del Grupo Clarín y sus satélites, la opinión de Víctor Hugo es muy valiosa, como lo son todas las opiniones, las que nos gustan y las que no, las que compartimos y aquellas con las que no estamos de acuerdo. Al menos lo son para millones de argentinos y argentinas y, por supuesto, para nuestro gobierno, que impulsó una ley de servicios de comunicación audiovisual calificada como modelo y referencia de numerosas legislaciones en todo el mundo. Fue el kirchnerismo, y no los gobiernos dictatoriales, liberales y corruptos alumbrados por la corporación de Magnetto, el que despenalizó el delito de calumnias e injurias que pesaba como una espada sobre los periodistas y su trabajo, so pena de ir presos por informar y opinar; esa misma espada que hoy el poderoso CEO blande con soberbia sobre la cabeza de Víctor Hugo porque no acepta rendirse a su hegemonía.
Felizmente, los argentinos en general y los trabajadores de prensa en particular, sin distinción de color político ni opinión, contamos con un Estado que garantiza los derechos de todos y todas frente a los desmadres y la prepotencia de personajes como Magnetto, que no quieren acostumbrarse a la democracia y sus leyes.
Al margen, como en un limbo, quedarán aquellos pocos que, abducidos por el relato de la corporación, se llaman a un silencio cómplice ante esta nueva amenaza violenta del CEO, después de agotar ojos y oídos de millones con la cantinela de que somos nosotros los que atemorizamos al periodismo independiente.
