El sucesor de Bergoglio prometió «respeto pero con distancia» hacia la Casa Rosada
El designado arzobispo de Buenos Aires, Mario Aurelio Poli, debutó en su nuevo rol con declaraciones políticas. Advirtió sobre «la falta de diálogo» en la Argentina y definió los términos de su futura relación con la Casa Rosada. El contacto con Francisco.
Como todo argentino, espero justicia, mayor progreso, paz, concordia y diálogo. Falta diálogo a los argentinos, falta diálogo en serio. En eso podemos hacer el aporte, porque la Iglesia tiene mucha sabiduría sobre el diálogo.» La frase no pertenece al ex arzobispo de Buenos Aires Jorge Mario Bergoglio, sino a Mario Aurelio Poli, actual obispo de Santa Rosa, La Pampa, y próximo jefe de la Catedral Metropolitana por decisión de su antecesor, el actual Papa Francisco. El mensaje fue el primero que pronunció el próximo arzobispo porteño, luego de que el Vaticano y la curia local confirmaran ayer que Poli estará a cargo de la Capital, sede primada de la Argentina, la diócesis cuyo jefe es el primero en ser convertido cardenal por el Sumo Pontífice. Tras su nombramiento, Poli se hará cargo del Arzobispado cuando termine Semana Santa, el 20 de abril, aunque antes deberá viajar a Roma para reunirse con el Sumo Pontífice, en una cita prevista para la primera quincena.
La designación de Poli fue accidentada, porque antes de ser oficializada por el nuncio apostólico, Emil Paul Tscherrig, se filtró a la prensa en medio de versiones sobre la próxima visita del Papa a la Argentina. Ayer terminaron las tiranteces formales entre la Casa Rosada y el Vaticano, pero la irrupción pública de Poli, desde La Pampa, volvió a recordar que, más allá de los gestos amables que compartieron la presidenta Cristina Fernández con el nuevo Papa, la relación entre la Catedral Metropolitana y el gobierno nacional continuará sembrada de críticas, tal como la administró el ex cardenal jesuita.
El nuevo arzobispo porteño, no sólo habló de la falta de diálogo, en clara referencia al gobierno, pero aclaró que buscará mantener una relación de «respeto y colaboración» con la presidenta, aunque lo hará «también con la debida distancia y diferencia». Y subrayó: «Somos dos cosas distintas. La cercanía con la gente también nos hace pensar y podemos decir cosas».
Poli estrenó su discurso público como nuevo arzobispo desde la Unidad Penal 30 de Santa Rosa donde lavó los pies de 12 internos, durante la misa de este Jueves Santo. Allí aclaró que su «rol no es político, es pastoral». «Yo soy consciente de que tengo muchas limitaciones, pero el Papa me insistió en que tome el Arzobispado de Buenos Aires. Me llamó la semana pasada y me ofreció esto. El diálogo fue muy sencillo. No tengo razones para decir que no. Yo soy porteño, quiero también a Buenos Aires. Mi corazoncito queda acá, porque me gusta mucho La Pampa y los pampeanos. He aprendido mucho de la gente. Y bueno, me voy a Buenos Aires a gastar los años que me quedan», dijo el prelado que cumplirá los 66 años el próximo 29 de noviembre.
Tras dar las primeras señales sobre su estilo de comunicación, el nuevo arzobispo consideró que «hay dos tipos de pobrezas: la que se padece, y contra ellas hay que utilizar todos los medios para ayudar a superarla; y la otra, que es la pobreza del espíritu, que tiene que ver con la sencillez, la humildad, la generosidad». «De estas dos pobrezas te puedo hablar. La primera reclama justicia para todos», redondeó el hombre.
En su calidad de actual obispo de Santa Rosa, aunque en vista de la futura relación que tendrá con la Casa Rosada, el hombre, viejo conocido de Bergoglio, repitió que «como punto de partida» espera «el respeto y la colaboración». Y subrayó: «También con la debida distancia y diferencia. La cercanía con la gente también nos hace pensar. Yo no quiero ubicarme en ningún espacio político, el pastor no tiene ninguna bandera política», dijo Poli, en la misma línea de las definiciones que todos los obispos del continente volcaron en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, organizado por el Consejo Episcopal (CELAM) en la ciudad brasileña de Aparecida. Todos esos conceptos, fueron volcados en un documento de 200 páginas que Francisco le obsequió a Cristina Fernández de Kirchner en el almuerzo de dos horas que mantuvieron en Roma la semana pasada. En una de sus conclusiones, los obispos, resaltaron que «Si la Iglesia comenzara a transformarse directamente en sujeto político, no haría más por los pobres y por la justicia, sino que haría menos (…) porque perdería su independencia y su autoridad moral, identificándose con una única vía política y con posiciones parciales opinables. La Iglesia es abogada de la justicia y de los pobres precisamente al no identificarse con los políticos ni con los intereses de partido.»
El discurso de Poli, fue en línea con las definiciones que impulsará el Papa Francisco para toda la Iglesia católica universal y que el nuevo arzobispo conoce en detalle a partir de la estrecha relación que mantiene con Bergoglio, el mismo que lo llamó en persona para informarle su decisión durante las mismas horas en que se reunió con Cristina. La cita entre el nuevo Papa y la jefa del Estado fue reservada y contó con pocos detalles públicos, pero uno de los platos más fuertes de ese almuerzo en el Vaticano, tuvo que ver con el nombre del futuro sucesor de Bergoglio en su tierra. Ese secreto, terminó de revelarse ayer, y su protagonista no fue el primero en romper el silencio. Ahora, su próxima escala, antes de pisar Buenos Aires, será Roma.
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