Cada vez más familias optan por pasar el verano en la ribera de Quilmes

ríoUna pequeña heladerita, algunas lonas, sillas o carpas, caña de pescar, baldecitos y juguetes de playa para los chicos. Sin mucho más, el verano puede disfrutarse en la costa del Río de la Plata, en Quilmes. Miles de familias deciden vacacionar, y aliviar el sofocante calor, en la arcillosa ribera de la zona sur del Conurbano. No es una novedad, históricamente el balneario fue centro de atracción turística para los que no viajan a ver el mar. Sin embargo, con el paso de los años, se convirtió en la única alternativa para muchas personas de bajos recursos, que soportan la falta de cuidado y la contaminación del agua con tal de recrearse un poco.
Algunos vienen en vehículos particulares, autos y camionetas que terminan por ser el parador de turno. El reparo del sol, con música a alto volumen, sillas en ronda y toallas colgando desde las puertas. Otros llegan en colectivo, desde distintas zonas de la región, cargados con sus bolsos, mochilas, canastas y heladeras. “Acá se puede respirar”, dice Mario, que arribó en auto con su mujer y sus tres hijos desde Florencio Varela. Esa satisfacción, que por sencilla no deja de ser valiosa para este hombre y su familia. “Tomamos unos mates, comemos algo y disfrutamos del río”, explica Mario, mientras señala la costa.
A unos pocos metros del destacamento policial, ubicado en la intersección de avenida Cervantes y avenida España, se observa una gran cantidad de acampes, con parillas e improvisados puestos donde se venden libremente artículos de pesca. Los aficionados que deseen conseguir una cañita y carnada para pasar el rato, también pueden hacerlo en la ribera de Quilmes. A la vera del río, se arman rondas de mate o cerveza, mini-partidos de fútbol o recorridos en bicicleta. Por supuesto, están también los osados que se animan a sumergirse en el agua, así como los que ingresan con cayac o a practicar kite-surf.
Los guardavidas cumplen un rol importantísimo, porque en la mayoría de los sectores el agua está contaminada por la enorme cantidad de desechos que quedan en la costa y son arrastrados a las profundidades por la corriente. Esta situación ambiental debería ser motivo suficiente para prohibir que las personas que visitan la ribera se bañen en las aguas turbias. Sin embargo, los controles son escasos y la actividad de los guardavidas se multiplica los fines de semana, así como también los días de mucho viento.
Por la noche, la actividad no afloja. Cuando cae el sol, la seguridad es un tema que preocupa a quienes recorren la zona. Aparecen más autos y motos, lo que origina un tránsito complicado y ocasiona ruidos molestos. Algunos bares y boliches, ubicados en la vereda frente a la costa, abren sus puertas y convocan a los jóvenes. El movimiento supera la capacidad de control e infraestructura. Por la gran cantidad de personas que asisten diariamente, incluso desde otros distritos, sigue resultando poca la inversión del Municipio de Quilmes en la zona más turística de la ciudad.

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