José Pablo Feinmann: Civilización y Barbarie, ayer y hoy
MAR DEL PLATA – En el marco de la nueva propuesta «Diálogos Argentinos», que tendrá lugar todas las semanas de la temporada 2013 en el ex Asilo Unzué bajo la consigna «Argentina, el verano de un amor», y de la cual participan diferentes personalidades reconocidas, el filósofo José Pablo Feinmann se presentó para compartir con una multitud de espectadores una interesante charla, acompañado por el periodista Jorge Dorio.
«Siempre que llovió, paró», bromeó el periodista, escritor y actor argentino, Jorge Dorio, refiriéndose al mal clima de Mar del Plata. En el gran escenario del parque del ex Asilo Unzué, presentó con gracia a quien fue su sucesor de diálogo: el filósofo, escritor y ensayista (entre otras tantas facetas), José Pablo Feinmann. Dorio agradeció la invitación, haciendo alusión al lugar en que se encontraban, un ámbito que «alguna vez fue conocido como fábrica de muñecas», recalcando el notable cambio.
A continuación, expresó su admiración hacia Feinmann y expuso que en una de sus antiguas charlas, el filósofo le confesó que sentía que no debía irse al momento de explotar la última dictadura militar en la Argentina de 1976, aún sabiendo que iban a ir por él. «Quedarse por la Patria, es casi una obsesión», adhirió Dorio. Luego, tomó la palabra José Pablo Feinmann para exponer el tema de la charla: Civilización y Barbarie, ayer y hoy.
Comenzó explicando que el concepto de Barbarie viene desde muy lejos en el tiempo y que se utilizaba para calificar a todos aquellos que no pertenecían al Imperio. «En realidad, la concepción de la Civilización como la ‘luz de la razón’, aparece con el Iluminismo (el pasaje del hombre a la racionalidad) y también está llevado al color de la piel. Según los grandes pensadores de la Civilización, ser de piel negra implica ser la sombra de la racionalidad, en cambio la blanca es la piel del colonizador, del que lleva la cultura a otros territorios, a los que si no la lleva éste, jamás van a poseerla», comentó Feinmann a los presentes, y agregó: «La Barbarie es lo otro de la Civilización. Nunca se preocupó mucho por incorporarla, es agresiva y despectiva con ella».
Continuó leyendo un texto del escritor inglés Rudyard Kipling, a quien consideró como el «poeta del imperialismo». El texto se llama «Si», y entre sus líneas se pueden encontrar algunas frases del pensamiento de la época : «(…)Si entre la turba das a la virtud abrigo; si, marchando con reyes del orgullo, has triunfado; si no pueden herirte ni amigo ni enemigo; si eres bueno con todos, pero no demasiado; si puedes llenar los preciosos minutos con sesenta segundos de combate bravío, tuya es la Tierra y todos sus codiciados frutos, y, lo que más importa: ¡serás hombre, hijo mío!». Feinmann finalizó la lectura completa y luego explicó que ese mismo texto estaba colgado en las paredes de las casas, que así era como se suponía debía ser el hombre imperialista. «En casa también estaba y siempre pensé cómo haría yo para hacer todo eso… Efectivamente, nunca fui un hombre imperialista.»
Para empezar a hablar de Civilización y Barbarie, comenzó remitiéndose al texto «El Matadero» de Esteban Echeverría, también comentando de su largo peregrinaje en la literatura argentina, como lo es el «Facundo» de Domingo Faustino Sarmiento, luego retomado por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, más tarde, German Rozenmacher con «Cabecita Negra», y terminando con «El niño proletario» de Osvaldo Lamborghini. «En ‘El Matadero’ se puede ver que la Civilización es un concepto cultural y bélico, ya que el colonialismo capitalista conquista en base a valores. Era algo así como decir ‘Nosotros entramos en sus territorios, pero traemos progreso, civilización y cultura. Van a ser seres humanos porque los vamos a hacer como nosotros.’ Así empezaron a colonizar.»
Luego, el filósofo recordó que el escritor de «Facundo» pidió en sus tiempos consejos al Mariscal Bugeaud (quien acababa de asesinar a 500 argelios por tratarse de «bárbaros») sobre cómo luchar contra los «gauchos alzados federales» que azotaban las provincias interiores en contra de la Civilización de Buenos Aires. «El Mariscal le dijo: ‘A la Barbarie se la combate con Barbarie.’ Es algo de lo que debe haber pensado el General Videla en su momento, aparte de las miles de justificaciones que dio. Una vez, pregunté en mi inocencia: ¿Qué van a hacer si toman el poder? ¿Qué van a hacer con la militancia? ‘Capucha y zanja’, me respondieron. Cuando no hay ideas, se recurre a la violencia. En realidad las ideas están destinadas a justificar la violencia.»
Tras contar un poco acerca de los tiempos de dictadura, relató un episodio en el que al abogado Jaime Lamont Smart, ex Ministro de Justicia durante el período del dictador Saint Jean (quien se destacó por una frase inolvidable en medio de la represión más grande de 1976: «Primero vamos a matar a todos los subversivos, después a los cómplices, después a los amigos, después a las familias y finalmente a los tímidos»), expuso en una tapa del diario La Nación de Septiembre de 1977 que los que armaron la subversión fueron los intelectuales, incluyendo a todos los profesores de los niveles de enseñanza. «Yo estaba en la Argentina y había dado muchísimas clases en la facultad de filosofía, había escrito dos libros, publiqué en revistas, obviamente me sentí directamente señalado.», expresó Feinmann al tiempo que recuerda esos años y de qué manera se culpaba hasta a una profesora de primer año.
Entrando directamente al período del Peronismo, Dorio y Feinmann explican que es el período donde más se puede observar la diferencia entre la Civilización y la Barbarie. A partir de que Inglaterra entra en guerra, Argentina ya no puede recibir la mercadería que recibía de ella. La única salida es comenzar a fabricar en suelo propio. Se produce un proceso extraordinario que da origen al Peronismo. «Comienzan las migraciones internas de los llamados ‘cabecitas negras’, ‘migrantes internos’, ‘los grasitas’ para Evita, ‘los negros de mierda’, para la Oligarquía. ¿Cómo se construye el poder? La política consiste en construir poder. El capitalismo es codicia. La codicia es crecer. Toda empresa que se detiene, no es. Por eso los monopolios y oligopolios siguen creciendo. Perón ve una masa de migrantes internos que vienen del Interior a Buenos Aires y decide que ese sería su objeto político, porque nadie los veía. Para los antiguos sindicalistas, eran sólo obreros, no les tenían aprecio. Perón decide construir su poder en esa base social. Pide la Secretaría de Trabajo, después el Ministerio de Trabajo, finalmente la vicepresidencia de la República.
El gremio de la carne era comunista y tenían al frente a alguien que también se encontraba en la Secretaría de Trabajo. Cuando los obreros van a ver al General explicándole que querían hacer una huelga pero que quien dirigía les decía que no, Perón les dice que la hagan. Muy contentos, le hacen caso, y Perón se queda con el gremio de la carne. Es una gran movida de poder. Perón incorpora la Barbarie, porque es la Barbarie que viene del interior. Les da derechos sociales, abogados sindicales, vacaciones, el estatuto del peón, viviendas.» Así es como el Partido Peronista gana las elecciones.
Lo que la oligarquía no puede perdonar al peronismo, es que se apropió del país e hizo el I.A.P.I. (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio), con el cual se empieza a desarrollar la industria liviana. Se redacta la Constitución de 1949, a cargo de Arturo Sampay, pero más popularmente reconocida como «La Constitución de Perón». Sobre esto, Feinmann recuerda: «Cristina (Fernández de Kirchner) que es muy inteligente, cuando discutió con los sindicalistas, no presentó la Constitución como la de «Perón» sino como la de «Sampay», preguntándoles si en aquella está contemplado el derecho a huelga. La respuesta es ‘no’.» Al ser un derecho natural, no se incluyó dentro de ella.
Continuando con la Constitución, Feinmann recalcó: «Hay un artículo que es el de la reelección de Perón, ¿cierto? Eso significa que tenemos que reformar la Constitución inmediatamente para que la nueva reelección de Cristina sea posible.», y provocó grandes aplausos de la multitud que lo escuchaba. Luego, continuó: «¿Dónde está la Civilización, dónde la Barbarie? Si Cristina es la Civilización…entonces todo ese periodismo de cloaca, ¿es esa la Barbarie? Así es como tenemos a la Presidenta: culta, inteligente, gran oradora, que pareciera ser la Civilización… pero que está jugando del lado de la Barbarie.»
Posteriormente, agregó que cree que al peronismo ya no es necesario explicarlo tanto, ya que el peronismo de la Presidenta de la Nación, Cristina Fernández, y del ex Presidente, Néstor Kirchner, no requiere de tantas explicaciones. «Es un peronismo que surge del gobierno de Cámpora, de lo mejor de la izquierda peronista de los años 70, de John William Cooke, de todo eso viene este gobierno, con las limitaciones del momento, lógicamente, estamos en un momento terrible en cuanto a crisis mundiales. En cuanto a los otros, los opositores, es el otro peronismo. Parece que nadie se da cuenta de que están apoyando a Moyano, a Duhalde, a lo peor del peronismo que tiene sus raices en la Triple A.»
Casi finalizando el diálogo, y refiriéndose a la actualidad política en la Argentina, agregó: «Es posible que si Cristina avanza, vaya licuando algunas cosas del peronismo. No haciéndolas desaparecer, sino ejerciendo una nueva forma de hacer política. Néstor Kirchner, gran amigo, era un tipo excepcional. (…) Parece, según algunos medios, que yo soy un ‘Ultra K’. Yo no soy nada de eso, sólo soy un tipo que se formó en el marxismo, en el sartrismo, que sigo pensando de esa manera y que creo que hay que buscar las cosas que más se se le parecen. Y, sinceramente, considero que una Presidenta que le dice al FMI (Fondo Monetario Internacional) que la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación) hace las cosas mejor que ellos en las Naciones Unidas y que, además y como si fuera poco, está desarmando monopolios, está claramente luchando contra el capitalismo. De esta manera, creo que necesita y merece todo nuestro apoyo.», finalizó de esta manera José Pablo Feinmann, al tiempo que la multitud lo ovacionó brindándole un colectivo y fuerte aplauso.


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