A ocho años del incendio en Cromañón: historia, legado y secuelas de una tragedia
El incendio y muerte de 194 personas ocurrido hace ocho años en el local bailable marcó toda una época. Informe con cronología y relato de un sobreviviente.
Ocho años. Demasiado tiempo para muchos. Sobre todo para quienes sintieron, sufrieron y pagaron por las 194 vidas que se perdieron la madrugada del 30 de diciembre del 2004, bajo las intensas llamas y el humo provocados por un incendio. Se trata de la infelizmente famosa tragedia de Cromañón, ocurrida en el barrio porteño de Balvanera.
Tanto para los sobrevivientes y familiares de las víctimas como para los responsables del hecho, este octavo «aniversario» será especial: hace poco, todos los imputados por el desastre fueron condenados con sentencia firme y comenzarán el 2013 tras las rejas. La ratificación de la condena ocurrió el 20 de diciembre, a diez días de que se cumpliera un nuevo año de la tragedia.
Además, las vidas de los integrantes de un ascendente grupo de rock cambiaron totalmente: problemas entre ellos, resurgimientos y cancelaciones de shows, apoyos de otros artistas (recordarán la canción Un minuto, de Callejeros con León Gieco en 2005), finalizando con toda la banda en la cárcel.
Asimismo, las declaraciones de Omar Chabán, gerenciador del boliche incendiado, en diarios, radio y televisión, como así también las de familiares y sobrevivientes, brindaron mucho material para investigaciones periodísticas y judiciales.
Así es el mundo que rodea a República Cromañón: trágico, caótico y de emociones fuertes.
Cronología de ocho años buscando justicia
Primero, la detención de Omar Chabán, en la víspera de Nochevieja del 2004 (un día después del horror).
Segundo, en marzo del 2006, la destitución por juicio político del entonces jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Aníbal Ibarra. Era la primera vez que un jefe de Gobierno electo por voto popular era destituido por la Legislatura.
Tercero, el 19 de agosto de 2008 (tres años y medio después del caso) comienza el principal juicio oral contra 15 imputados: Omar Chabán, gerenciador del boliche y Raúl Villarreal, su mano derecha; Diego Argañaraz (manager de Callejeros), Patricio Fontanet, Eduardo Vázquez, Christian Torrejón, Juan Alberto Carbone, Maximiliano Djerfy y Elio Delgado, todos integrantes de la banda de rock Callejeros; el escenógrafo Daniel Cardell; el subcomisario Carlos Rubén Díaz y el comisario Miguel Ángel Belay; y los ex funcionarios porteños Fabiana Fiszbin, Gustavo Torres y Ana María Fernández.
Cuarto, exactamente un año después, el 19 de agosto de 2009, los jueces del Tribunal Oral Criminal 24 dictó la primera sentencia: 20 años de prisión para Chabán, 18 años para Argarañaz y Carlos Díaz, dos años para Fiszbin y Fernández y un año para Villarreal. Mientras que todos los integrantes de Callejeros (incluyendo Cardell), Belay y Torres fueron absueltos. La liberación de éstos últimos, principalmente de los músicos, produjo un descontento general entre los asistentes, principalmente los familiares y sobrevivientes.
Quinto, el 20 de abril de 2011, luego de una serie de apelaciones y revisión del fallo anterior, la Cámara de Casación Penal resolvió que el hecho debe ser caratulado de delito culposo, por lo que se disminuyó la carga a Chabán y terminaron condenados todos los absueltos del primer fallo (excepto el comisario Torres). La alegría de los damnificados duró poco: el tribunal ordenó reabrir la calle Bartolomé Mitre, frente al inmueble “República Cromañón”, donde se había dispuesto un santuario para homenajear a las víctimas.
Sexto, durante la jornada del 14 de julio de este año, en un juicio secundario (conocido como Cromañón II), fue condenado a cuatro años y medio de prisión el ex dueño del boliche Rafael Levy, mientras que los ex funcionarios porteños Juan Carlos López, Enrique Carelli y Vicente Rizzo y el ex comisario Gabriel Sevald fueron absueltos de culpa y cargo.
Séptimo, el 18 de octubre, la Cámara Federal de Casación dispuso finalmente los años de condenas para cada condenado: Chabán, 10 años y nueve meses; Fontanet, siete años; Vázquez –en prisión por el asesinato de su esposa-, seis años; Carbone y Torrejón, cinco años; Djerfy y Delgado, cinco años; Cardell, tres años; Villarreal, seis años; Díaz, ocho años; Fiszbin, cuatro años; Torres, tres años y nueve meses; y Fernández, tres años y seis meses. Ninguno quedó detenido porque la sentencia no estaba firme.
Octavo, el 20 de diciembre, finalmente la Cámara de Casación dictó el inmediato cumplimiento de la sentencia dictada en octubre, luego de rechazar los recursos extraordinarios presentados por las partes. El primero en ser detenido fue Chabán, que se presentó voluntariamente ante la justicia. Luego fue el turno de los músicos Djerfy y Delgado, seguidos del colaborador de Chabán, Raúl Villanueva. Con el correr de las horas, se presentaron el resto de los músicos (menos Fontanet), el ex subcomisario Díaz y los tres ex funcionarios porteños. El líder de Callejeros se encontraba en Córdoba, internado en un neuropsiquiátrico, por lo que la justicia dispuso su custodia hasta determinar si puede o no ser trasladado a una cárcel.
Quedaron fuera de este «pequeño resumen» cientos de detalles y hechos que se desataron en todo el ínterin: acusaciones cruzadas, causas derivadas, declaraciones picantes de los acusados, entredichos entre las distintas esferas de los gobiernos nacional y porteño, entre otros avatares.
Lo más importante, y lo que realmente vale la pena recalcar, es que los responsables señalados por la Justicia han recibido la condena firme. Así, los cientos de familiares y sobrevivientes del desastre ocurrido hace ocho años atrás pueden sentir que este doloroso proceso está por culminarse, a pesar de que hay heridas que nunca terminan de cerrar. Sobre todo por las 194 personas que ya no están.
La histórica destitución de Aníbal Ibarra
El proceso que terminó con la primera destitución de la historia de un jefe de Gobierno porteño comenzó el 7 de enero del 2005, ocho días después de la tragedia de Cromañón, cuando por sólo tres votos, Ibarra elude la interpelación por el hecho. El 28 de ese mes, el político se presenta en la Legislatura porteña para ser interrogado. Dos días después, anuncia la convocatoria a una consulta popular vinculante, que finalmente no se realiza.
A fines de febrero se crea en la Legislatura una Comisión especial para que se investiguen las posibles responsabilidades de funcionarios porteños, incluido el jefe de Gobierno. El 29 de julio, la Comisión Investigadora recomienda promover el juicio político a Ibarra. En agosto, se forma una Sala Acusadora de 45 legisladores, con la finalidad de analizar la viabilidad del juicio político. De ellos, 13 diputados forman la Comisión Investigadora, a cargo de reunir pruebas.
Inmediatamente se forma la Sala Juzgadora, formada por 15 legisladores, que llevarán adelante el juicio político. El 30 de noviembre se elije a los tres diputados que actuarán como fiscales del caso: Jorge Enríquez, Rubén Devoto y Jorge San Martino. Ante una protesta de Ibarra, el 6 de diciembre la Legislatura decide renovar parcialmente la Sala Juzgadora, sorteándose el 10 a los nuevos nueve diputados.
El 13 de ese mes comienza formalmente el juicio político. Tras las declaraciones de los testigos (con acusaciones de por medio) más las pruebas presentadas y los alegatos finales, el 7 de marzo del 2006 (un año después de la tragedia) la Sala Juzgadora decide remover de su cargo a Aníbal Ibarra. La votación fue de diez votos condenatorios, cuatro de absolución y una abstención.
Relato de uno de los sobrevivientes de la tragedia
Este fragmento de una declaración fue extraída de la página web «Que no se repita», de los familiares de las víctimas de Cromañón. Se trata de Santiago Morales, sobreviviente, cuando se presentó ante un Tribunal Ético por la Masacre de Cromañón, para brindar testimonio.
«Hola. Mi nombre es Santiago Morales. Soy sobreviviente de Cromañón y soy hermano de Sofía Morales, una joven más, una personita más que ha sido asesinada por los actos y las omisiones de personas concretas: por su negligencia, su corrupción, por el narcisismo político que enarbola una bandera con la consigna «el fin justifica los medios», por su falta de valores fraternos, en fin, asesinada por la putrefacción de un sistema que es especialista en el acto de concreción de muerte, y de la eterna postergación de la vida… con el cual hay que acabar ¡ya!»
«Mi intención es contarles los hechos desde mi punto de vista y desde el punto de vista nuestro, del Movimiento Cromañón, de acuerdo al cual estamos claramente posicionados desde una perspectiva e interpretamos los hechos conforme a nuestra experiencia vivida y nuestras agonías».
Año 2004. Fin de año. Nos encontramos con quienes más queremos para celebrar o llorar por el año concluido; suele hacerse un balance del mismo, pensando en las fortunas y desdichas vividas. Para quienes escuchábamos Callejeros, el recital del 30 de diciembre se presentaba como una linda posibilidad para cerrar el año escuchando este grupo.
«Al entrar a Cromañón, pocos minutos antes de que empiece el recital, tras esfuerzo conseguimos ubicarnos a la izquierda del escenario mirándolo de frente. Yo fui con mis dos hermanos mayores y con dos amigos más. Unos instantes después de ingresar, Omar Chabán, personaje similar a un bufón, nos habló al público diciéndonos, insultos mediante, que nos íbamos a morir todos como en Paraguay si prendíamos fuegos de artificio. Lo paradójico es que nos estaba pidiendo, tal y como lo hizo posteriormente Patricio Fontanet, que hagamos exactamente lo contrario de lo que él y el cantante de Callejeros solían decir implícitamente y decir explícitamente, respectivamente: el uso necesario de la pirotecnia para que un recital sea considerado como tal».
«Luego de esto, comenzó mi experiencia. Inicio del recital. Canción «Distinto». Alegría y felicidad saltando abrazado a mi hermana, ahora muerta. Cánticos y euforia generalizada. Luces fugaces de colores. Mucho calor. Mucho calor. Inesperada interrupción del grupo. Tregua. Fuego. Efímero fuego. Humo negro agresivo. Mucho calor y falta de aire. Olor asfixiante. Obscuridad. Penumbras. El infierno. Gritos de muerte, cual aullidos de Lucifer. Pérdida del conocimiento».
«Una vez fuera, parcialmente consciente, fui traslado al Hospital Pena, luego de ser tirado en la parte trasera de una camioneta de la policía (junto a muchos cuerpos más). Recobré totalmente la consciencia al entrar al Hospital.
«No pude servirme de un tubo de oxígeno constantemente, pues tuve que compartirlo con los otros moribundos como yo que estaban al lado mío (gesto fraterno llevado a cabo por mi mamá). La situación de caos y precariedad generalizada, y la falta absoluta de insumos, como ya dije, pudo haber sido evitada, simplemente, con voluntad y decisión política para intentar revertirla. Tras esto, 8 días en terapia intensiva. Duelo y desasosiego por la muerte de mi hermana. Proyectos y sueños derruidos. De aquí en adelante, los controles de salud y el tratamiento psicológico fueron moneda corriente».
«Doy gracias a la vida por tener pocos recuerdos concretos de esa noche a causa de mi rápida pérdida de conciencia. La injusticia, el dolor, la muerte, que encarnan unos por culpa de otros, dejan marcas concretas, no solo en los muertos que se lleva, sino también en los sobrevivientes que deja, y lo sabemos nosotros, los sobrevivientes de Cromañón, y lo saben los que han sufrido la desgarradora sensación de tener la panza vacía junto a la deshumanizante certeza de no tener con qué llenarla».


RT @24baires: A ocho años del incendio en #Cromañón: historia, legado y secuelas de una tragedia http://t.co/njizVh6z