Torquinst, una perla bonaerense


El Municipio continúa incrementando su oferta turística para una temporada que llega antes y con nuevas demandas. Calles antiguas, el Fortín Pavón de la época rosista, una bodega con los mejores vinos, y el Parque Provincial Paso de las Piedras, hacen de este pueblo pintoresco e histórico, una verdadera reliquia.

Según recientes declaraciones del intendente Gustavo Trankels, una de las actividades que mayor crecimiento ha experimentado en esta región, es el turismo, y por eso en esta época incrementan sus esfuerzos incorporando productos y alternativas que incentiven la afluencia de nuevos visitantes.

En un municipio tradicionalmente ligado a los atractivos de Sierra de la Ventana y Villa Ventana, la idea es seguir promocionando destinos como Saldungaray -pueblo pintoresco e histórico- y Torquinst, la cabecera del partido que conserva intacta la original obra del arquitecto Francisco Salamone, mundialmente reconocido por su estilo art decó, quien construyó, entre otras cosas, del Edificio Municipal. En Saldungaray también se puede apreciar el estilo de Salamone en el portal de entrada al cementerio, una monumental puerta que llama la atención en el despojado entorno pampeano.

Otros atractivos del pueblo son el Fortín Pavón, un enclave que funcionó como posta militar en la época de 1833 cuando Juan Manuel de Rosas emprendía su primera expedición al sur. En 1863 el pasa a ser un fortín, y la historia continúa a fines del siglo cuando el vasco-francés Pedro Saldungaray compra estas tierras y dona suficiente espacio para el trazado de un pueblo que tendrá como centro la estación del ferrocarril, inaugurada en 1903.

Más allá del atractivo de sus calles antiguas, esta localidad incorporó en los últimos años un producto que lo hace distinto en la región. Es la bodega Saldungaray, un emprendimiento que empezó en el año 2003 con la implantación de 20 hectáreas de las variedades de uvas Merlot, Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Pinot Noir, Chardonnay y Sauvignon Blanc, con plantas en espaldera y riego por goteo.

La bodega tiene una capacidad de producción de 200 mil litros, pero actualmente trabaja con volúmenes menores para cuidar la calidad de sus vinos. Tienen además productos de cosmética en base a la uva y el vino para realizar tratamientos de vinoterapia, y otra línea de cosmética en bases a arándanos y diversos berries. Estos frutos crecen junto a los viñedos, en un espacio donde también hay ciruelos y perales que ellos aprovechan para hacer dulces sin aditivos ni conservantes artificiales. La bodega Saldungaray implementa visitas guiadas y cuenta con un moderno restaurante abierto al público.

Otros lugares para visitar en las afueras del pueblo son el Parque Provincial Paso de las Piedras, en el que hay un embalse donde se puede pescar, y el Río Sauce Grande, cuyo caudal se aprovecha en el Balneario Municipal y en el que también se obtienen truchas criollas y pejerreyes. Dentro del pueblo se puede visitar la reconstrucción del Fortín Pavón, y la parroquia Nuestra Señora del Tránsito que tiene una original imagen en madera de la Virgen María en actitud de reposo, que fue traída por Pedro Saldungaray en 1909.

Además de estos atractivos, el municipio de Torquinst recibe continuamente visitantes por la riqueza visual y natural que brinda una geografía en la que sobresalen los cordones serranos de Ventania y Pillahuincó. Estos cordones pertenecen a un sistema bastante anterior a la formación de la cordillera de los Andes, ya que su edad es de unos 200 millones de años, y tienen en su interior abundantes sedimentos marinos de 400 millones de años. Es una formación que remite al desaparecido continente Gondwana. Su cerro más característico es el Tres Picos, el punto más alto de la provincia de Buenos Aires.

Para acceder y conocer en detalle este rico territorio, es imprescindible visitar el Parque Provincial Ernesto Torquinst, una reserva creada en 1937 para proteger las diversas especies animales que existen aquí, las huellas arqueológicas y el conocido cerro de la Ventana, declarado Monumento Nacional en 1959.

Funciona aquí un programa de educación ambiental que permite conocer los hábitos de una rica fauna compuesta por zorros, zorrinos, pumas, lagartos, guanacos, cuises, mulitas y una gran variedad de aves entre las que se destaca el águila mora. De los tiempos en que el mar ocupaba esta región quedan improntas en las rocas, y de la época en que habitaban aquí los pueblos originarios, hay pinturas y objetos que nos acercan a su cultura.

Finalmente, para conocer y caminar la montaña existen diferentes senderos, algunos de una hora de caminata y otros un poco más largos. Desde el pie del cerro de la ventana, parte escaladas de distinta dificultad aptas para todos los públicos.

Fuente: Por Javier Martínez Zuviría / Agepeba

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