¿Scioli o Jesús de Laferrere?

La Provincia ofrece un paisaje político curioso, con un Senado que impulsa reformas paradigmáticas en términos de seguridad democrática, y un gobierno al que acusan de estar más interesado en el glamour de Susana Giménez que en conversar con maestros, profesoras y otros trabajadores.

Le caiga o no simpático el dato al resto de la Argentina, la provincia de Buenos Aires es el territorio más poderoso del país, su jurisdicción política más influyente, casi decisiva, lo que obliga, o debería obligar, a sus dirigentes y funcionarios del Estado a realizar un esfuerzo doble de buena voluntad, de militancia, de eficacia. Al menos, de seriedad.

Sin embargo, en las máximas instancias del poder bonaerense, muy concretamente en la gobernación, lo planteado y deseado desde el párrafo anterior lejos está de constatarse en la realidad de la vida cotidiana: la semana que hoy finaliza los pibes y pibas de la provincia prácticamente no fueron a la escuela porque, con más que justificada razón, los sindicatos de maestros le están diciendo no al ajuste que el Ejecutivo impuso en el área Educación, al mal trato y matoneo del Ministerio de Trabajo que se olvida de la Constitución cuando amenaza a los laburantes con descontarles los días de paro.

Pese a todo ello, el gobernador Daniel Osvaldo Scioli (¿el Señor DOS, debemos llamarlo ahora?) se hace bien el gil o el sota, y calla, a tal punto que, ayer, el titular del sindicato UDOCBA, Miguel Díaz, salió a decir: “mientras la adhesión al paro es masiva, desde el gobierno provincial sólo balbucean amenazas a los trabajadores; no se entiende por qué Scioli no sale a hablar sobre el conflicto docente. Será que nosotros no tenemos glamour, no somos ni Maravilla Martínez ni Susana Giménez como para que él nos reciba. Nuestra realidad es otra, una gran cantidad de docentes no cobran desde marzo y hay 30 mil cartas documentos de compañeros y compañeras que ya fueron enviadas a la Dirección de Escuelas, intimándola para juicios. Evidentemente vivimos un caos institucional.”

Pero el gobernador parece dedicarse a otra cosa, porque quiere ser presidente pero un acto fallido traicionó a sus funcionarios más amigos.

Le inventaron La DOS, lo cual presupone que existe un uno (o una), que siempre va primero.

Un poco de humor, otro poco de sueños extraños, el inconsciente de la imaginaria unidad básica denominada Sigmund Freud y la Buenos Aires de Peter Capusotto y sus videos; casi el argumento obligado para las próximas líneas, antes de citar un ejemplo de la contracara de tanto sin sentido.

A la pobre Juan Domingo de Baldomero “Cacho” Álvarez le fallaron los cálculos, porque, después de varios meses y como podría decirse tras asistir a una fiesta donde se cortó la luz y a la cual no concurrió ni la mitad de los invitados, allí no pasó nada. Entonces, el jefe de Gabinete de Daniel Osvaldo Scioli, Alberto Pérez, llamó a funcionarios, legisladores y otros seguidores del gobernador, para que, todos juntos y en el Hotel Corregidor de La Plata, presentaran, el jueves pasado y en sociedad, a la tan aclamada La DOS, el nombre de una agrupación que refiere a las iniciales del jefe del Ejecutivo bonaerense: casi un arrebato como acto fallido, o de trampa del inconciente a la hora de admitir, así sin darse cuenta, cuál es el verdadero tono de la realidad.

Porque no se trata de Marcos, el subcomandante que así se bautizó por debajo de un ficticio comandante, aunque autoproclamándose el uno de una guerrilla, en México, que finalmente no fue; a menos que a quienes porten fusiles de palo y juguete se los llame combatientes. No. Se trata de un “dos”, así simple y rotundo, con todas las letras, pese a que del acta de fundación del espacio político que con esa palabra se nombra, diga lo siguiente: “Scioli, con su temple y experiencia, encarna el peronismo en el que creemos” y “lo mejor está por venir”. Nótese asimismo, que el fallido de los de La DOS tiene un lenguaje casi mesiánico, por no decir mesiánico del todo, como si de la llegada de un salvador bonaerense se tratase; tal cual el Jesús de Laferrere de Peter Capusotto y sus videos.

Entre los funcionarios que mejor se mostraron en la primera fila del Hotel Corregidor se encontraba el jefe de la (in) Seguridad, Ricardo Casal, oyendo que es “mucha la responsabilidad que ha depositado el pueblo de la provincia de Buenos Aires en Daniel Scioli, es mucha la expectativa hacia futuro que tiene cada uno de los argentinos en Daniel Scioli”; que así afirma la mencionada partida de nacimiento de La DOS. Queda claro, a menos que alguien le niegue al periodismo su capacidad interpretativa, que, y así lo destacaron ayer algunos medios bonaerenses, “el futuro con el que insisten el propio gobernador y sus seguidores cada vez que pueden, no es otro que el 2015”.

No sé si se ha llegado la hora de morfarse un pancho y tomarse una birra con los caretas, como dice Jesús de Laferrere, pero sí de intentar ver la vida desde el otro lado de la película de mal gusto producida por La DOS.

“Estamos haciendo todo lo posible por poner a la provincia en el siglo XXI”, decían el viernes a última hora en las cercanías del vicegobernador de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, después de lograda la media sanción en la Cámara Alta bonaerense, y por unanimidad de todos los bloques, del proyecto de Ministerio Público, con Fiscalía y Defensa separadas. Se trató de una iniciativa impulsada por los senadores Santiago Carreras y Cristina Fioramonti, que determina la implementación de un Ministerio Público Fiscal y uno de la Defensa, para la cual en el Senado provincial admitían que Mariotto desplegó un trabajo de verdadera orfebrería política, al lograr un respaldo de consenso entre todos los signos políticos para una iniciativa que, si se convierte en ley, impactará de lleno sobre el plexo de realidades sociales y políticas que conforman a la tan vapuleada agenda de seguridad.

El titular de la Cámara Alta, acompañado por un corriente cada día creciente de militancia territorial, viene trabajando esos proyectos de leyes conforme lo hiciera cuando, como último interventor del COMFER, se puso al hombro la orden entonces dada por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, de convertir finalmente en norma jurídica la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que espera su propio 7 de diciembre para desplegarse en totalidad, tal cual lo estableció la Corte Suprema.

En aquella oportunidad, el actual vicegobernador de Buenos Aires organizó cientos de foros ciudadanos en todo el país, para discutir los contenidos del proyecto; ahora hace lo mismo para debatir en torno a un paquete de iniciativas sobre seguridad en términos democráticos y sistemas judiciales, y bajo un principio político rector: romper la trama de complicidades entre el crimen, el poder político y elementos de las fuerzas de seguridad y del sistema de justicia.

La provincia de Buenos Aires, quise significar en el primer párrafo de este texto, es un territorio decisivo para la vida colectiva y en democracia de los argentinos. Merece más de lo que hace su Legislatura y menos confusión entre política y humor; ¡con todo lo que nos divierte el genial Capusotto!

Fuente: Por Víctor Ego Ducrot / Agepeba

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