Lo que también esconde la represión

Es todo tan brutal que no tenemos tiempo para detenernos a analizar la catarata de medidas de achicamiento de Estado, de recortes demoledores, los despidos masivos y por goteo, el uso discrecional de un poder judicial servil, la persecución de la oposición, los encarcelamientos injustos, la represión a la carta como nunca antes en democracia. Y, entre muchas otras pesadillas, reformas. Aunque no le tenemos que tener miedo a las reformas, nos dice Macri, mientras nos mete la mano en el bolsillo y en el futuro.

Pasa tanto y tan horrible y todo junto que cuesta encontrar el espacio necesario para entender qué están haciendo con nosotros. Es que eso es parte de la estrategia, golpearnos una y otra vez sin dejar que nos levantemos de la lona y mantenernos así, con la conciencia cacheteada. Porque, como nos aturden con las desgracias, terminamos viendo y escuchando lo que quieren que veamos y escuchemos. Si hasta dicen, como hizo Carrió desde su poco usada banca en el Congreso, que son los reprimidos los que cabecean los palos y no al revés: «Tengan cuidado los diputados de la oposición de no atropellar a las fuerzas del orden».

De la misma manera que es parte de la estrategia del gobierno sólo pedir la divina intervención de María Eugenia Vidal cuando ya no queda otro recurso, protegiendo, así, la figura con mejor imagen del PRO. Como sucedió en las últimas elecciones, donde la gobernadora no era candidata pero se hizo cargo de la voz y los hilos de Esteban Bullrich y habló por él durante toda la campaña, moviéndolo a su antojo y donándole un poco de su carisma, que se traduce en votos contantes y sonantes.

Pero la ocultan. Cuando las papas queman y la opinión pública parece contradecir las voluntades de Cambiemos, Vidal se guarda, como un oso en invierno, esperando que mejore el clima. Y mientras aclara, nos focalizamos en otras cosas, siempre urgentes e importantes, porque no nos dan tregua, porque nos asfixian con problemas.

Entonces, mientras se desarrolla con desparpajo el desastre nacional, en las provincias aprovechan para hacer sus propias trastadas. En Buenos Aires Vidal quiere modificar el sistema jubilatorio para docentes, judiciales, bancarios y hasta guardavidas. Pretende subir la edad jubilatoria, para empezar. Sí, ella, la de la sonrisa tallada y la voz suave, la política que cuenta con uno de los blindajes mediáticos más afilados y activos que se conocen, también busca accionar los resortes necesarios para sacarle derechos a los trabajadores.

Porque suspendidas las sesiones en Diputados y la Legislatura bonaerense, solo quedó la represión. Pero los medios tapan todo lo que gustan tapar. Los oligopólicos, los que tienen las manos manchadas con sangre, ésos. Entonces, gracias a esta cobertura aceitada, Vidal, quien fue la funcionaria con mayor exposición durante la campaña aunque no era candidata, quedó fuera del marco de autoritarismo y dolor en el que nos sumergió esta escalada atroz de violencia institucional del gobierno el último jueves.

Su suave voz queda legitimada para hablarnos de paz y esperanza mientras intenta desaparecer el Instituto de Previsión Social, generando terribles perjuicios para los estatales bonaerenses. Mientras intentan preservar su imagen, la gobernadora hace lo mismo que Macri en Nación, le quita recursos a los que menos tienen y beneficia a los poderosos. Porque, como aplica a rajatabla el manual feroz del ajuste de Cambiemos, también entrega a miles de bonaerenses atados de pies y manos a las fauces de la pobreza.

Fuente: María José Sánchez / 24baires.com

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