No perdonamos, no olvidamos: no hay reconciliación posible

Dijimos que no perdonamos. Y no perdonamos. Dijimos que no había reconciliación posible, y no la hubo, jamás. Dijimos que no olvidamos, y nosotros ejercitamos la Memoria todos los días, por elección tenemos vedado el acceso al olvido.

No mentimos. Tampoco odiamos, por eso buscamos justicia, cobijados bajo el techo de la verdad, que contiene y abriga. Porque nos hicieron mal, nos lastimaron de la manera más cruel: nos robaron a nuestros hijos. Se los llevaron, así, un día. Les hicieron las pesadillas que todavía nos atacan en sueños y nunca, pero nunca más supimos nada de ellos. Entonces, cuando pidieron que perdonemos y olvidemos, les explicamos que no podemos reconciliarnos con quienes secuestraron, violaron y asesinaron nuestros hijos, sustrayéndole la identidad a cientos de nuestros nietos.

Porque lo más justo hubiera sido que no los secuestren, no los torturen, no les roben sus bebés, no los asesinen, no los desaparezcan de nosotros para siempre. Pero esa noche oscura pasó, nos atravesó, nos acuchilló salvaje, y nos dejó así, como somos, como estamos. Somos lo que hicieron de nosotros, mientras intentamos ser nosotros.

Pero la justicia que obtuvimos los mandó a la cárcel, que era lo que buscamos, después de la masacre. Algunos represores murieron ahí, como Videla, en el sitio que la Historia les deparó. La Historia que escribimos con la sangre que derramaron 30.000 compañeros y compañeras. Escribimos con el pulso firme de los puños que ellos alzaron contra el capitalismo, contra la eliminación de la industria nacional, contra el endeudamiento, contra la represión y la pobreza sistematizada. Y esa Historia, la del Pueblo, juzgó y dijo que los genocidas van a prisión. Ésos fueron y son los juicios a los represores, a los cómplices, incluidos los civiles y eclesiásticos: el resultado es cárcel común, perpetua y efectiva. Y hay que escribirlo, aunque repetido, así, clarito, porque parece que hay gente que todavía no entiende.

Los crímenes de Lesa Humanidad no prescriben. Punto. Ni a la casa por viejos, ni a la casa por reducción de penas. Sus atrocidades repercuten día a día en la sociedad que desbastaron, por eso no son crímenes comunes: un plan sistemático de eliminación del Pueblo no puede reducirse al 2×1. Y nos hablan de que la buena conducta de los detenidos puede hacerlos susceptibles a este beneficio. ¿Buena conducta? Que digan qué hicieron con nuestros hijos e hijas secuestrados y torturados. Que digan dónde están los 400 nietos que nos faltan. Que digan a quiénes repartieron los bienes de los desaparecidos. Si ni siquiera se arrepintieron de sus actos durante los juicios, sino que los reivindicaron.

Los crímenes de Lesa Humanidad sólo merecen las condenas que obtuvimos después de 40 años de lucha permanente, merecen el eterno repudio de un país que padeció la destrucción del entramado social en manos de dictadores sanguinarios. Desde la Corte Suprema de Justicia, con los votos positivos de Elena Highton de Nolasco, Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti, intentan demoler la construcción de la Memoria. Vinieron por todo, vinieron a aniquilarnos la voluntad, nos quieren tristes y quietos, sin reacción. Nos quieren partidos al medio, abiertos de lado a lado con la herida siempre expuesta. Porque la reconciliación que ansían los que se beneficiaron con la dictadura no existe. Hace unos años eran millonarios asustados porque la justicia se iba acercando a sus empresas, porque les pedíamos explicaciones, porque sabían que nosotros sabemos lo que hicieron, cómplices del genocidio. Pero ahora son millonarios tranquilos, porque ven que nos gobierna un amigo de ellos, otro empresario que incrementó obscenamente sus activos con la dictadura. Porque el cambio que vivimos es profundo y despiadado. No se detiene, nada lo frena excepto un pueblo organizado, empoderado, conocedor de sus derechos, defensor de sus conquistas y sus muertos. Y eso, todavía, les da pánico, por eso nos reprimen y reprimirán en cada una de las protestas y reclamos por todo lo que nos van quitando.

Hoy es jueves, hay ronda en la plaza. Me voy a dar la vuelta con ellas. Hoy, además, es el cumple de Angelita, una Abuela que encontró a su nieto. Vamos a festejar eso, a festejarla, porque la alegría sigue siendo nuestra, porque el amor es el motor de la lucha, porque seguimos acá, al lado de nuestras Madres, de pie.

Fuente: María José Sánchez / 24baires.com

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