Nacimos para vivir

¿Quién de nosotras no vuelve hoy a su casa? ¿Quién de nosotras hoy no vuelve nunca más a su casa? Miramos a nuestro alrededor y nos preguntamos eso, todo los días. Cuando dejamos a una amiga, de noche, le pedimos que nos avise cuando llegue a destino, porque no sabemos si llega. Porque tenemos miedo que no, que ese mensaje falte, que ella desaparezca en esta oscuridad y haya que buscarla, y pedir, y preguntar, y no saber. Y vivir así no está bien.

Yo no nací para que me mate un déspota que odia a las mujeres por ser mujeres. Que cree que mi cuerpo es el campo fértil para que germine su perversión. Micaela no nació para que la maten y la entierren por ahí. Araceli no nació para que la maten y la tapen con cemento. Nacimos para vivir. ¿Entendés? Queremos vivir. Pero parece que es eso, justamente, lo que más molesta. Como si no tuviéramos el derecho, como si muchas de nosotras, cada vez con más frecuencia, tuviéramos que, con nuestra sangre, pagarles a los hombres una especie de peaje por estar vivas.
La misoginia y el machismo nos están matando, pero siguen pensando que las violentas somos nosotras, cuando pintamos una pared. Violencia es otra cosa. ¿Sabés por qué? Porque Micaela no vuelve, pero a vos todavía te parece gracioso hacer «chistes» sobre mujeres, creés que no hacés ningún daño con eso. Porque Araceli no vuelve, pero a vos todavía te parece más indignante un patrullero escrachado por la bronca, o que una mina se quede en tetas en la playa.
Porque todavía no entendés que mi cuerpo, es mío y que nada, nada, te habilita a decidir por mí, nunca. Porque todavía no entendés que NO, es NO. Que me puedo vestir como quiera, porque no te estoy provocando: sos vos y toda tu ignorancia, proyectando sobre mí.
¿Sabés por qué a veces no nos gusta caminar solas de noche? Por vos. Porque vos podés estar por ahí, en la sombra. Porque el problema no es cómo vayamos vestidas, ni qué hora es, ni si estoy o no acompañada. El problema sos vos. Porque creés que algo en mi apariencia busca provocarte. Porque creés que si voy con otra mujer también estamos “solas”, porque no hay un hombre entre nosotras. Porque vos de verdad creés que podés hacer lo que quieras conmigo.
Los hombres nos violan y nos matan porque pueden. Porque les enseñaron que estamos acá para servirlos, aun si eso significa morir en sus manos. Porque cuando gobiernan, dicen que nos gusta que nos digan qué lindo culo tenés, o explican con un desconocimiento que abruma, que las campañas por Ni una Menos son una moda. Porque eligen desfinanciar las políticas que deberían educar y prevenir.
Los hombres nos violan y nos matan, porque hay otras mujeres que también piensan que mi pollera corta tiene la culpa de todo. A todos ellos y todas ellas: no nos mientan más. Dicen que nos quieren vivas, y su discurso oportunista se destruye contra el paredón de una misoginia que ni siquiera atinan a revisar.
Siglos y siglos machacando la mentira, encerrándonos entre cuatro paredes, junto a una hornalla. Siglos y siglos ahondando en la desigualdad, violentándonos no sólo físicamente, sino también psicológica y económicamente. Porque el sometimiento ha intentado ser total.
Pero les decimos que no, que el problema son ellos, los hijos sanos de esta injusta sociedad patriarcal, que tiene que caer. Les decimos que nacimos para vivir. Les decimos que somos hermanas, que nuestro abrazo se ensancha y nos busca, nos une. Las abrazo, entonces, compañeras. Me hago fuerte ahí. Que el dolor se haga trinchera. De acá no nos mueven. Nunca un paso atrás. Porque si resistimos, si aguantamos, si no dejamos de un luchar, un día se va a acabar, se va a acabar esta costumbre de matar.

Fuente: María José Sánchez / 24baires.com

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