Nosotros también sabemos

Terminó un marzo histórico, de lucha, de empoderamiento popular, que nos encontró en las calles peleando por nuestros derechos. Porque no sólo salimos a marchar y exigir el fin de los tarifazos y despidos, también salimos a denunciar que los hijos dilectos del patriarcado nos matan por ser mujeres, y entendimos que debemos proteger aquello que creemos intocable: defendimos la Educación Pública, la Memoria, la Verdad y la Justicia, como siempre, como nunca.

Este jueves un Paro General volvió a señalar “caliente” en el termómetro social, a pesar de que algunos de los máximos dirigentes gremiales del país hayan perdido la vehemencia de otras épocas, donde de verdad detenían todo, concentraban y marchaban y realizaban encendidos discursos por el Impuesto a las Ganancias, por ejemplo.
Pero la radicalización de antaño hoy se extingue bajo acuerdos espurios y traidores, donde los trabajadores dejan de ser sujetos de derecho para transformarse en la moneda de un cambio vil, entre un puñado de empresarios que se juntan en triunvirato y el gobierno actual.
Fue un paro que surgió desde las entrañas de un pueblo maltratado, abrumado, acechado por el gran cuco del desempleo, porque el hambre le respira cerca a quienes antes, y no hace tanto, sí lograban mantenerlo a raya sin padecer la cercanía de su aliento a diario. La dirigencia, por una vez, se allanó a sus dirigidos y le puso fecha a un grito que retumbaba (y retumba) en todas las calles del país. Pero surgió pervertido por una CGT que lo convocó bañado por la tibieza de la falta de convicciones, con los dedos cruzados, casi como de mentirita, para quitarle la movilización a una huelga que no pudieron contener.
Es que no hay espacio ni tiempo para tibiezas y dudas. Están destripando nuestro presente con la excusa increíble de que es para arreglar el pasado. Y con esa mentira en sus bocas, van comiéndose nuestros derechos conquistados siempre con esfuerzo. Le dicen “herencia” a las épocas donde esos derechos podían obtenerse o fortalecerse, y para ellos eso es un capital negativo, a corregir o eliminar. Porque vinieron a destruir y eso están haciendo con obsesión meticulosa.
No se confunden, no se equivocan, no están aprendiendo. Saben lo que hacen. Están implementando un plan sistemático de vaciamiento de las instituciones, de entrega de la soberanía, de endeudamiento, de estigmatización a la educación pública (porque es para todos y gratuita), de multiplicación exponencial de la pobreza y la miseria, de criminalización de la protesta social, porque te pueden arrancan hasta el pellejo de los huesos, pero no podés quejarte.
El plan es conocido, el plan es obvio: ajuste mortal, tarifazos imposibles, despidos a mansalva, cierre de pymes, perdida paulatina de derechos, represión, hambre, hambre, hambre.
Ellos saben qué hacen, tienen plena conciencia de todo. Y nosotros también sabemos. Porque si estuviéramos sumidos en esa ignorancia a la que quieren empujarnos, no saldríamos a las calles, no marcharíamos para bancar a los maestros, no gritaríamos fuerte y claro ¡mi cuerpo es mío!, no diríamos que las Madres y las Abuelas no se tocan, que la Memoria es tierra conquistada, y que nadie podrá echarnos nunca de allí. Si no fuéramos el pueblo empoderado que somos, no saldríamos a enfrentar las balas y los gases con las convicciones firmes, como rocas.
Ellos son fuertes, tienen los medios de comunicación y todo el aparato del Estado, que supo ser contenedor, y hoy se vuele opresor y atroz. Pero nosotros estamos de pie. Somos un pueblo digno, aunque nos hayan dicho que nos mal acostumbramos, que no teníamos los derechos que creíamos, que no nos merecíamos vivir mejor. Somos dignos mientras luchemos por el otro, que siempre, siempre es la Patria.

Fuente: María José Sánchez

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