HAY QUIEN LE PARE. BAIRES VEINTE DIECISITE ¿CAP. 1?

Cada año, llegados a fines de febrero o principios de marzo la paritaria docente nos tiene en vilo. Año tras año para estas fechas la educación se pone sobre el tapete y sobrevuelan apreciaciones que año a año se repiten. Lo tenemos bien presente: es una negociación marcada por una temporalidad bien clara, signada por la fecha pautada para el inicio de las clases y en que la dificultad de llegar a un acuerdo tiene por moneda corriente el paro y el no inicio de clases en tiempo y forma.

Este año no fue la excepción y, a diferencia del año pasado, las clases no empezaron en la fecha pautada. Con sobradas razones, los gremios docentes -o si se prefiere los docentes a secas- pararon y se movilizaron de manera multitudinaria superando las expectativas de muchos, haciendo oir su voz, plantándole cara al gobierno, poniendo a ojos de todos lo que traman: achicamiento del Estado -del que la educación es victima por excelencia- y otro año de embestida contra los salarios. Aquello fue una verdadera demostración de fuerzas que esperanza, invita a pensar que es posible llevar al gobierno a dar el brazo a torcer y deja languideciendo las campañas mediáticas que apuntaron contra el paro docente. Tras la movilización el paro se extendió a los siguientes días. Aun con semejante medida de fuerza, nuestros gobernantes no han dado el brazo a torcer, no han cedido, no han llevado a la mesa ofertas superadoras. Duros en su posición, incierto es el efecto que tendrá esta actitud ¿piantavotos? de un gobierno que en un año electoral ajusta sin mayores miramientos.

Aquel paro con movilización del lunes pasado fue el primer gran paro con movilización del año y la primera gran movilización de un marzo que nos entrega la postal de un pueblo en las calles protestando contra el ajuste, el empobrecimiento, contra este modelo económico, contra las medidas y propósitos -a esta altura ya muy evidentes- del gobierno.

Aquel primer paro y todos los días de paro que le siguieron tuvieron por principales destinatarios al Ejecutivo nacional y la gobernación bonaerense, fueron contra la eliminación de la paritaria nacional docente y en respuesta a una oferta de incremento salarial docente que en la provincia de Buenos Aires es claramente una burla, una trampa y prácticamente garantía de un nuevo año de merma en el salario real.

El colectivo docente es numeroso, diverso y para la experiencia cotidiana de muchos omnipresente y cercano. Distintas apreciaciones pueden hacerse de la educación en Argentina y las realidades de los docentes. En lo que puede estarse fácilmente de acuerdo es en que en esta paritaria –la paritaria docente bonaerense- se juega la suerte de la economía de muchas familias.
Se juega mucho. Un segundo año de perdida de poder adquisitivo sería haber ido demasiado lejos.
La paritaria docente es una paritaria testigo, inaugural de cada año. Testigo para los trabajadores en general y para los estatales en particular. Mover al gobierno de sus guarismos seria una esperanzadora gesta y no lograrlo un mal comienzo para este 2017, en que unos salarios que una vez más pierdan por varios puntos contra la inflación -o si se prefiere el aumento del costo de vida- sería un tremendo golpe.

Valga hacer foco en el estado de la cuestión.

El 2016, a pocos meses de llegada María Eugenia Vidal a la gobernación, conoció de un inicio de clases en tiempo y forma, no sin tensiones y gracias a una ayuda de último momento que acudió desde el Estado nacional, con un aumento de casi el 35% en cuotas. En aquel momento el acuerdo podía no parecer tan malo. Ligeramente estaba abierta la posibilidad de reabrir la negociación luego de agosto. Empezado el ciclo lectivo no hubo más negociaciones, la inflación supero ese guarismo y los docentes terminaron el año perdiendo poder adquisitivo como la mayor parte de los trabajadores.

Hoy -año 2017- la propuesta del 18% en cuotas huele a poco. La presentan como un empate frente a la inflación. Queda atrás cualquier pretensión de jerarquizar salarialmente a los docentes. Dicen “contemos desde acá” sin poner en consideración la pérdida de poder adquisitivo que legó el 2016 y que ellos mismos gestaron. Se desentienden de recomponer lo perdido en 2016 y a decir verdad no parece realista un pronóstico inflacionario del 18%.
Si la inflación traspasa ese guarismo –cosa que seguramente ocurra-, dicen, estarán dispuestos a sentarse para volver a acordar incrementos que emparden la inflación. Difícilmente así lo hagan y difícilmente el índice que reconozcan se corresponda con los aumentos de bienes y servicios que más impacten en la economía de las familias.
¿Es el 18% un pronóstico realista de la inflación? Seguramente no. Y mucho menos es un 18% una pauta de incremento suficiente para cubrir los aumentos del costo de vida habidos y por haber.
La gobernadora arguye que dan el aumento posible, que hacen el mayor esfuerzo, llamando a la austeridad. Acaso una austeridad equivocada, que persigue un determinado interés, ni necesaria ni irremediable: autoimpuesta. Sino por ella, por el signo político que gobierna y la contiene. Otra forma de ejecutar el gasto público es posible, hay de donde echar mano recaudando y reasignando partidas. Es una cuestión de prioridades.
Desde gobernación, a los gremios docentes le han dicho intransigentes, han hablado de que el paro era una decisión a priori, una maniobra política y que no estaban dispuestos a negociar. Ellos, que advierten y cumplen en descontar los días de paro, tildan de sindicalismo extorsivo a la tenacidad de los gremios docentes que en defensa de salarios dignos, para que en sus negociaciones al menos no pierdan o pierdan lo menos posible pararan para hacerse oir y hacer notar.
¿Y cómo hacerse valer si no es parando? ¿Serviles, ingenuos, resignados en las aulas así como así? El momento es ahora, con el ciclo lectivo iniciado resultara mas difícil entablar negociaciones, hacerse valer, ser escuchados. La sospecha de que no hay predisposición del gobierno a rever acuerdos entrado el año y vista la inflación conceder otro aumento parece mas que fundada. Eso es casi un hecho.
La tensión parece dar para largo. Como nos hemos anoticiado, de no mediar alguna oferta que resulte satisfactoria, seguiremos con paros para esta semana.
Imposible no contraponer los dichos y los hechos de un gobierno que con toda la demagogia y tilinguería convocante del caso hizo alardes de priorizar la educación con aires civilizadores e invocándola como instancia de la igualdad de oportunidades y el ascenso social. Tan distintos se decían, tan de que iban a hacer la gran diferencia, pero ya salta a la vista cuanto vulneran la educación dándole la espalda a la decisión de jerarquizar los salarios docentes que, por el contrario, degradan, cuanto vulneran ese propósito cuando atentan contra las condiciones de educabilidad, cuanto vulneran el derecho a la educación cuando ajustan en el área.

Fuente: Juan Martín Perriello| 24Baires

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