Mau, el Demoledor

«Lo que ustedes llaman aciertos, son errores,
los que reconocen como errores, son crímenes,
y lo que omiten, son calamidades»

(Rodolfo Walsh)

Hay un cuento del enorme Cortázar, uno de sus más afamados y conocidos, que se me representa en las escenas de la vida cotidiana, esta vida cascoteada por ladrones millonarios que no iban a venir a robar, ¿no?.
Casa tomada es una narración que se presta a diversos análisis, pero que podríamos coincidir en describir, a grandes rasgos, como una historia donde hay algo o alguien que va acaparando partes de una casa, y sus habitantes se van recluyendo, temerosos y confusos, en los sitios que les quedan. Hasta que ya no les queda nada, y su casa ya no les pertenece.
Y en eso estoy, encontrándonos en esas páginas, viéndonos ir de una habitación a otra, cada vez más pequeña e incómoda, cada vez más amuchados y desesperados. Refugiándonos en los rincones a los que aun no han llegado, escuchando el siniestro sonido que hacen, mientras se acercan.
A catorce meses de gobierno, han ido avanzando con la guadaña del hambre a todo un pueblo. Con un cinismo que estremece, nos han mentido con el descaro del egoísta, de quien tiene vedado el acceso a sentir por el otro. Y estos faltos de empatía, nos han ido descuartizando, atontándonos con esta volcánica aniquilación de nuestros derechos.
Nos quitan la comida de la boca y nos dicen que es porque estuvo muy mal que nos acostumbráramos a comer. Y la culpa es nuestra, como el hambre. Y nos lo dicen con esa sonrisa hipócrita que saben portar, mientras de las comisuras les chorrea la sangre que nos acaban de chupar.
¿Sabés dónde mienten? Por ejemplo, en la Apertura de Sesiones Macri habló. Dijo que conectarán dos mil escuelas rurales a internet mediante el satélite ARSAT2 . Cuando él había dicho que nunca vio “un gobierno que malgaste tantos recursos: se tiran fibras ópticas que no hacen falta, se generan empresas satelitales que no funcionan y no rinden cuentas”. Se refería al kirchnerismo y, claro, él estaba en campaña.
Luego puso en duda en su discurso que hayan amenazado a Baradel, realizando, así, uno de los actos más irresponsables que vi en mi vida en un funcionario público. Después de eso, dijo que hay que terminar con los patrones que reproducen la violencia machista. Él, que dijo con toda la boca que a las mujeres les gusta que le digan «qué lindo culo que tenés», por ejemplo, entre otras atrocidades, falacias e hipocresías.
Ellos, este ato de empresarios que nos gobierna, dicen entender el dolor del pueblo. Pero le perdonan a sus amigos dueños de las empresas distribuidoras de energía eléctrica 19.000 millones de pesos, y con la cara endurecida por esa hipocresía que les brota de los poros, nos dicen que debemos pagar todos los aumentos con alegría.
Mintieron. Dijeron que era campaña del miedo y nos quedamos cortos en denunciar lo que iban a hacer, pues estos meses han sido una montaña rusa de terror, y en la vorágine solo hemos perdido. Tenemos menos derechos que hace un año. Hay un millón y medio más de pobres y todavía hay que soportar el cinismo abusivo de escuchar como nos dicen que es nuestra culpa, que nos acostumbramos (y mal) a vivir mejor. No es sólo que ellos no saben cómo hacer para que el pueblo eleve su calidad de vida, es que no tienen ninguna intención de que algo así suceda. Nos quieren pobres, tristes, callados, revisando la basura que ellos descartan, mendigando una gota de esa copa que nunca derrama.
Y capaz que vos los votaste, porque les creíste. O porque querías que se fueran los que estaban y hoy no sólo ves que está todo peor, sino que lo vivís. Te alcanza cada vez menos la plata, gente que conocés se queda sin laburo, ya no te sirve el verso de los ñoquis. La realidad que te vendieron no existía, ahora podés comprobarlo. También podés tener memoria y no volver a votarlos.
Tenemos que estar atentos y cuidarnos entre nosotros. Tenemos que cuidar las habitaciones de esta casa que están tomando, con la prepotencia del que sólo sabe mirar al otro desde arriba. Tenemos que seguir en la calle, y que nadie nos mienta: es, fue y será nuestra.
Porque ellos son la peste. Son el hambre. Son la muerte. Vinieron a quitarnos la comida de boca, a destruir la educación pública, a endeudarnos para toda la vida. A querer manchar los pañuelos blancos, a meterse con la Memoria y la Verdad, como si ellos siquiera pudieran aspirar a alcanzar la suela de las pisadas que han dejado más de 40 años de lucha, marcando camino. Son todo lo malo de este mundo. Porque son los que le sacaron las cunitas a los bebés y los remedios a los viejos. Nunca, nunca te olvides de eso.

Fuente: Maeía José Sánchez