Carnaval

carnavales bonaerenses¡Carnaval, carnaval, qué inconsciente
atropellas con tu bufonada!
Yo soy joven, te espero de frente,
dile a Momo que saque su espada…
Tu locura, tu cruel ironía
dejan huellas después que tú pasas;
y conviertes dichosos en tristes
a esos pobres ya nadie los salva.
(“Juventud”, tango de Roberto
Aubriot Barboza)

Viene el tiempo de los corsos. Gracias a la democracia que los restauró, hoy, los que lo deseen, podrán festejar el carnaval.

Claro, tantos años de prohibición han dejado su rastro. No pensar es moderno y representa el cambio. Así que el carnaval argentino, ese de las comparsas, el pomo, el agua florida y las mascaritas, ya no se festeja. Ni siquiera se ha ensayado una evolución de esas costumbres. Por lo tanto, no se entiende bien qué cosa se reclamaba que se vuelva a festejar. En su lugar, como con San Valentín, Halloween o San Patricio, se importa una fiesta brasilera. Mirarnos para adentro, elaborar una festividad que nos identifique puede dejarnos afuera del mundo, y al menos por estas latitudes, ya no hay más carnaval que el brasilero.

Sin embargo, otros ensayan nuevas maneras de rendir culto al Rey Momo. Muchos argentinos son muy proclives a bajar la cabeza ante los monarcas. Entonces se viene preparando una nueva celebración en la que, a diferencia de otros carnavales, el juego consiste en que las máscaras caigan de una vez. Ya no es la inseguridad, la ampliación de derechos, el casamiento de personas del mismo sexo, el dólar, Clarín, la asignación por hijo, Aerolíneas, YPF, el campo. Ya no se intenta encontrar pruebas de nada, Para qué, si el canal de noticias piensa por nosotros y ese pensamiento nos une con el vecino, eliminando la grieta. Simplemente se pide que Momo gobierne de una vez. No se sienten seguros para las elecciones y, dicho sea de paso, tampoco son muy afectos a estas maniobras electorales en las que se suelen imponer esas impúdicas mayorías. Ahora tienen un mártir, y menos ganas de razonar que nunca. Y van a marchar por el esclarecimiento de la muerte de un buchón de la CIA, en cuya causa, nada indica que no haya sido un suicidio. Qué mala suerte esta gente: nunca apoya a nada que tenga que ver con las instituciones.

Entre los que marchan “sin banderías politicas”, que es en sí, una bandería política, habrá algunos cuyas miserias resultan más patéticas aún. Son los que dicen representar a fuerzas provenientes de aquello que se denomina “progresismo”. Han sido durante todos estos años idiotas útiles que equivocaron el amo. Porque sirvieron a aquellos que han hambreado a los trabajadores a quienes aseguran defender, sin lograr siquiera un puesto político, una banca, un reconocimiento. Tal vez si se hubieran puesto al sol del gobierno, hubieran logrado algo más, al menos para ese pueblo por el que dicen conmoverse. Una hipocresía menos traidora del pensamiento que dicen detentar. Sin embargo, no. Han marchado una y otra vez con la peor basura.

Para ellos, que marchan con Macri, con Pando, con Massa, con Morales y con Sanz, el gobierno “es la derecha”. No reconocen enemigos comunes con el gobierno, ni creen en operaciones destituyentes.

Intentan expresar que Clarín es una especie de o.n.g. inocua, sólo porque suponen que así, en el remoto caso de llegar a gobernar, el multimedio no los va a molestar ni imponer agenda. Si así fuera, su gestión no sería otra cosa que entregar el poder a los Magnetto boys. Son la izquierda de la destitución, no del pensamiento político, como el perro que da vueltas alrededor de la mesa donde se come asado, por si a alguien se le cae un huesito.

Así viene el corso, con mayor virulencia a medida que se confirme que lo de Nisman no fue más que un suicidio cuya causa tal vez sea la presión de esta misma gente que hoy va a la comparsa a llorarlo.

Y, admitámoslo, allí irá un montón de ciudadanos a la que no le interesan comprobaciones científicas ni pruebas judiciales, sino que no quieren sentir mas olor a negro, que el vecino no sea del Procrear, que no quieren que un gobierno auspicie la igualdad de los argentinos, que sienten que el imperio de una ley mas justa les desmorona el mundo. Esa clase merdia cuyo pensamiento político es el odio, que porque algo les costó en la vida, demandan que a todos les cueste mucho más. Dios ya no existe, y la Patria la han ocupado jóvenes con mejores intenciones. Así que hay que marchar con el odio ya desnudo, si no se les ocurre alguna otra buena intención que lo oculte un rato más.

Marchan porque creen que la Tierra es plana, y aunque se haya comprobado lo contrario, habría que aplanarla “porque así es como debe ser”.

Piden Justicia los que deben hacerla. Piden Justicia, y marchan con los que apoyaron todas las dictaduras desde las estancias. Piden Justicia y marchan con los explicadores del corralito, con los mesías del hambre, con los desempleadores masivos, con los que se fueron en el helicóptero y con los que lloran a Joe. Piden Justicia los periodistas que visitaban los campos de concentración tucumanos, las prostitutas de los fondos buitre, las que achicaban jubilaciones, junto a los jubilados, los jefes de prensa de la corrupción vaticana. Piden justicia las apologistas de la dictadura y el robo de bebés, los falsos socialistas que liberaron la droga en su provincia, los endeudadotes. Todos piden justicia.

Cualquiera diría que los fiscales deberían marchar con talonarios de órdenes de detención bajo el brazo, por la calidad de los concurrentes.

Fuente: Jorge Tesán para 24Baires