Las hipótesis ficcionales y la realidad

lagomarsino 1No sé qué les ocurrirá a otros escritores, pero imagino que a muchos les han dicho por estos días cosas como “Seguro todo esto te da un montón de ideas para un policial”, o similares. Lo cierto es que, personalmente, prefiero mis propias ideas, por simples o malas que resulten, porque es así como me siento cómoda, aunque a veces sean ideas incómodas. Suena extraño pero seguro se entiende.

Es común que algunos conocidos más o menos cercanos te digan alguna vez que tienen una historia genial para que la escribas y quizá, en algún momento la utilices en algo, porque la ficción puede ser moldeada a nuestro parecer, podemos amasarla a voluntad, recortarla, tusarla sin piedad o inflarla como un globo. Y la realidad es otra cosa. Debe ser otra cosa. Podemos ficcionalizar hechos reales, naturalmente, pero no podemos hacer de la ficción la realidad acomodaticia que necesitamos que exista. Porque eso no es otra cosa que mentir.
Sería como el trabajo del anti escritor: trastocar los hechos pretendiéndolos reales. Y los escritores no hacemos eso, todo lo contrario. Hay periodistas que sí lo hacen, lastimando mucho la profesión que practican. Para ejemplificar esto, vamos a seleccionar brevemente y con torpeza algunas de las hipótesis que se nos han presentado estos días como si estuviéramos leyendo una novela policial.

La hipótesis del acusado inocente:

Ayer pudimos ver un montaje berreta, una obra de marionetas mal montada, donde los hilos se veían con claridad hasta para los miopes. Una conferencia de prensa aparatosa que lo único que logró fue hundirnos un poco más en las dudas. Y después debimos padecer las lecturas mediáticas de la rara historia que nos contaron Lagomarsino y Rusconi, su abogado, ese que ya defendió a Menem.
Insistieron en el terrible momento que está pasando Diego, donde actuó de buena fe al entregar un arma al fiscal. Donde sólo quiso ayudarlo cuando éste se lo solicitó.

La hipótesis del asesino o cómplice de asesinato:

Qué sentí yo al ver a ese asesor informático en la tele es irrelevante, no aportaría nada a la causa de la muerte de Nisman, esa que queremos fervientemente que se resuelva. No creo que sumen mis apreciaciones de sus dichos y gestos pero puedo permitirme decir que lo único que logré al verlo es confundirme más: la insistencia en algunos puntos, como remarcar la cantidad de resaltadotes amarillos que vio sobre la mesa cuando entró en el departamento o cómo tuvo que hacerse el café solito, fueron datos que me llamaron poderosamente la atención.
Es impresionante la memoria que tiene Lagomarsino para recordar cada cosa dicha por teléfono y en persona esa día y cada movimiento, personas con las que se cruzó al llegar a Le Parc y cosas que hizo y vio en la casa de Nisman. Su facilidad para rememorar todo es llamativa, así como la endeble forma en que expuso su participación más que necesaria en la muerte de la que todos hablamos. Si bien los detalles deben ser significativos, imagino que más importante es saber por qué quiso sacar de urgencia el pasaporte después de la muerte del fiscal, o por qué le prestó un arma “vieja que fallaba” a quien él le arreglaba la computadora y tenía muchas formas de conseguir una por otros medios, pero hay que prestar atención a todo.

La hipótesis del espía desenmascarado:

Mientras sigue la investigación, vamos sabiendo cosas que sólo incrementan los supuestos y magnifican las dudas. Como, por ejemplo, la afirmación de José Iglesias, padre de una víctima de Cromañón, de que Lagomarsino dijo ser fotógrafo en 2005 y entró a su casa para retratar la habitación de su difunto hijo y que luego lo acompañó a reuniones y siguió sacando fotos. Que luego lo encontró en la calle y el técnico informático cruzó de vereda. “Mi mujer (que es fotógrafa) se dio cuenta que necesitaba flash y no lo usó y ahí empezamos a dudar de él”, afirma Iglesias, quien se presentó a declarar en la fiscalía para relatar estos hechos.

¿Son estos condimentos interesantes para una historia de ficción? Si, claro, son bastante comunes de hecho, y en las grandes plumas del género policial hemos leído historias mejores. Pero esto sirve para entender cómo todo puede variar de acuerdo a la perspectiva desde donde se lo mire y desde dónde nos informemos y qué filtros coloquemos a esas noticias.
Aunque insistan en lo contrario y se esfuercen con ahínco en las tapas de los diarios, por ahora elijo creer que la realidad no superará a la imaginación, aunque, como dijo el grandioso Stephen King: “A veces la vida escupe coincidencias que ningún escritor de ficción se atrevería a copiar”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: María José Sánchez |24Baires