A quién le importa la verdad

nisman-1Si ya decidiste qué creer, aun sin saber, significa que la verdad no está entre tus intereses más acuciantes. Y no importa qué hayas decidido creer. Si elegís no esperar pruebas, argumentos y razones y señalar con tu ya gastado dedo de señalar todo lo que no se encuadra en tus gustos y necesidades o se escapa a tus conocimientos, la verdad te es tan extraña como te es conocida la ignorancia. Si es así, no hay más que decir para vos, dejá de leer en este punto.

Si no es así y, si bien tenés tus presunciones, como todos, pero querés saber realmente qué pasó más allá de lo que supongas, bueno, avancemos juntos en esta noche oscura que no se va desde el lunes por la madrugada. Y avancemos de la mano, para no perdernos y porque, te aseguro, vamos a sentir algo de miedo cuanto más lejos lleguemos.

¿Develaremos los misterios que rodean la muerte del Fiscal Nisman? Claro que no. No somos peritos forenses ni está en nuestras capacidades realizar semejante proeza. Pero, al menos, reflexionemos con responsabilidad, sin imponer nada a nadie, sin dar por sentadas opiniones personales como si fueran irreductibles hechos de la realidad.

No hablemos de habitaciones cerradas, de puertas sin pestillo, de calibres ni de cajas encomendadas a proveedores de armas. No hablemos de lo que no sabemos. O dejémoslo a la literatura que gustosa abordará esas cuestiones pudiéndole inventar finales y razones, cosa que no deberíamos hacer fuera de los límites de la ficción.

Hablemos de las influencias y las imposiciones mediáticas, hablemos de los que afirman delante de las cámaras de TV lo que, en verdad, no saben. Y ellos saben que no saben. Hablemos de la tendenciosidad de los titulares, de raras encuestas, de las opiniones que son más acusaciones sin fundamentos que simples posturas. Hablemos de los que te preguntan tu opinión sólo para poder descalificarte sólo porque no decís lo que ellos anhelan oír.

En el mundo que vivimos, que es el que mal o bien hemos construido y destruido entre todos, lo mejor que podemos hacer ante las opiniones de los demás es dudar. Porque cuando nos sirven la comidita ya digerida para que la devoremos, en ese platillo se amasaron los intereses de otros y si la masticamos sin pensar, sólo lograremos atragantarnos y ser meros repetidores de los argumentos que otros han pergeñado porque así, y sólo así, les conviene que se conozcan.

Es como decir que fue un “suicidio inducido” a siete horas de encontrar el cuerpo del Fiscal, cuando recién se lo estaba retirando de su departamento. A Nelson Castro le servía decir eso, sembrar sospechas cuando aun estábamos shokeados (quizá sigamos bajo esa emoción) y que todo apunte al Gobierno, el peor perjudicado con todo esto. Es como decir que lo mató el Gobierno, incluso, como ya hizo Carrió, porque a ella le sirve desparramar la bosca que tradicionalmente suele escupir desde su fabuladora boca. Raro que no lo predijo.

¿A quién le importa la verdad? De seguro a aquellos que este evento desafortunado ensucia y perjudica, claro. A quienes descabezaron el Servicio de Inteligencia porque sabían que allí, desde hacía 42 años, había gente nociva para todos, que encubrían los hechos y amañaban la información. Porque en la SIDE estaban muchos de los responsables de que tengamos 21 años de impunidad en el caso AMIA, por ejemplo. También los hay en el Poder Judicial y en la política, es por eso que cuando de verdad se quiso avanzar como fue el momento de la presentación del Memorando de entendimiento con Irán, saltaron como locos, desquiciados, y eran los que siguen al pie los pasos que les marcaban seguir desde la Embajada norteamericana.

Pero, ¿a quién le importa la verdad? Si encontramos un video donde se demuestra que se suicidó, probablemente aquellos que ya tomaron posición y salieron a marchar diciendo que ellos eran Nisman, no lo creerán, siquiera.

Porque están enceguecidos, porque lo que pasó en verdad carece de importancia, porque la violencia y el odio envenenaron todo. Y si se descubre que fue un homicidio, tenemos que empezar a ver con los ojos bien abiertos a quienes sirvió Nisman con vida y a quienes les queda mejor su desaparición física ahora que la acusación que hizo se cae a pedazos.

Porque ya nos enteramos que la denuncia que realizó es inconsistente, que no hay delito en lo que Nisman señalaba, en el peor de los casos que fuera cierto. Ya vimos que no tenía pruebas, usó como fuente programas de Lanata y chismes de supuestos espías. Y, si dudamos, todo empieza a hacer mucho ruido: tenemos un corso de sospechas. Y no apuntan necesariamente a donde muchos oportunistas de los medios y la política quieren llevarnos.

Pero sigamos dudando, no caigamos en el facilismo de comprar el buzón de la opinión ajena, sea de quien sea. Porque la verdad importa, porque si deja de importar nada tiene sentido, porque la verdad debe trascender cargos, tiempo y cualquier batalla, porque la verdad es todo eso y más. Porque no hay libertad sin verdad y así, presos de la mentira, no se puede vivir.

Fuente: María José Sánchez, para 24Baires