Instrucciones para aplicar el hormiguicida

charlie hebdoLa cosa era la libertad de expresión. Antes que nada y sobre todo. En tren de respetar creencias, que a la libertad de expresión se la caricaturice, pero que no se le responda con la violencia. Como en la época en que “se armaba un seleccionado en cada esquina”, cada argentino parece tener distintas hipótesis sobre la autoría del hecho.

Cualquiera que vio dos capítulos de Los Simuladores cree que la lógica del programa de televisión se puede repetir, y cada nueva versión engrosa el clima conspirativo olvidando la masacre inicial y debilitando la condena a la misma.
Cualquiera de nosotros cree que tiene “la posta” y sin haber leído demasiado, desata argumentos que lo sitúan a la izquierda del Che. Lástima que tanta participación no pueda evitar que nuestro próximo presidente sea un neoliberal ajustador
Tenía hormigas en mi jardín. Se comían las plantas y me dispuse a eliminarlas. Busqué el insecticida y leí las instrucciones:

1) Disponer de dos litros de agua
Veo también una gran tendencia al “Algo habrán hecho”. Comentarios que sostienen que si se insulta a una cierta fe, la represalia está bien. “Por estas caricaturas los mataron”, decían los sitios de los principales diarios argentinos. Porque ahora parece que el humor tiene “límites” ¿Cuáles y de qué manera se pueden arbitrar esos límites? Y ¿porqué tanta gente reacciona contra un “medio satírico” cuando tal vez compra y lee un diario que también le falta el respeto a sus lectores amañando las noticias para que piensen de acuerdo a sus intereses ideológicos y comerciales? “Derecho a blasfemar” titulaba su columna el director de un medio que de esta manera hacía cargo de esta condición a quienes no reconocían para sí religión alguna. La mentira en la cara propia, con mirada seria y sin sanción alguna.
¿Porqué para ciertos compatriotas expresarse desde un medio llamado “satírico” no es válido, y que esta expresión sólo se pueda hacer desde el campo de la prensa supuestamente seria, aunque carcomida por intereses comerciales?

2) Colocar en una regadera uno de los dos litros de agua.
Suponiendo que esté bien que por sentirse ofendido, un grupo islamista accione pretendiendo que un extraño a la fe cumpla con sus premisas, y que todo esto haya sido por una cuestión de fe, pues bien, el que dispara por una fe, ya la perdió de antemano. Es la negación de esta fe.
Ahí quedaron valiosos dibujantes, queridos hacedores de cultura, notables hijos de perra, vaya a saber. Aún no sabemos si terminaron con algo más que con la libertad de expresión de esta gente.
Si el conflicto era entre la libertad de expresión y el Islam ¿cuánto de Islam, cuánto de Gauchito Gil o de San Antonio, cuánto de espiritualidad hay en un tipo que apunta con una Kalashnikov?
Pero ¿de qué se preocupan, si al día siguiente Israel mató a 46 palestinos y nadie dijo nada? Una matanza no habilita a la otra. De lo contrario, no habría “Nunca mas” posible. Y no es cierto que exista una valoración ecuánime de las noticias, y que debamos tender a eso como si nos acercáramos efectivamente a la verdad. Es cierto que mucha gente trabaja para tamizar noticias, para que nos enteremos de algunas cosas, y de otras no. De muchas otras, no. Es cierto que algunas nos llaman más la atención que otras. También es cierto que la valoración que le damos a las noticias tiene que ver con una cuestión cultural. Un noticiero es un mero recorte de las noticias del barrio, porque los medios “nacionales” o “internacionales” no hacen más que recortar la realidad de acuerdo a las tijeras del que recorta, que suele tener hojas muy pequeñas. Y muchas cosas tienen que ver con nuestra identidad: nos interesa aquello que se desfasa o se acerca de cierto sistema de ideas y de ciertos valores, aquello que cuestiona el mundo que conocemos, y no el que ignoramos, y que podemos llegar a comprender con un pensamiento de veinte centavos. Igual que aquellos que se ofenden por las caricaturas de Mahoma. Por eso nos preocupa menos un conflicto ya desatado, cuya exacerbación de títulos tal vez haya contribuido en su momento a su escalada, que atentar contra la libertad de expresión en pleno centro de una de las principales ciudades del mundo (occidental).

3) Agregar dos tapitas de hormiguicida Gerundio en la regadera
Y entre sentirnos ofendidísimos por creer insultada a una deidad en la que creemos y haber coartado la libertad de expresión, es probable que nos situemos –aún inconcientemente- del lado más cercano a nuestra identidad.
Es decir, el atentado no tiene ningún efecto aleccionador.
Luego, si Francia no está autorizada a quejarse por el terrorismo porque le vendió armas a tal país terrorista, si los terroristas no eran tales porque cometieron la torpeza de olvidar un DNI en el auto en el que huían, si se entrenaron con la Mossad, si de esta manera se intenta lograr que la opinión pública francesa demande acciones bélicas contra el terrorismo, es parte del carnaval posterior. Llama la atención que un gobierno como el francés o cualquier gobierno europeo de estos años esté interesado en la reacción de la opinión pública cuando jamás les preocupó la opinión de la gente al momento de adoptar medidas de ajuste que provocaron desempleo y crisis.

4) Completar con el resto del agua. Agitar enérgicamente hasta lograr un líquido de un color blanco homogéneo.
Mucho peor, cuando Francia, Inglaterra, Alemania y otros de estos países se vanaglorian de su cosmopolitismo, de que en sus calles se puede ver gente de “etnias muy distintas que conviven en paz”. Tal vez lo que deba hacer un gobierno en vez de maravillarse por tener ciudadanos muy distintos entre sí es impulsar que esas etnias tan distintas no sólo convivan, sino que también se mezclen. El famoso crisol de razas.

5) Vaciar el contenido en la entrada del hormiguero. Tenga en cuenta que tal vez haya otras entradas y salidas que precisen otras aplicaciones.
La cacería humana desatada por el gobierno de Hollande no ayudó en nada. Por empezar, hicieron públicas las identidades de los supuestos autores. Esta mojada de oreja a la jueza uruguaya del caso de Lola Chomnalez ayudó a que los agresores se sientan cercados. Conclusión: toma de rehenes y rescate con más víctimas inocentes, además de los propios pistoleros, que ahora no van a hablar jamás para beneplácito de sus mandantes, si los hubiera habido.
La masacre está cerrada: se comieron a los caníbales. El camino de las represalias recién está comenzado.
Finalmente una marcha en la que los líderes de Europa, aquellos que hambrean a millones de personas, mostraron su congoja. Seguro que habrán dicho que irían “hasta las últimas consecuencias”. Nos robaron el luto. En horas, dejó de ser una tragedia cercana al ámbito cultural, un atentado contra los derechos básicos de Occidente para transformarse en el Pearl Harbour del Pearl Harbour de algún trasnochado.

Me llamó la atención el último paso de las instrucciones del hormiguicida:
6) Una vez aplicado, echar sobre el hormiguero 3 o 4 litros de agua limpia para que el producto alcance a todas las cámaras y a la reina
A partir de ahora vamos a escuchar al dibujante de Charlie Hebdo injustamente despedido por cuestiones ideológicas, el informe del servicio de inteligencia argelino alertando a su par francés de que iba a haber un atentado, el arrepentido de un lado, el arrepentido del otro, al amigo de uno de los muertos diciendo que una vez le confesó que trabajaba para Israel, el testigo de identidad reservada. El agua que lleva el veneno aún mas profundo, y que hace más efectivo al atentado.

Uno de estos días escucharemos de una masacre no muy difundida de algo en cuya autoría está vinculada la Francia en algún país musulman. La cosa es entre ellos, y el campo de batalla es nuestro living.

 

 

 

 

Fuente: Jorge Tesan| 24 Baires