Las muertes prioritarias, otra vez

lola

¿Podrías elegir entre la vida de una nena u otra? No pienses en que si una es tu hija y la otra no, no imagines que las conocés. ¿Podrías decidir qué muerte es más importante, más injusta, si ambas son asesinadas? ¿Podrías? Ojalá no. Te aclaro que yo no puedo.

Pero pongamos aquí dos casos recientes y veamos: el primer ejemplo ocurre la noche del 28 de diciembre en Tierra Amarilla, en la Villa 21-24. Cinthia Ayala Villalba, una nena de 9 años que jugaba en una canchita con otros chicos cuando empezaron de golpe los disparos y una bala calibre 45 le dio justo en el estómago. Cinthia no llegó viva al Hospital Penna.

El segundo ejemplo, también acontece ese mismo día de finales de año. Lola Chomnalez, de 15 años, desaparece en Uruguay. La Policía de ese país confirmó dos días después que se encontró su cadáver semienterrado en arena, a unos 400 metros del lugar donde había sido vista por última vez.
Ahora, contame, ¿qué caso conocías y cuál no? No voy a mentir, yo me enteré de Cinthia por Infojus algunos días después y de Lola ya sabía. Algo similar me ocurrió con Kevin Molina (de quien hemos hablado varias veces en esta columna), un niño de 9 años asesinado en un fuego cruzado en otra villa en la misma época en la que mataron a Ángeles Rawson. En esa oportunidad supe de su tragedia por La Garganta Poderosa. Porque a los grandes medios no le resultó, digamos, atrayente, esa información y sólo la lograron exponer aquellos que lloraron su muerte.

Con Lola, como con Melina Romero y con la misma Ángeles, fuimos bombardeados desde los medios de comunicación con una infinidad de detalles, -la mayoría de las veces morbosos-, con todo tipo de datos, mentiras, suposiciones, investigaciones más o menos serias, que irrumpían a toda hora en la radio y la televisión, así como cada mañana en los periódicos. De Kevin, nada. Como nada encontramos de Cinthia, además del portal Infojus.

Hace ya algunos años, a finales de 2011, unos sicarios presuntamente enviados por un empresario rural en el paraje San Antonio, asesinaron de un escopetazo a quemarropa a un muchacho integrante del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE-VC), Cristian Ferreyra. En ese entonces escribí una nota, Las muertes prioritarias, porque el homicidio del campesino sucedió el mismo día en que apareció el cuerpo de otro niño, Tomás, que era buscado hacía un par de días, y que también fue brutalmente asesinado y tirado en un descampado. Cristian no fue tapa de diario, Tomás sí, de todas. En ese entonces me preguntaba por qué: ¿Vende más un nene de 9 años que va a la escuela que un pibe de 23 que trabaja la tierra en el norte en un pueblito perdido? Luego, con el caso de Kevin ninguneado en pos de Ángeles, ahora con el de Cinthia desplazado por Lola, ya no tengo dudas: sí. Vende más una muerte violenta a alguien de la clase media, -como el caso de Ángeles y Lola-, o a alguien a quien podamos ultrajar aun después de muerta porque era una chica “Fanática de los boliches que abandonó la escuela”, como tituló Clarín sobre Melina. El morbo vende mucho.

Entonces sí, la muerte en un pago aislado y dejado de la mano de Dios, no merece espacio en las letras de molde ni en los zócalos de los canales de noticias. La muerte en la villa tampoco, porque, en tal caso, pasa todo el tiempo, ¿o no? ¿Qué importa que reventaran a una nena de 9 años de un balazo en la panza? ¿Qué importaba Kevin, alcanzado por un tiro mientras se escondía bajo una mesa y se hundía en el pánico, que sería la última cuna que tendría en este mundo? Eso no vende, muchachos. A mí me importa, y probablemente a vos también, que seguís leyendo esta nota, todavía.

Ninguna vida puede valer más que otra. Ninguna nena o nene es más importante que otro. Ningún asesinato merece más atención e investigación que otro, la clase social de la víctima jamás debería ser el motor de la búsqueda de justicia. La prioridad debe ser que no violen y asesinen a las nenas, que las villas no sean tierra de nadie, o que no sean tierra de los narcos con complicidad policial. Que no lluevan tiros que perforan chapa y pobreza y que dejan charcos de muerte. Que un empresario no pueda, por unos pesos, segar la vida de un pibe de 23 años porque quiere cuidar su tierra y la de sus hijos. Ésas deberían ser las prioridades, y los medios deberían dar a conocer todas las noticias. Quizá suceda cuando quienes consumen esos medios quieran conocer todas las noticias. Porque la cosa es entre todos, como siempre.

 

 

Fuente: Por María José Sánchez para 24baires