No se cayó el país: dos mundiales y los Fondos Buitre

Juez+Thomas+Griesa-2

Intentemos aquí, como hemos intentado todo el año, analizar algunos hechos. Un mínimo balance de estos doce meses, los 31 de diciembre pueden servir para esto, al menos eso veo que se hace en Facebook.
Podríamos creer que los años no electorales representan un balance final con menos carga política, pero es claro que desde hace mucho tiempo no es el caso en nuestro país. La política, -desde que recuperó su rol preponderante en la vida de los argentinos durante el gobierno de Kirchner-, ha regido cada año, aunque (en apariencias…) no se esté de campaña.
Durante este 2014 que se nos escurre rápido, como arena entre los dedos, se profundizaron o estancaron algunas disputas: Clarín, La Nación y muchos medios hegemónicos siguen en la constante exacerbación del antikirchnerismo, y eso sabemos que dejó de ser periodismo, son sólo expresiones de deseo, operaciones mediáticas y globos de ensayo mal vendidos como información. La estrategia no ha cambiado: se coloca a algún funcionario o a la misma Presidenta en el centro de los ataques y se les dispara con mentiras irrisorias, verdades a medias y toda la bosta que puedan juntar, que de seguro es más que el medio balde que Lanata no lograba llenar con los políticos opositores. En esto el 2014 no le envidia nada al año anterior. Y con el Campo, (otro de los enemigos que el Gobierno ha sabido enfrentar), no hubo grande cismas, aunque la oligarquía sojera intentó desestabilizar algunas veces con sus tradicionales amenazas, más por costumbre que otra cosa, porque se siguen llevando los dólares en contenedores. Los ‘saqueos’ organizados este año se los tuvieron que ahorrar, porque estábamos alerta.
Massa, Bonadío y hasta el mismo Lanata que ya nombramos, fueron y son los manotazos de ahogados de los grupos concentrados mediáticos y económicos que gritan “Fin de ciclo”, pero no saben ya cómo hacer para que la imagen de Cristina no supere el 50%, cosa que en este momento está sucediendo según varias encuestadoras, incluso las que los mismos diarios opositores publican. Massa se disfrazó de todo lo que pudo para tratar de subir en la intención de voto de los argentinos: de reaccionario queriendo opacar a Macri y hablando mal de las políticas de Derechos Humanos, de abrazador de mujeres desoladas, de asador trucho, de matero ineficaz. Las mil caras superpuestas de un hombre que apenas aborda un tema deja claras evidencias de desconocimiento. El mar de un centímetro de profundidad, que le dicen. Aun, con todos los canales, los diarios y las radios de la opo a su favor, elogiándolo, ocultando sus debilidades ya obvias, no sube, al contrario. Bonadío fue resucitado por Stolbizer, quien se debe haber arrepentido de haberlo expuesto como un paladín de la justicia cuando se dio cuenta que lo recordábamos de momentos claves de la historia como “Uno de los jueces comprables del menemismo”, por ejemplo, y esto no necesita muchas palabras más. Este juez corrupto no las merece.
Pero este año hubo dos hechos que atravesaron nuestras vidas, como un rayo: la durísima gesta contra los Fondos Buitres y el Mundial. Estamos a horas de que se venza la cláusula RUFO que impedía a la Argentina negociar con los Buitres sin correr el riesgo de que los bonistas que sí entraron en los canjes de deuda pudieran reclamar por el pago completo de las deudas. Ahora Argentina podría buscar un nuevo acuerdo, salir del default selectivo y normalizar situaciones financieras que tuvieron en vilo la economía durante este año. Es decir: no se acabó el mundo, no se cayó el país, el dólar no llegó a los $20, como muchos anunciaban. Acá seguimos, porque se hicieron las cosas bien y se aguantó la embestida de las corporaciones financieras, de los Buitres externos y los que desde nuestra propia tierra les eran funcionales.
Pero, además de estar pendientes de Griesa y su injusticia a la carta, este año vibramos con los goles de Messi, Higuaín, Rojo y Dí María y las atajadas de Chiquito Romero. Nos abrazamos a cada grito sagrado, hicimos historia, después de los penales dejamos las marcas de nuestras manos en el cielo, al tocarlo. Eso fue hermoso, porque la alegría es hermosa. El éxito, en la humilde opinión de una aun extasiada hincha de Racing, no está sólo en alzar una Copa, sino en romperse el lomo para poder hacerlo, en tener siempre la actitud dispuesta a ir por lo mejor, por lo más grande, aunque la suerte exista y sea esquiva, aunque el línea levante la banderita cuando ya habíamos aullado el gol. Porque lo mejor está por venir, y porque, mientras tanto, dejamos todo en la cancha. Y así fue como ganamos la final que estábamos jugando hace más de 30 años y apareció Guido Carlotto. Qué gran Mundial ése, el del pañuelo blanco.
No dejamos de luchar ni un día, es por eso que antes de ponerme a cocinar la cena de esta noche, firmo aquí con la certeza de que el futuro es nuestro, por pura prepotencia de trabajo. Y a seguir laburando fuerte, cada uno en lo suyo, poniéndole el hombro al otro, porque es la única manera. Aunque a veces nos peguen fuerte o parezca que llueven los problemas. Aunque el ex Boca la haya picado en la final. Aunque todavía duela decir “Era por abajo, Palacio”.

 

Fuente: María José Sánchez para 24baires