Así estamos: violadas, matadas

rocío violación giratEste martes conocimos el horrible final de Melina Romero, otra chica muerta, tirada a la basura. Para algunos, un número más, otra muesca para hacer en la pala siniestra con la que se entierran todos los femicidios en nuestro país.
Un día después de saber que hay un nuevo femicidio en Argentina, en la ciudad de Mar del Plata se conoció la sentencia al suboficial del área de Contrainteligencia de la Armada, Marcelo Alberto Girat, de 41 años de edad, a 14 años de prisión domiciliaria por haberse encontrado culpable del delito de abuso sexual con acceso carnal agravado por el vínculo.

Melina, desaparecida durante semanas, sufrió decenas de vejaciones, además de las que debió padecer las últimas horas de su vida. A Melina la violó Clarín, cuando tituló “Una fanática de los boliches, que abandonó la escuela”. También la vejaron muchos otros medios que hicieron el hincapié en la vida privada de esta adolescente, en vez de avocarse a lo único que de verdad importaba: habían desaparecido a una nena y probablemente la había abusado y asesinado, situaciones que después resultaron confirmadas.

La violencia que debió atravesar Melina y su familia sólo pueden ubicarse en el marco que provee la infamia. Como si no fuera suficiente lo que sufrió, como si no fuera ya horrible la muerte que le dieron y cómo y dónde descartaron su cadáver. Como si sus parientes y amigos no tuvieran demasiado con el dolor del no saber durante todos estos días, de suponer lo peor y, después, tener que atravesar el infierno de comprobar las peores sospechas.

Un día después de saber que hay un nuevo femicidio en Argentina, en la ciudad de Mar del Plata se conoció la sentencia al suboficial del área de Contrainteligencia de la Armada, Marcelo Alberto Girat, de 41 años de edad, a 14 años de prisión domiciliaria por haberse encontrado culpable del delito de abuso sexual con acceso carnal agravado por el vínculo. Girat violó a su hija, Rocío, desde los 13 años hasta los 17, cuando la mamá de la víctima encontró unas cartas y comprendió que todo lo que había pasado en la vida de su hija en esos cuatro años (intentos de suicidios, notas bajas, marcas en su cuerpo) tenían una misma causa: Marcelo Alberto Girat, violaba a su hija y le escribía cartas que, como engendros, pretendían ser de amor. Incluso, la abusaba en el área de Contrainteligencia de la Armada, donde trabajaba, de madrugada. Naturalmente, la misma Armada nunca cuestionó la presencia de una menor de 12 a 3 de la mañana y, así, protegió a su suboficial.

Al igual que Melina, Rocío, este miércoles, fue vejada otra vez, en este caso por la justicia marplatense que reconociendo el abuso sexual sufrido por ella desde niña, decidió dar prisión domiciliaria a un hombre de 41 años, sano (al menos físicamente). Rocío, su hermano y su madre viven y vivirán con miedo, gracias a este fallo horrendo e inentendible, porque el suboficial Girat los amenaza permanentemente, sólo la prisión efectiva en una cárcel daría algo de paz a esta familia, en especial a Rocío, ahora con 20 años. “−¡A ustedes dos las voy a matar!”, les gritó Girat y hasta el fiscal Eduardo Amavet pudo escucharlo, como si hicieran faltas más pruebas, como si la violencia ejercida en el cuerpo y la mente de Rocío durante cuatro años no fuera suficiente. Ahora debe padecer el miedo de saber al violador viviendo en su propia casa.

Así estamos: violadas, matadas. Con pánico. Padeciendo la violencia de hombres que creen que pueden abusarte, asesinarte y descartarte como basura. De hombres que creen que pueden violarte durante años y gozar de las comodidades de su casa, mismo sitio donde te mataron la inocencia y enseñaron el dolor y el miedo. Así estamos. Nos matan. Nos violan. Si somos de bajos recursos ni siquiera nos buscan con la misma velocidad y vehemencia que a otras. ¿Cuántas vejaciones hay que sufrir? ¿Cuántos tipos de violencia hay que padecer? Nunca es suficiente. Terminamos en la basura o llorando fuera de un tribunal, mientras, encima, la policía reprime a quienes fueron a acompañarnos a conocer la sentencia. Así estamos. Violadas. Asesinadas. Sin justicia.

Fuente: María José Sánchez para 24 Baires // Foto: Florencia Gabbi

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