Un gobierno de nerones de bajo presupuesto

Todas las posibilidades del desastre sacan número en Mar del Plata para ver cómo ordenan su llegada a la ciudad. Y no es sólo porque atravesemos justo la temporada estival. Aquí, donde el atraso gobierna, somos testigos privilegiados del derrumbe veloz al que nos someten. Y ahí no hay ningún beneficio, nuestros ojos no recorren el desastre con provecho. Muy por el contrario nos estamos envenenado al respirar el denso humo de Cambiemos, en todos sus niveles y en todas sus arbitrariedades conjugadas. Y eso hasta nos regala un autoritario Secretario de Hacienda, que hace gala de una ignorancia supina, sólo comparable con el nivel de orgullo con el que ostenta su violencia.

Un mes de retención de tareas por parte del sindicato de municipales dejó expuesta una ciudad que ya dejó de estar descuidada para pasar a estar abandonada. Mar del Plata no está sucia, se pudre. Mar del Plata no está con un ejecutivo a la deriva, nos gobierna la síntesis de la derecha recalcitrante: sólo han venido a acomodar parientes, quitar derechos y destruir. Mar del Plata no está complicada en números, qué simpleza. Esta ciudad necesitará de años de saneamiento responsable, donde austeridad no sea sinónimo de menos oportunidades para los que menos tienen, mientras quienes gobiernan se regalan aumentos y fortunas.

Mar del Plata y Batán votaron a un hombre que prometió bajar las tasas y realizó los aumentos más grandes de la historia, con el nivel más bajo de inversión estructural y de mantenimiento. También prometió construir dos hospitales municipales, y hoy en las salas de atención primaria no hay ni gasas. Carlos Fernando Arroyo dijo que tenía un plan secreto, que no divulgaba porque se lo iban a copiar. Hace unos meses explicó feliz que al fin podría plasmarlo en hechos: luego de tres años de gobierno sólo intentó un par de huertas comunitarias que gritaron fracaso antes de empezar.

Desde el 10 de diciembre de 2015 nos gobierna un maestro que quiere destruir la educación municipal, un hombre honesto que acomodó a decenas de parientes en cargos políticos de sueldos más que sustanciosos, cuando dijo que sólo necesitaba de unos 15 funcionarios, y ya supera los 150 nombrados. Nos gobierna un señor recto y justo que escupe odio hacia las mujeres cada vez que tiene la oportunidad de hacer lucir su machismo, como cuando dijo que la violencia de género era una campaña de moda, que las mujeres podemos tener el pelo largo porque podemos dedicarle horas a la cabeza, o como cuando afirmó que iba a mandar a alguna chica linda a convencer empresarios para que inviertan aquí.

Nos gobierna un invento, un chiste malo que sobrevivió tanto a las risas que se hizo de carne y hueso. Ni maestro comprometido, ni honesto, ni justo, ni recto. Nada de todo eso fue nunca cierto. Nada de lo que prometió ha avanzado, sólo se ha retrocedido con pasos de gigante. Y, además, hay que soportar las bravuconadas de un funcionario que lo que toca, como un Rey Midas invertido, lo transforma en mierda.

La única buena noticia que puede verse entre los incendios de estos nerones de bajo presupuesto es que éste es un año electoral y tenemos la oportunidad de hacer las cosas bien, para que los personajes de la antipolítica no tengan más que ver con el Estado que tanto critican y del que tanto se sirven, hambrientos.

¿Cuánto tiempo más soportaremos ver agonizar a nuestra ciudad? La pasividad nos hunde, el egoísmo nos separa. Que este neo fascismo no nos ahogue, que la unidad nos haga salir airosas y airosos de esta tempestad. Ya sabemos que no pasarán a la historia aquellos que especulen, sino quienes más se la jueguen. Bueno, la oportunidad de hacer de Mar del Plata y Batán ciudades con identidad, participativas, solidarias, con empleo, es ahora. Miles y miles la están pasando un poco peor cada día por la ausencia de sensibilidad social y políticas de inclusión. El futuro del que siempre hablamos nos reclama humildad, coherencia y una unidad de esfuerzos nunca vista. Estemos a la altura de la Historia que queremos construir.

Fuente: María José Sánchez / 24baires.com

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