Ni aunque vengan degollando

Ni aunque vengan degollando, decía mi vieja. Esa era la frase que usaba para afirmar, sin margen de dudas, que haría aquello que prometía. Mejor dicho: que seguiría firme en sus decisiones, pasara lo que pasara. O sugería con la sutileza de mamut en cristalería que yo debía seguir firme en las mías, sin importar nada. Bueno, resulta que, con o sin frase, ella no sería la única madre que me enseñaría a no ceder, a resistir. Porque resulta que esa es una de las claves, más allá de los resultados, de los finales. Y en tiempos donde la crueldad parece ley, luchar es obligatorio.

Y en ciudades donde gobierna la derecha fofa e ignorante, como Mar del Plata, plantarse con firmeza ante este derrotero de fascismo de bolsillo, es imprescindible. Porque avanza, con sus pasos torpes, con sus pies de barro. Dando manotazos a lo que hemos construido con esfuerzo, con dolor, pero siempre con amor. Pretenden socavar las voluntades, amedrentar los espíritus, entristecer nuestras vidas hasta la postración, la desesperanza. Por eso cuando hombres como Carlos Fernando Arroyo, que le tienen más afecto a las botas que a los votos, pretenden imponer su autoritarismo de manual, arraigado en una ideología que se reverencia ante los totalitarismo, la única opción es combatirlo.

Esta vez, el Intendente Arroyo usa y abusa del rol que el resultado una elección le otorgó, y busca desalojar a los organismos de Derechos Humanos que desde hace ya muchos años se organizan y trabajan en una Casa. Una casa cedida oportunamente por otro intendente, y de usufructo reafirmado por los que lo sucedieron, más afines a la democracia que el actual, claro. Una Casa que cobija, que nutre, que se solidariza, que late y respira al ritmo de la verdad y la justicia. Y es eso lo que le molesta al jefe comunal, que se quiere poner puntilloso con papeles cuando presenta presupuestos millonarios mal redactados.

Pero Arroyo no se esfuerza en el disimulo: odia fuerte, odia con ganas. Su misoginia, su patoterismo, su ignorancia sobre cualquier cosa, son mojones claros de su gestión, o de la ausencia de ella. Su falta de cintura política es reemplazada con envestidas de rencor, su patética administración de los recursos municipales marida muy bien con su elección de poner el acento y el ahínco en intentar desalojar La Casa de La Memoria, robarle derechos a docentes y guardavidas, asfixiar clubles, arrasar con la cultura, darle entidad a un gorilón de baja estofa, como el Secretario de Hacienda, para que humille a los que menos tienen, entre otras aberraciones. Y, mientras tanto, no hacer nada, ser testigo privilegiado del deterioro de una ciudad maltratada, que vio días mejores.

Porque no quiere un inmueble, quiere vaciar la memoria. Quiere dejarnos en una intemperie que nos vuelva vulnerables, por eso persigue a los organismo que están en las antípodas de sus ideas.

Pero Memoria, Verdad y Justicia, no son consignas huecas, son perspectivas desde donde vivimos nuestras vidas. Entonces resistir es la tarea. Nos hemos plantado ante este varón patriarcal en otras oportunidades, hemos frenado sus atropellos, sus abusos, le hemos hecho saber que no somos corderitos temerosos del patrón de estancia. Somos quienes vamos a detener su avance grotesco y dictatorial, una vez más. Porque lo hace porque cree que puede, lo hace porque quiere.

La Casa de la Memoria no se desaloja, Arroyo. Resistiremos como resistieron las Madres, Las Abuelas, los HIJOS y los detenidos desaparecidos, mientras vos eras funcionario de la Dictadura: no vamos a dar un paso atrás, ni aunque vengan degollando.

Fuente: María José Sánchez / 24baires.com

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