Circo y desempleo

Vienen, te mienten que mejoramos un dígito acá, un cero al lado de la coma allá, se sacan las fotos sonrientes, desprecian el reclamo de turno y se van por donde vinieron, sin arreglar nada. Llegan, arman la carpita de colores, tocan dos platillos a destiempo y creen que con eso alcanza. Montan un circo baratito que sólo puede convencer a los que eligen no ver.

Rebanadas de aire con tajadas de viento. Eso decíamos en casa cuando yo era chica, en broma, cuando alguien preguntaba qué había para comer. Eso son. Rebanadas de aire con tajadas de viento: la nada misma. Fuegos artificiales, fogonazos y ruido de fondo, que no es otra cosa que el estrépito que hace Argentina, mientras se cae a pedazos.

Este martes hubo una Feria de Empleo en Mar del Plata, ciudad que ostenta con pesar el liderazgo casi permanente en los índices nacionales de desempleo. Hace poco, datos oficiales habían señalado una baja en la estadística que no creyeron ni los gremios, ni la oposición, ni las miles y miles de personas que buscan trabajo a diario con resultados desalentadores. Porque una cosa es el circo que montan y otra la realidad.

Porque el ministro de Trabajo provincial, Marcelo Villegas, festejó que más de quince mil jóvenes (y no tanto) hicieran seis horas de cola para anotarse y competir por unos dos mil puestos, en su mayoría temporarios. “Hay mucha gente y eso es bueno”, dijo. No, claro que no. Eso es malo, ministro, muy malo. No sé con qué vara este gobierno mide todo esto que nos pasa, nos atraviesa, nos destruye, nos confisca el futuro. Pero déjenme decirles que esa gente que rodeaba el museo Mar no estaba disfrutando un evento. Esa gente estaba depositando su esperanza en una posibilidad bastante esquiva, si hacemos cuentas. Entre tres y cinco personas para cada puesto. Y son puestos precarizados, por unos meses. ¿Qué ve de bueno allí el ministro? En mi opinión, lo que ve este exponente neoliberal que ocupa transitoriamente un cargo que le queda inmenso, es el beneficio de las grandes empresas, que pueden contratar pagando poco, soslayando derechos. Porque cuando miles y miles pierden sus empleos, cuando la crisis golpea de lleno en los estómagos, siempre habrá quienes se beneficien de la necesidad y la urgencia de las y los que deben trabajar para poder poner comida en sus mesas cada día: es una flexibilización laboral de facto, sustentada por el mismo gobierno.

Porque son ellos, sus familiares y amigos. Ellos gobiernan para los grupos concentrados económicos, y ellos, funcionarios, son dueños o accionistas de esas empresas, o amigos y parientes de sus propietarios. Gobiernan para ellos mismos, por eso sus políticas dejan afuera a amplios sectores de la sociedad, los más vulnerados y postergados: porque ellos no están ahí, ni estuvieron, ni estarán. Porque ellos no quieren que salgamos de allí, de la fila en el frío para un puesto de empleo por dos meses, con un salario despreciable. Nos precisan ahí, luchando entre nosotros por un trabajo que, de obtenerlo, no alcanzará para cubrir las necesidades de los nuestros.

Vienen, levantan la carpa de este circo de cinismo, dicen que está bueno que haya diez cuadras de gente pidiendo trabajo, y se van. Porque no promueven ni generan empleo: desde que asumieron hace casi tres años, han destruido ciento de miles de fuentes laborales y precarizado otras tantas. Porque te quitan la comida de la boca para que, cuando tengas hambre, te desesperes por agarrar el primer pedazo de pan duro que tiran a la marchanta. No, no está bueno, Villegas. Es una verdadera mierda.

Fuente: María José Sánchez / 24baires.com

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