Tic, tac, tic, tac…

Pidió que no lo volvamos loco porque nos puede hacer mucho daño. Debemos haberlo trastornado bastante estos casi tres años de mandato, porque, por ejemplo, en la ciudad donde vivo se duplicó la indigencia. No estamos hablando de pobreza, sino de un nivel mucho más bajo. Hablamos de las profundidades de la miseria, hablamos del hambre y el abandono continuo. No hablamos de techo porque no existe. No hablamos de oportunidades porque no hay.

En Mar del Plata hay más de 31.000 indigentes, según datos del propio gobierno, del Indec. La pobreza trepó del 13 al 20% y la desesperación, que no atinan a medir, alcanza niveles de estallido.

Ollas populares, sí, ollas sí. Cortes de rutas, acampes frente al Palacio comunal, toma de dependencias municipales. Marchas, concentraciones, reclamos. Vivimos en estado de alerta y movilización. Todos los días, cada día. La panza ruge, Macri, Vidal y Arroyo, ajustan, aprietan, asfixian. Empujan a millones al abismo y, mientras tanto, el Intendente no sólo no apoya ni contiene a los clubes de la ciudad -que en momentos pésimos de la economía realizan competencias nacionales-, sino que hace todo lo posible por extinguirlos. Y trata de pelearse con empresarios locales, perdiendo de vista cualquier problemática acuciante, errándole a todo lo que puede pifiarle, rompiendo todo lo que aun estaba mínimamente funcionando. Como si lo único que lo movilizara de su letargo antológico fuera un revanchismo que no se entiende, y una ignorancia que ya no sorprende.

Mientras Mar del Plata y Batán se hunden en el desempleo, en la desesperanza y el retroceso, quien llegó al gobierno de la provincia prometiendo aumento a docentes y mejoras educativas a granel, es quien fomenta el resentimiento hacia quienes enseñan día a día a las hijas e hijos de esta patria sufrida y con poca memoria. Y que son quienes las y los alimentan en las escuelas, siendo ese muchísimas veces el único sitio donde comerán algo esa jornada. Aunque por decisión de “La Leona”, que esto obviamente lo sabe, se redujeron las raciones y pasaron de comer carne, frutas y verduras, a apenas poder contar con un sánguche de pan viejo y hongueado con fiambre transparente.

Y es ella la urgente esperanza de la derecha, que hace estragos desde sus puestos de poder. Porque no sólo están en el gobierno, también están en las grandes empresas, en los medios concentrados de comunicación, en los monopolios, en las mineras, en el campo. Son los mismos: el poder real es económico. Entre ellos se condonan deudas millonarias, se bajan retenciones, se regalan inmensas concesiones. Y es la misma María Eugenia Vidal quien no sólo representa para ellos la posibilidad de continuidad en este desastre en el que nos han sumergido, sino también la posibilidad de, mientras tanto, hacer negocios millonarios: hace días autorizó que en la Provincia que gobierna la luz vuelva a aumentar un 24%. Y eso es por poner otro ejemplo de este desastre permanente: mientras las escuelas se caen a pedazos o estallan por los aires. Mientras las y los alumnos que asisten reciben pan duro y con hongos para el almuerzo. Mientras secuestran, amenazan, torturan e intimidan a maestras que cubren, por puro amor, el rol del Estado que ha abandonado a su suerte a cualquiera que lo necesite realmente.

Mientras Macri baila en Estados Unidos, cuando acá renuncian ministros y las y los trabajadores paran el país, mientras él pacta hambre y muerte con el FMI. Mientras el dólar trepa como gato asustado, mientras la inflación destruye los salarios ya escasos. Mientras la industria nacional se vuelve un recuerdo triste. Mientras el presente se diluye en una crisis que ya hace estragos y será monumental. Mientras el reloj del futuro inmediato levanta cada vez más temperatura, mientras todo se degrada, mientras en la calle se escucha fuerte y claro: tic, tac, tic, tac, tic, tac…

Fuente: María José Sánchez / 24baires.com

Copyright © 2012 24 Baires. Todos los derechos reservados.
           Acceso   |   Webmail
Director: Carlos Vazquez