Mentira, el tiempo

Que me disculpen lxs optimistas del tiempo, pero no me alcanza con pensar que esto algún día pasará. No me consuela porque no puedo creerlo. Porque lo sé mentira. Lo sé irreal.

Sandra Calamano y Rubén Rodríguez son la prueba empírica de ello. Porque esta manga de chetos corruptos e insensibles que nos gobiernan, sí, algún día dejarán de estar el poder. Y podremos empezar a reconstruir desde la miseria en la que nos sumergieron.

Pero Sandra y Rubén no vuelven. No hay manera, aunque Macri y Vidal se vayan mañana, no hay forma. Ya no están. Ellos ya no tienen la oportunidad de esperar al tiempo. Que viene, pasa y arrasa. Como sólo él sabe.

Si ganamos mañana, si finalmente volvemos a tener un gobierno popular que proponga y facilite derechos en vez de arrancarlos, tampoco volverá Yolanda Mercedes, esa mujer que se descompensó frente a un cajero al constatar los descuentos que Vidal le había hecho a su sueldo por reclamar lo que le correspondía, y luego murió. Y como Sandra, Rubén y Yolanda, cientos. Miles.

La crisis del 2001 terminó, y mi mamá nunca volvió. Se quedó para siempre ahí, esperando conseguir trabajo, intentando poner pan sobre nuestra mesa vacía. Avanzamos, crecimos, aprendimos, construimos. Y mi mamá no estaba.

Que me disculpen lxs optimistas. Sandra, Rubén, Yolanda y Ana, mi vieja, no me permiten ver las cosas así. Esto “no pasará”. Esto “no mejorará”. El tiempo “no pondrá nada en su lugar”, porque no hay más tiempo para ellos.

Entonces no me sirve pensar que la mayoría de nosotrxs llegará a ver el final de este gobierno, de esta máquina de devorar pobres. Porque estoy incompleta, porque me van a faltar ellos toda la vida, todo mi tiempo. Porque esta derecha cruel, convalidada con votos, impermeable a la verdad, blindada por los medios, destruye todo, y no puedo ver el derrumbe y sólo pensar que algún día se terminará de caer, porque, mientras tanto, mientras aguardamos elecciones y mandatos, hay que vivir las horas, las horas de desesperación y dolor. Y ahí es donde perdemos, mal, en serio. Perdemos personas: los niños baleados por la espalda, nunca crecerán, pero sus sicarios reciben las mieles de un Estado cómplice.

Porque vamos a reconquistar cada derecho que estos insensibles nos robaron, vamos a recuperar la soberanía que regalaron, y seguramente pagaremos y pagaremos las deudas que este Cambio de mierda contrajo y se patinó manejando la economía de una Nación como si fuera una empresa a desfalcar.

No le facturemos al tiempo el trabajo que nos toca. No esperemos que el tiempo arregle nada. Porque no hay tiempo. Porque es ahora cuando alrededor nuestro caen personas en el pozo sin fondo del neoliberalismo, personas que nunca volverán. Cada día, cada hora, en todas partes. La Memoria los cuidará, claro, porque tenemos vedado el olvido y porque no existe perdón para todo esto. Pero no es suficiente. No basta.

Luchar hasta que esta manga de mal paridos se vaya, luchar para que la estrategia de la ignorancia, de sembrar desprecio por el otro no resulte otra vez. Por nosotrxs, por lxs que vengan, y por lxs que no podrán trabajar por una patria más justa, libre y soberana porque murieron en las garras de la inoperancia, la irresponsabilidad, la corrupción y la falta absoluta de sensibilidad social y empatía que son las banderas de éste, el gobierno democrático más cínico, falso y sanguinario que el odio, hecho votos en las urnas, nos condenó a padecer.

Fuente: María José Sánchez | 24baires.com

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