En las fauces de estas bestias

Nos han dañado tanto y de maneras tan profundas y diversas, que ahora creemos que hay que aclarar que los cientos de trabajadoras y trabajadores despedidos de Télam no eran necesariamente kirchneristas, como si tener una ideología partidaria determinada fuera un estigma, una plaga a erradicar, una causa para perder la fuente de sustento. Porque este gobierno implantó la idea de que quienes trabajaban en el Estado eran vagos de Cristina, los ñoquis enquistados en la burocracia, seres ruines que vivían de la gran teta gubernamental, alimentándose de los impuestos que les pagamos todos… incluso quienes trabajan en el Estado.

Parece que hay que aclarar que los despedidos son de ideologías variadas, que también votaron a este gobierno, que los echaron a todos por igual. Porque nos instalaron la duda en el trabajo y el esfuerzo del otro, nos profundizaron el egoísmo y nos separaron, solidariamente, un poco más. Han destruido tanto los lazos que pueden y deben unirnos, que, cuando te dejan sin trabajo, lo importante, lo que logra el zócalo en la TV o el título en el portal, es que votaste a Macri, qué locura que a vos también te echaran.

Si adherías al gobierno anterior o si te manifestaste o hiciste alguna huelga, ¿si eras susceptible a perder tu puesto? Esa es la verdadera locura en la que nos han sumergido, en la que tantas argentinas y argentinos nadan, ahogándose en cada brazada: creer que mientras le pase a otro eso me mantiene a salvo, sobre la línea de flotación. Es la base del pensamiento individualista que la derecha que hoy ocupa la Casa Rosada gusta que profesemos. Porque así pueden ir por cada uno de nosotras y nosotros, cazándonos, esperando poco impacto mientras esparcen desocupación, hambre y miseria.

Debemos entender que si le pasa a otro me pasa a mí, efectivamente, sin importar cómo piense el otro. Porque Cambiemos con su discurso siempre cínico afirma que gana el periodismo, mientras deja en la calle a 350 familias de la Agencia Télam. Trabajadoras y trabajadores con décadas de trayectoria y experiencia en sus espaldas, basureados, violentados, marginados. Hernán Lombardi, el Rey de los Cínicos, además quiere que aplaudamos lo que consideran un avance. Pero es otro de los retrocesos históricos a los que estos chetos garcas nos tienen acostumbrados.

Vivir con el miedo de perder el empleo. Vivir con la clara posibilidad de convertirte en un desocupado más de los que engrosan las filas de solicitantes, cada vez más largas, cada vez más densas, cada vez más tristes. Vivir sin empleo. Vivir buscando trabajo. La desesperación de la plata que se termina, no alcanza. Vivir con esa mesa que empieza a vaciarse, con las panzas que no pueden llenarse.

No ganó el periodismo, perdió por goleada, como venimos perdiendo desde hace más de dos años. Perdemos derechos, perdemos oportunidades, nos roban años de vida, se burlan en nuestra cara.

El totalitarismo de este gobierno se palpa, se sufre. Nos quitan la comida de la boca, nos meten la mano en el bolsillo, le bajan a patadas el futuro a nuestros niños y jóvenes, les regalan la vejéz más pobre y solitaria posible a nuestros viejos. Y si nos quejamos, nos muelen a palos. Porque esa fue siempre la receta: un pueblo miserable y triste, dominado. No les demos el gusto, asimilemos esa verdad: si le pasa al otro, a mí también. Luchemos por el otro, que el otro luchará por nosotros. Tiene nombre, se llama solidaridad, y es la clave, es la carta que nos queda para jugar en este partido de pobres contra ricos, del pueblo contra el antipueblo, de la política contra la antipolítica. Es la empatía, es poner el hombro en esta hora tan oscura, es la organización, es la fidelidad al otro lo que logrará arrojar un poco de luz mientras estemos atrapados en las fauces de estas bestias.

Fuente: María José Sánchez | 24baires.com

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