Pobre Vidal

“Cuanto más alto trepa el monito
(así es la vida) el culo más se le ve.”

(Los Redondos)

Hay una imagen que resalta belleza por su simpleza y exactitud. Es algo perfecto, hecho con casi nada más que imaginación, aunque eso es un montón, porque apela a cada uno de nosotros y nosotras. Y ahí está lo más bello. Es aquel dibujo de El Principito que, si leíste el libro, sabrás que es un elefante tragado entero por una boa. Si no leíste esa pequeña y maravillosa historia dirás, quizá, que lo que vemos es un sombrero. Porque la idea original es que veas lo que estás acostumbrado a ver, lo que te plantan delante de la cara, lo que quieren que veas.

Hay personas trabajando de sol a sol para que no utilices tu imaginación. Hay personas esforzándose a diario para que no analices lo que ves y lo asimiles sin pasar por el tamiz de tus ideas, experiencias, conocimientos, sensaciones. Hay personas dando todo de sí para que tragues de golpe esa masa amorfa y mentirosa que ellos se empeñan en llamar realidad. Eso es tan cierto como que entre todos y todas les pagamos sus abultados sueldos.

Es que cuando los que diseñan la exclusión social gobiernan, no sólo tienen las ideas y la financiación, sino que además pueden dedicarse a aplicarlas. Y ese es el país que buscan los que nos gobiernan: uno pequeño, para pocos. Para ellos, más específicamente. Para ellos que creen que si naciste en la pobreza no vas a poder acceder a la educación superior. Ellos quieren que siempre veas, apenas, un sombrero.

Hace un tiempo se llenaban la boca hablando de la “meritocracia”, ¿recuerdan? Decían que, si te esforzabas en la vida, sin importar tu origen social, con dedicación y trabajo ibas a lograr lo que quisieras. Que lo que hoy tenías era producto de dedicación, y que podías tener más, ser más, si eras positivo, confiabas en ellos y te rompías el lomo laburando. De esa manera querían decir que las políticas estatales no influían en las oportunidades a los sectores más vulnerados de la sociedad. Nada tenía que ver lo que hacía el gobierno de turno con la economía, con las condiciones laborales: si vos te molías los huesos trabajando, ibas a conseguir lo que anhelaras.

Sepamos, si alguna duda queda, que, si venís peleándola de abajo y el gobierno endeuda el país por 100 años, condona deudas millonarias a los más poderosos, fuga capitales, cierra escuelas, anula paritarias, reprime el hambre, flexibiliza las condiciones laborales, aumenta con locura todas las tarifas y descontrola la inflación aumentando pan y leche cada día, lo más probable es que, a menos que te ganes el Loto, sigas siendo un pobre laburante esforzado toda tu vida.

Pero si venís de abajo, y hay un gobierno que abre paritarias y garantiza derechos laborales, que genera políticas de incentivos para la reapertura de fábricas, que promueve programas de contención social, que facilita la educación en los sectores más desprotegidos, que interviene para abaratar los costos de vida y regula los precios del mercado en insumos y servicios, que abre créditos hipotecarios accesibles, que crea empleo, bueno, ahí podés esperar ascenso social con algún grado de realidad. Ahí se puede traslucir el elefante que se tragó la boa.

Ahora quienes hoy son gobierno nos revelan el verdadero pensamiento que siempre han llevado en sus chetas cabecitas: “Nadie que nace en la pobreza en la Argentina hoy llega a la universidad”, dice la Gobernadora María Eugenia Vidal con la liviandad de una cínica consagrada.

Entonces, te avisa, tu esfuerzo no sirve. Ni tus ganas y deseos, tu voluntad es anulada por el decretazo ideológico de la derecha rancia, aunque tradicional: que el pobre muera pobre no es sólo una valoración del otro, sino una necesidad, porque así somos fácilmente explotados y manipulados. Porque cuando los neoliberales gobiernan, el hambre es ley. Y tanto Vidal como el resto de Cambiemos, aplican esta ley a rajatabla. Para que el sistema que quieren aplicar en el país cierre, necesitan dejar a los pobres afuera. Siempre.

Ese concepto de la meritocracia era de cartón pintado, como sabíamos. Todo lo que hacen desde el gobierno apunta a eliminar derechos conquistados, deteriorar la calidad de vida del pueblo, empobrecerlo, embrutecerlo, volverlo dócil y suplicante. Aunque ocupan el Estado, entienden lo público sólo en beneficio de lo privado, no como herramienta transformadora. Utilizan lo público para hacer negocios: mientras acá cierran escuelas ellos se llevan sus dólares afuera.

Vidal, que gobierna para los ricos y dice sin eufemismos que no hay que hacer más universidades públicas donde viven los pobres porque para qué si no las van a usar, no fue pobre ni un momento en su vida de comodidades y egoísmos. Vidal nunca padeció hambre ni frío. Nunca caminó en el barro para tomar un colectivo. Vidal nunca tuvo que elegir entre los apuntes o la comida. Vidal está acostumbrada a mirarnos desde arriba.

Mi mamá solía explicar, reveladora: “Hay gente como nosotros, pobre. Pero también hay pobre gente”. Sí, un origen humilde puede definir muchas cosas en tu vida, pero las oportunidades que el gobierno elige quitarte, muchas más. El orgullo de venir de un hogar con carencias se ha transformado en el motor del esfuerzo de millones de argentinos y argentinas a lo largo de la historia particular con nuestras propias superaciones, y la historia colectiva, la que escribe el pueblo cuando conquista sus derechos y se empodera. Vidal nunca sentirá ni tendrá eso. Pobre Vidal.

Fuente: María José Sánchez | 24baires.com

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