¿Sabés qué es pelear contra el olvido?

¿Sabés qué es pelear contra el olvido? Cuando ese abandono absoluto se acerca, te atrapa, te cubre, ¿qué hacés? ¿Te corrés a un lado y lo dejás pasar? Cuando ves que al otro lo hunden en el vacío y lo cubren con indiferencia para que desaparezca, ¿qué hacés? Contame, ¿vos peleás contra el olvido?

¿Y si no podés olvidar, aunque quieras? Cuando la memoria pincha hasta sangrar. Y si el recuerdo es un desgarro necesario, ¿todavía pelearías contra el olvido?
Porque no ha de haber tarea más difícil que abrir la herida para que la vean, la toquen, la sientan. La entiendan. Para que la aprendan, para que no la repitan, para que no se cierre. Para que no olviden. Para dar batalla a esa otra muerte que quiere devorárselo todo.
Por eso es que nuestra memoria sangra. Porque duele. Tiene que doler. Recordar el frío y el hambre. Pensar en ese miedo oscuro y pegajoso de la guerra. No necesitar siquiera cerrar lo ojos para ver el rostro del compañero que no volvió.
La piel que recibió esas torturas es la misma, curtida, porque siguieron viviendo. Pero la misma. La que estuvo ahí, al sur de todo y de todos, expuesta a la noche más oscura. Allí, donde el mar ruge y los piratas mienten, donde la Patria Grande se hace isla. Y pelear. Antes, después. Siempre. Pelearle al olvido, para que no se mueran de nuevo. Y a la indiferencia, que, como ave de rapiña, sobrevuela lista para lastimar con sus garras infieles.
También ha de ser difícil tener que extrañar a tus hijos y tus nietos durante más de 40 años, pero aun así hacer de esa llaga inmensa la cuna donde soñar los sueños que ellos enseñaron. Así como buscar a tu hermano, encontrarlo ahogado en un río de impunidad y represión, y sostenerte en ese dolor sin fin, y marchar, exigir y buscar justicia, mientras otros quieren silencio.
Hay quienes pelean contra el olvido. Por ellos y por los que ya no pueden, para que la historia no la escriban siempre los canallas, con sus letras de molde en su prensa adicta, donde la verdad se ausenta porque las calumnias y las falsedades ocupan todas sus noticias. Los canallas de siempre: los que tiraban personas maniatadas desde un avión, los que mandaron a la barbarie a los pibes hace 36 años, y los que encubrieron una desaparición forzada hace 8 meses.
¿Vos sabés pelear contra el olvido? Yo quiero aprender de ellas, de ellos. Quiero pararme ahí, donde duele. Y no me voy a hacer un lado, no voy a dejar pasar al olvido. Me voy a quedar acá, del lado de la memoria, dando batalla. Con los que no pueden olvidar, con los que no quieren. Con los que exponen la propia carne para que ni a vos ni a mí nos visite el infierno que a ellos les cayó encima. Lo hacen por nosotros, ¿ves cómo luchan?
Eso es pelear contra el olvido, que es la muerte que podemos evitar. Entonces elijo no olvidar. Elijo ejercitar la memoria en la hora triste que gobierna, donde el abuso de poder se ostenta con orgullo, donde la miseria se esparce desde arriba como semilla, y se riega para que crezca. En esta hora triste de la que el Estado es responsable, porque mirar para otro lado es complicidad cuando la perversidad se hace bandera.

Fuente: María José Sánchez | 24Baires

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