«Por mi cargo me tocó matar, y lo haría de nuevo» declaró Etchecolatz

EtchecolatzEl ex militar y condenado a perpetua por crímenes de lesa humanidad declaró hoy en el marco de las audiencias en el juicio por el centro clandestino La Cacha. «Tuvimos que dejar la vida para restablecer el orden», agregó. También habló Jaime Lamont Smart.

El ex militar y condenado a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad cometidos en la última dictadura, Miguel Etchecolatz, dijo ante el tribunal platense que «por mi cargo y jerarquía me tocó matar, pero no sé cuánta gente», y recordó el juicio en el que Jorge Julio López prestó declaración en su contra. La audiencia comenzó con atraso por la llegada tardía de algunos defensores -advertida luego por el presidente del tribunal, Carlos Rozansky- y por problemas en la declaración por teleconferencia de los represores Eduardo Gargano y Jorge Di Pasquale.

Etchecolatz, declaró hoy ante el Tribunal Oral Federal Nº1 de La Plata, en el marco de las audiencias en el juicio que se investiga la participación de 15 militares y un ex funcionario civil por el secuestro y tortura de detenidos alojados en el centro clandestino La Cacha, ubicado en las afueras de la capital provincial.

Quien fuera la mano derecha del ex jefe de la Policía Bonaerense durante la dictadura militar -Ramón Camps- sostuvo hoy que «yo no salía a matar a alguien para quitarle la vida, era porque había llamados denuncias de vecinos, que veían algo raro en el lugar, le mandaba patrullas y ahí estaba la vida de uno u otro».

Etchecolatz dijo que le causa risa estar «procesado por homicidio», ya que todo lo que hizo durante la dictadura «fue en el marco de la legalidad, con autoridades legítimas, siempre cumplí ordenes de acuerdo a la ley». En ese sentido, aclaró que «los terroristas sembraron la discordia: acá en La Plata fue una lucha cruenta, diaria, tuvimos que dejar la vida para restablecer el orden».
El represor no tuvo problemas en admitir que «mató en lucha», aunque expresó que «no fueron homicidios”. “Defendimos a la patria y fueron muertos en enfrentamientos ocasionados por los terroristas. Fuimos en defensa del hombre civilizado, el derecho a la familia”. Y concluyó: «Lo que hice, lo haría de nuevo. Sólo este sistema perverso que me juzga desconoce nuestra batalla para reestablecer el orden moral de la patria».

Se juzga la detención ilegítima de unas 128 personas alojadas en La Cacha, que estaba ubicado en el predio lindero a la cárcel de Olmos, en las afueras de La Plata.

En un duro testimonio ante la presencia de familiares de víctimas de la dictadura, el represor sostuvo que «esos enfrentamientos son objeto y encuadre de una situación de guerra, dicha por los mismos terroristas. Acá no era por una cuestión de antipatía, estábamos exponiendo nuestras vidas».

Al exponer ante el Tribunal Oral Federal Nº1, presidido por el juez Carlos Rozanski e integrado por Pablo Jantus y Pablo Vega, Etchecolatz dijo que «la policía de la provincia tuvo que ofrecer más de 160 muertos», y preguntó a los fiscales presentes: “¿No conocen esa situación tan cruenta? ¿Por qué se oculta?»
«Yo no sé los años que me quedan de vida para mí, pero creo que el talonario se me va acortando, no me importan cuánto hagan de mí persona porque estoy más allá de mi persona, pero sí me importa que se respeten la Constitución y las leyes», dijo en su defensa al estar imputado como coautor de dos homicidios ocurridos en el barrio platense de Tolosa el 9 de noviembre de 1976.

En ese marco, dijo que «detrás mío hay una figura de un señor (Jorge Julio) López, desaparecido después de haber prestado declaración, el señor López mintió, como consta en varios lugares, cuando dice que vio que yo mande a fusilar, ese día estuve internado».

Por su parte, Jaime Lamont Smart, el único civil que está siendo juzgado por las torturas y desapariciones de la dictadura, se desvinculó de las acusaciones y sostuvo que «Bettini tomó una pastilla, y por ello murió».
«La fiscalía me imputa homicidio porque equipara el suicidio de Marcelo Bettini con el de un campo de concentración», dijo quien fue ex ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires durante la última dictadura cívico militar. Cuestionó que «Bettini era un montonero, llevaba una pastilla de cianuro que fue extendida a la militancia montonera porque la cúpula se había ido del país y ellos recomendaban tomarse la pastilla de cianuro».
Entre los casos que se investigan están los de Laura Carlotto, hija de la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, y la privación ilegítima de la libertad de Antonio Bautista Bettini, padre de Carlos Bettini, actual embajador argentino en España.

Además, se juzga la sustracción de Matías y Gonzalo Reggiardo Tolosa y de Natalia Suárez Nelson, nacidos mientras sus madres estaban cautivas en ese centro clandestino de detención, tras lo cual fueron apropiados y décadas más tarde recuperaron su identidad.

En el banquillo de los acusados están sentados Carlos Hidalgo Garzón; Jorge Di Pasquale; Gustavo Cacivio, Ricardo Fernández; Luis Perea; Roberto Balmaceda; Emilio Herrero Anzorena; Carlos Romero Pavón y Anselmo Palavezzati, todos militares. También, se juzgará a Juan Carlos Herzberg, Raúl Espinoza, Claudio Grande, Héctor Acuña, Rufino Batalla, Isaac Crespín Miranda, todos exmilitares o exintegrantes del Servicio Penitenciario bonaerense.
El centro clandestino de «La Cacha» estaba ubicado entre las calles 191, 196, 47 y 52 de La Plata, contiguo al penal de Olmos y en las antiguas instalaciones de Radio Provincia. La Cacha funcionó como centro clandestino desde 1976 a 1978 y además operó como una maternidad clandestina para las detenidas- desaparecidas que se encontraban embarazadas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Infojus

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